Tolerancia-Intolerancia (4 de 4). Religión y Política (1 de 2)

LIBÉRRIMA

La tolerancia religiosa no existe. Durante la segunda mitad del siglo pasado aparentemente desaparecieron las intolerancias religiosas que durante milenios causaron tantos males a la Humanidad, y las más importantes religiones cambiaron su discurso, obligadas por la necesidad de, o por lo menos aparentar, respetar y cumplir los Derechos Humanos:

“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole.Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado.”

Todos conocemos, o al menos alguna noticia tenemos de la promulgación de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (Francia, 1789), cuyo origen fue precisamente la intolerancia religiosa que durante siglos ensangrentó a los pueblos europeos, particularmente durante las Guerras de Reforma y de Contrarreforma, llamadas también guerras de religión (1521 hasta 1870 aprox.), que fueron guerras precisamente porque los gobernantes (acción política) apoyaron una opción religiosa.

Sin embargo, la violencia por discrepancias religiosas continúa. En nuestros días la cuestión religiosa ha sido causa de enfrentamientos sangrientos, por la intolerancia o por la imposición. Sin entrar en detalles por no ser el tema, mencionaremos las confrontaciones entre Católicos y otras religiones cristianas, o entre las religiones cristianas entre sí, sobre todo en naciones latinoamericanas, y en países de Europa como Irlanda o los países del Este. Y las confrontaciones de las corrientes islámicas en Afganistán, la India o Malasia, o las persecuciones entre Cristianos y Mahometanos en Europa, el oriente Medio y de manera tan cruel en Uganda y otros países sudafricanos.

Todas estas violencias religiosas forman parte de las políticas de estado de sus respectivos gobiernos. Son formas culturales de los pueblos que se reflejan en las decisiones de sus gobernantes, lo mismo en el interior que para cierto tipo de relaciones internacionales. Los políticos, gobiernen o no, están influidos totalmente por la cultura religiosa, practiquen o no una religión. La forma de ser de la religión, o por su adoctrinamiento o por su interés práctico, está en el inconsciente del político, y se expresa en decisiones que toma algunas veces a su pesar, y otras las decide disfrazándolas de moral o doctrina religiosa, sólo por la referencia que encuentra mientras habla o señala. Esto agrada mucho a las jerarquías religiosas, nada más, y sirve si el político es congruente; si no, despertará la desconfianza de todos.

Por “diálogo interreligioso” se entienden las relaciones que propone como propaganda la Iglesia Católica con las religiones no cristianas. A sus relaciones con los cristianos no católicos, es decir, con quienes considera herejes y cismáticos, se le denomina “ecumenismo”.

Tomando a las dos grandes religiones que actualmente gobiernan casi la mitad de la Humanidad, y famosas por su intolerancia y confrontaciones sangrientas ¡a lo largo de 1,300 años!, podemos citar, entre muchos más textos sagrados, éstos que han justificado a Cristianos e Islámicos para sus guerras externas e internas por cuestiones religiosas, no obstante sus discursos “modernos” sobre los Derechos Humanos y sobre la necesidad de los “diálogos interreligiosos”. Veamos.  (Continuará)

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