Sólo para mentes no colonizadas

Vicente Suárez, de 14 años. Por su corta edad lo destinaron como centinela, pero precisamente por donde se presentaron los invasores. Vicente (fuentes: Ignacio Molina y Vicente T. Cuellar, entre otros), “marcó el alto” a los estadounidenses, quienes dudaron en atacar a un niño, pero cuando Suárez disparó hiriendo a algunos y encajó su bayoneta en el estómago de otro, lo despedazaron a bayonetazos.

            Francisco Márquez era el más joven, con apenas 13 años. Murió peleando.

            Agustín Melgar, de 18 años, fue el único de los 6 que no murió el 13 de Septiembre sino el 14: recibió dos heridas de bala, en una pierna y en un brazo; así herido peleó a la bayoneta hasta recibir otra herida en el costado derecho. Agustín murió desangrado al día siguiente de la batalla.

Juan de la Barrera tenía el grado de Teniente a los 19 años de edad, cuando se enfrentó a los norteamericanos con 160 hombres bajo su mando, y la defensa de su fortificación fue tan encarnizada que el general John A. Quitman ordenó poner frente a ellos una batería que disparó a discreción destrozándolos a todos.

Juan Escutia, en el momento de la batalla tenía19 años. Las Leyendas dicen que fue quien se arrojó envuelto en la bandera mexicana, para impedir que fuera mancillada. Nada hay que lo pruebe, pero esa leyenda ha servido para que los buenos mexicanos nos identifiquemos con nuestra nacionalidad y luchemos en su defensa con orgullo y pasión.

Fernando Montes de Oca, fue quien saltó desde una ventana para reforzar a los cadetes que todavía peleaban en el Jardín Botánico, pero “fue cazado a balazos por los norteamericanos”, así dice el parte de guerra que lo acredita. Por este hecho se dice también de él que “saltó envuelto en la bandera”, lo que no está acreditado por ningún documento ni testimonio, pero dio pie a una leyenda hermosa y plena del significado de la resistencia de los mexicanos verdaderos a la guerra de conquista norteamericana, y a cualquier otra.

Con la asistencia del presidente Miguel Alemán, del cuerpo diplomático acreditado, y de cadetes y representantes del Colegio Militar, en 1947 fue develada en el muro de honor de la Cámara de Diputados la leyenda en letras de oro: “A los Niños Héroes de Chapultepec”, recordando el centenario de su sacrificio. El diputado Manuel Antonio Romero resumió así el sentir de todos: “Los cadetes muertos, heridos y prisioneros se ofrecieron a la muerte como si supieran que su sacrificio era la levadura necesaria para la integración espiritual de México en una verdadera nacionalidad.”

Honor a quien Honor merece. No más eso.

 

 

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