Trascender las elecciones, 8

El problema social más importante es la desigualdad: la mitad de la población mexicana no tiene acceso a las oportunidades económicas, ni a la educación y a la salud de calidad, ni a los medios de comunicación masiva, incluidos los servicios de Internet, ni a los bienes y el disfrute del arte y la cultura. Y lo peor: durante los últimos 50 años (esto es, dos generaciones) esta situación se ha empeorado.

Es cierto que la corrupción y la impunidad han permeado todo el sistema político, social, económico y aun religioso; pero también lo es que esos dos males solos no explican el altísimo grado de rabia y de irritación que padecemos: es necesario considerar la desigualdad de que hablamos en el párrafo anterior.

Durante 50 años nos dedicamos a crear dos tipos de ciudadanos mexicanos: unos, los 50 millones o más de pobres económicamente y moralmente miserables (que han generado los cárteles, los criminales más variados, que nos hacen aparecer como un pueblo extremadamente violento), y, otros, los que desde la escuela y el hogar han sido formados para el trabajo, la capacidad de emprender lo que sea y triunfar, los que han conservando y practicado en cierta medida los valores éticos, y no han perdido el sentido de identidad y de pertenencia a la nacionalidad mexicana. Esos dos Méxicos están a punto de chocar, y la confrontación ya es desde ahora nada agradable.

Pero conocer esta realidad no es resolver los problemas, y los resultados de una elección en un ambiente tan tenso, donde el revanchismo, el resentimiento y el odio (por muy justificados que fueran) son la constante, pueden, y para nuestra desgracia serán el motivo final para una confrontación que sólo las virtudes de que muchos carecemos pueden evitar: la prudencia, el respeto, la tolerancia, el amor a la patria, y el sentido nacional de un futuro común y compartido. Por lo tanto, sea nuestro esfuerzo personal precisamente comportarnos así: prudentes, tolerantes, amantes de la patria que será la de nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, evitando caer en provocaciones, pero ciertamente haciendo valer los principios de la Verdad y de la Justicia. Si lo hacemos así cada uno contribuirá a crear un ambiente social y político benéfico, y podremos trascender las elecciones en paz y con gran visión de futuro; si no, pues sucederá cuanto tememos, y no habrá queja que valga.

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