Trascender las elecciones 6.

El texto entrecomillado que sigue me lo hizo llegar una persona que se llama Aurora. No sé si será la autora o lo tomó de otra parte; pero le agradezco que nos lo haya compartido en uno de los grupos del whatsApp, pues lo que interesa es que la reflexión es buena, a mi parecer, y por eso la comparto, añadiendo algo al final.

“A todos quienes están defendiendo a capa y espada a sus respectivos candidatos, argumentando que tienen propuestas de primer mundo, debemos ubicarlos en la realidad: nosotros no vivimos en un país de primer mundo y no es por el dinero, es por la educación. – ¿Creen que en Alemania existe una narco-cultura, donde componen música y hacen series engrandeciendo a los criminales? – ¿Creen que en Japón, si un hombre se viste de rosa, o una chica se pinta el cabello de colores o si ambos se visten totalmente fuera de lo común, la gente les grita “joto, puta, nacos” etc? – ¿Creen que en Suiza las personas ponen cara de asco a aquellos que se visten con los trajes típicos de su país? – ¿Creen que en Holanda un policía querría coludirse con un criminal? – ¿Creen que en Dubai la gente tira basura en la calle? – ¿Creen que en Inglaterra las mamás les reclaman a las maestras porque les dejan mucha tarea a los niños o les piden que en los festivales escolares los pongan a bailar reaggetón? -¿Creen que en China la gente va por la vida llegando tarde a su trabajo, robándose cosas de la oficina o incluso robando los ingresos de su empleador? ¡no! Un país de primer mundo no sólo tiene que ver con el gobierno, sino con los principios y valores que sus habitantes tienen y, aunque no nos guste, vivimos en un país tercermundista porque tenemos gente con valores tercermundistas, así que tengamos claro que sólo hasta que nosotros como sociedad dejemos de ser incorrectos, este país dejará de serlo.”

Me parece que se equivoca quien espere que al día siguiente de la toma de posesión de “su” candidato triunfador, de a cuerdo a las promesas de campaña que los 4 han hecho, desaparecerá la corrupción, la impunidad, y sus seguidores quedarán limpios e inmaculados de todos los insultos, odios, mentiras y falsedades de las campañas. Por eso, nuestro primer paso para cambiar este país, en efecto, será cambiar nosotros, y comenzar desde ahora, hoy mismo, a ser humanos con valores y con dignidad cívica, para que el 2 de julio no nos rebasen las revanchas ni menos las venganzas. No lo permitamos; hagámonos ese favor.

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