Un héroe civil siempre presente

      El 6 de enero conmemora nuestro calendario cívico el nacimiento de Melchor Ocampo, una de las más grandes y trascendentes inteligencias del México del Siglo XIX, al mismo tiempo que de las más ignoradas, y en algunas ocasiones de las más incomprendidas.

          Pero para nada un desconocido, aunque sea sólo por el nombre. En todo el país llevan su nombre innumerables calles, estatuas, colonias, sitios de taxis, mercados, jardines y parques, poblaciones de todos los tamaños, y, sobre todo, escuelas de todos los niveles y de todas las modalidades. Además, si ustedes han puesto atención, en la iconografía de La Reforma casi siempre que pintan al señor Juárez, junto a él o tras él está Melchor Ocampo. El significado profundo para el pueblo es el de Juárez como hombre de acción, mientras junto a él está la inteligencia activa, que examina, que aconseja, que proyecta, que sugiere soluciones y que comparte con el presidente Juárez el lema de “vencer o morir”.

         Para conocerlo mejor, vamos a citar el retrato moral que don Melchor hace el Historiador michoacano, Mtro. Crispín Duarte: “fue un ser excepcional, de extraordinaria calidad humana. Desde niño manifestó una riqueza y una evolución espiritual fuera de lo común, que lo hacían ocuparse de las cosas sublimes de la vida, el estudio profundo de los fenómenos naturales y sociales. Era de trato amable, fraterno y amoroso, que prodigaba a sus semejantes, especialmente a los de condición económica muy pobre; cultivaba los valores universales como la justicia, la libertad, la democracia. Marginó de sí la ambición de bienes materiales, del poder político, de los sentimientos negativos, como el egoísmo. Fue un hombre libre, sin ataduras, ajeno a actitudes frívolas, vanas o soberbias. Era auténtico, sin dobleces, sincero.” Y pone como ejemplos la donación de sus propiedades para cárceles dignas, para escuelas; disposición de su dinero para innumerables obras de caridad.

La variedad de imágenes, de perfiles, de roles que jugó y que juega don Melchor Ocampo en la Historia Patria, es algo como esto: ciudadano conciente de sus deberes y de su cumplimiento; filósofo, y precisamente por eso lo califican como ideólogo de La Reforma; científico, que estudió los cactus y una variedad muy amplia de plantas mexicanas, desde Michoacán hasta Tabasco, descubridor por cierto de una encina que da miel (Cuercus Mellifera); rectificó en los mapas el curso del río Lerma, descubrió cometas observando el cielo de Maravatío; filólogo, autor de un diccionario de idiotismo (de ideas) latinoamericanos; hablaba el francés, el inglés, el latín, entendía y se hacia entender en Náhuatl y en Otomí, y parece que también en Purépecha; enamorado de la Botánica, formó un excelente y bello jardín botánico, del que todavía quedan algunos ejemplares en Pateo, Maravatío, que fue de su propiedad, con ejemplares de semillas que trajo de Francia y los Estados Unidos; publicaba los resultados de sus trabajaos científicos en revistas especializadas, particularmente de Francia. Economista, sin estudios de Economía; educador excelente, sin haber estudiado Pedagogía, como lo demuestran sus preocupaciones por las finanzas públicas como gobernador de Michoacán, ministro de Hacienda, y su labor en las compañías Lancasterianas, y sus preocupaciones curriculares por el Colegio de San Nicolás. Fue uno de los mexicanos más cultos de su tiempo.

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