TOLERANCIA-INTOLERANCIA (1 de 4)

LIBÉRRIMA

Últimamente con su peor rostro se ha presentado entre nosotros la intolerancia. Las causas están a la vista de todos, perfectamente identificadas con convicciones políticas que, desafortunadamente, han venido contaminando durante más de un año la vida social de los mexicanos, particularmente en las preferencias religiosas, sexuales e ideológicas.

Diputado José Gerardo Fernandez Noroña

Suele entenderse por intolerancia, y su consecuente discriminación, toda distinción, exclusión, restricción o preferencia fundada en la religión, en las convicciones políticas o ideológicas, en cuestiones etnicas o sexuales, cuyo fin o efecto sea la anulación o la eliminación del reconocimiento, el goce o el ejercicio en pie de igualdad de los derechos humanos y las libertades fundamentales.

La más baja e infame manifestación de la intolerancias es la violencia física o verbal, en especial cuando ésta va acompañada de insultos, burlas, descalificaciones, mentiras o falsedades que denigran a las personas, o a los grupos sociales, cualquiera que sea su naturaleza.

Desde el punto de vista de la Filosofía, en particular de la Lógica, utilizar la intolerancia como argumento es, además de una extrema ignorancia de argumentación y un claro testimonio de impotencia, una demostraciónde total carencia de Moral, o de Ética.

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La Intolerancia se fundamenta en el prejuicio, que es un juicio previo que está basado en una generalización de mala fe, interesada en causar un perjuicio, es inflexible, estereotipada, que excluye de mala manera todo lo que está definido en ese prejuicio, y va dirigada lo mismo a personas que a grupos de personas que conforman sociedades o asociaciones.

En el derecho internacional, que obliga a todos países miembros de la Naciones Unidas, la provocación a la violencia física o verbal, la incitación al odio, al trato injusto, arbitrario o discriminatorio; la agresión física, escrita o verbal que constituya injuria o difamación de personas o de un colectivo, por el sólo hecho de pertenencia a una religión, etnia, nación, partido político, sexo, escuela filosófica o científica, está penalizada en todas las legislaciones de esos país, e igualmente en casos extremos se equipara a crímenes contra la Humanidad, y en el caso de apología de los mismos a los crímenes de guerra.

En el caso mexicano la permisividad de la intolerancia, al extremo de ser incluso incitada desde los poderes del Estado, no obstante las legislaciones federales y locales, y los compromisos internacionales, ha llegado a casos extremos sin castigo, como efecto de otra de forma de corupción en cuanto a fórmulas aceptadas para el rechazo y la condena por motivo de religión, de sexo y de política, principalmente.

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Los fundamentos para condenar la intolerancia los expresa muy bien la Declaración de las Naciones Unidas, en la resolución 36/55 del 25 de noviembre de 1981: “Considerando que uno de los principios fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas es el de la dignidad e igualdad propias de todos los seres humanos, y que todos los Estados Miembros se han comprometido… en cooperación con la Organización de las Naciones Unidas, para promover y estimular el respeto universal y efectivo de los derechos humanos y las libertades fundamentales de todos…” Etcétera.

Y en otra parte agrega: “Considerando que el desprecio y la violación de los derechos humanos y las libertades fundamentales, en particular el derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia, han causado directa o indirectamente guerras y grandes sufrimientos a la humanidad, especialmente para quien profesa esos derechos y esas libertades, que constituyen uno de los elementos fundamentales de su concepción de la vida y que, por tanto, esos derechos y esas libertades deben ser íntegramente respetadas y garantizadas.”

Pues no lo son, en muchos estados del mundo ciertamente; pero lo que nos importa es que no lo son actualmente en México, y que quienes los reclman son tratados precisamente desde el prejucio inflexible de la intolerancia, el insulto y la provocación a la violencia.

Mis muy queridos cuatro lectores y medio, mis Amigos y Hermanos todos, como no se vale presentar problemas sin propuestas de soluciones, los invito a acompañarme en la segunda parte de estas reflexiones que publicaré en unos días más. Mientras tanto gracias por su atención, y saludos y bendiciones para todos. 

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