Trascender las elecciones 2

Estamos atrapados en un ambiente político sumamente nocivo, y nada ni nadie nos puede liberar de él si no somos nosotros mismos, mediante “un esfuerzo consciente por mantener, o recuperar, la libertad de pensamiento”; es decir, sin dejarnos engañar por las noticias falsas, sin dejarnos arrastrar por los insultos, las burlas y las descalificaciones entre los partidos políticos y sus candidatos… O, lo peor, por los seguidores ciegos de unos y otros, que se dejan llevar además de por esos negativos sentimientos, palabras y actitudes, también por el rencor, el odio o la revancha, y pretenden obstinadamente que el resto de la humanidad piense y actúe como ellos. Éstos son precisamente quienes más requieren de la libertad de pensamiento que les permita actuar con “criterios de certeza y de verdad”, y para todos entender que tomar decisiones políticas en medio de un ambiente así envenenado ni es sano, ni podrá ser provechoso para el futuro.

Es también importante entender que una vez terminado el proceso electoral, con cualquiera que sea el resultado, la vida social y cívica seguirá; pero ¿cómo seguirá? Con odios y revanchismos si los votos responden a esos propósitos; o de manera normal en las calles y veredas, en las escuelas, en los mercados, con el trabajo por un futuro mejor para todos. De nosotros, de cada uno personalmente, depende ese futuro colectivo, que va más allá de las elecciones: por eso, quienes contribuyen al envenenamiento del ambiente político, habrán de estar conscientes de su responsabilidad por el largo futuro inmediato al día siguiente de las elecciones. Así no más.

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