Trascender las elecciones 4. El amor.

Pues sí, quedé atrapado entre quienes hemos estado buscando un cambio y no confiamos para nada en esos cinco políticos, deshonestos, mentirosos y marrulleros que lo ofrecen si votamos por ellos para que sean nuestro presidente. Utilicé a propósito esos adjetivos porque, en mi opinión, ciertamente son así, como lo demuestran sus acciones actuales y pasadas. Su descaro mayor es que lo niegan; y la enorme desgracia es que hay miles, millones, que además de creerles, se han vuelto fanáticos de su respectivo candidato, despreciando, insultando, denostando, haciendo burlas, creando noticias falsas, humillando no sólo a los otros candidatos, también a quienes los siguen, creando de esta manera el clima social, político y económico, y aun religioso, que todos estamos padeciendo en todas partes, aun dentro de las familias. Hemos pasado de ser adversarios políticos que buscan un bien general de acuerdo a planes y programas, a ser enemigos que buscan destruirse en medio de un festín de odio, de revanchas, de venganzas. No era eso lo que buscábamos. Con toda franqueza, temo lo que siga después de las 11 de la noche del 1 de julio. Recordemos que todos los partidos políticos han utilizado la frase “si yo gano es democracia, si pierdo es fraude”, siempre con la violencia consecuente.

Todos sabemos lo destructivo que es el odio, pero también sabemos lo constructivo que es el amor. ¿Puede haber amor en este proceso electoral? Siempre podrá haber amor en cualquier circunstancia. El problema radica en que las personas se niegan a practicarlo, y en el caso de la política llegan a avergonzarse de demostrarlo. Sin embargo, es el único “estado social” para evitar la violencia y la destrucción, y así nos lo han enseñado todos las Avatares, todos los Grandes Maestros de la Humanidad, incluido el Maestro Jesús: “amaos los unos a los otros para que sepan que son mis discípulos”, y la Antigua Doctrina, en el Mandamiento dos: “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Vamos a intentarlo personalmente en estos pocos días que faltan para el día electoral. Si lo hacemos, seguramente lograremos contrarrestar este clima de odio reflejado hasta en los más groseros insultos, y de alguna manera disminuiremos los efectos de la violencia. Vamos a intentarlo, por nuestro bien, y el de todos. Vamos a intentarlo, aunque sea sólo en el silencio de nuestro corazón, sabiendo que la fuerza que genere será enorme.  Hagamos siquiera el intento.

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