Y ahora vamos todos pa’delante

Ya la nación mexicana tiene un presidente electo, y como yo soy mexicano: ya tengo un presidente electo, quien seguramente será un presidente en funciones 2018-2024, no más; el presidente quincuagésimo séptimo de nuestra Historia.

El compromiso y la responsabilidad de López Obrador, así como la de todos los que se subieron a su carro electoral para alcanzar mayoría en el Congreso de la Unión y en algunos Estados y municipios, son muy grandes. Espero que tengan los tamaños reales para demostrar que los millones de votos que les dieron el poder, no estuvieron equivocados al confiar en ellos. Lo deseo sinceramente, por el bien de todos. Comprendo que seis años no serán suficientes para el cambio total prometido; pero ciertamente lo serán para cumplir más de la mitad de la oferta, y dejar todo dispuesto para terminar ese enorme trabajo en dos o tres años más.

Ahora corresponde a los 24 millones y poco más de mexicanos que votaron por López Obrador exigirle el cumplimiento de sus promesas. Si verdaderamente hay un cambio, esa exigencia debe hacerse y ha de tener una respuesta real, visible, comprobable.

Ahora bien, de acuerdo con las cifras del INE hasta el momento en que escribo estas reflexiones: por López Obrador votaron poco más de 24 millones; pero votaron contra él casi 21 millones; y del padrón electoral se abstuvieron de votar unos 17 millones, o porque ninguno de los candidatos los convenció, incluido López Obrador, o por desafortunada indiferencia cívica. Lo real es que unos 38 millones de mexicanos empadronados no votaron por López Obrador, o votaron contra él.

Los últimos 20 años de mi vida he luchado desde mi pequeña trinchera contra el sistema de corrupción, de impunidad y de injustica que nos agobia (Cfr. mi Blog). Por eso no voté ni por Anaya ni por Meade; pero tampoco voté por López Obrador: no acaba de darme confianza: soy uno de esos 38 millones que no convenció. Sin embargo, sabré esperar a que inicie su labor como gobernante y comience a dar resultados; entonces, o me uniré gustoso (sin afiliación partidista) a sacar adelante su enorme trabajo, o me uniré a una oposición política razonada y basada en datos reales y comprobables.

Para otros serán señales auténticas la economía o la salud o la infraestructura; los indicadores serán para mí, como para otros miles de miles: la educación, su lucha contra la corrupción y la impunidad, y el comportamiento de acuerdo con los Valores Humanos que pregonó durante su campaña: su comportamiento y el de los hombres y mujeres que con su partido llevó al poder en todos los órdenes de gobierno. Ya lo veremos.

Mientras tanto, si ustedes, mis cuatro lectores y medio y mis Amigos y Hermanos muy queridos, quieren acompañarme en estos mini-artículos por otro tramo más, con los temas acostumbrados, lo agradeceré infinitamente y me esforzaré para  serles útil. Por lo pronto el siguiente tema será la versificación del Artículo 7 Constitucional. Hasta entonces.

 

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