Que sea cierto en los hechos.

Libérrima.

Durante toda la Cuaresma (que coincidió con el inicio de la pandemia en México) y particularmente en estos días del Domingo de Ramos al Domingo de Resurrección, he visto pasar por todas las redes sociales miles de miles de textos largos y cortos, acompañados de imágenes religiosas, desde las más hermosas hasta las más intrascendentes, que en conjunto hacen referencia a citas bíblicas para la superación de los problemas humanos al amparo de Yahvéh-Dios, y, en particular, a las palabras y acciones de Jesús el Cristo durante su “Pasión y Muerte”, según los Evangelios.

Mi reflexión, que comparto con la mejor buna voluntad, es ésta: ¿cuántos de todos esos Cristianos, de las más de 15 mil tendencias y doctrinas cristianas, desde los Católicos hasta la más reciente del Protestantismo, pasando por las no pocas Ortodoxas, que enviaron tan certeros textos e imágenes de todo tipo, realmente viven lo que envían?

Y también: ¿a cuántos de quienes los recibimos, en verdad sirvieron, o han de servir, para mejorar nuestras vidas?

Deseo que toda bendición, que todo buen deseo, que todo texto sean una enseñanza que se aplique, que toda imagen despierte realmente la piedad; pero la experiencia nos dice que eso no es cierto. Debemos aceptar que para muchos resultan verdaderamente benéficos, y les son auxiliares efectivos para ser mejores en sus vidas ordinarias; pero también que en todo eso hay una amplísima gama de apariencias, de intenciones de “hacerse notar”, “presumidos” de lo que no son, de no poca vacuidad, y ciertamente de abundante hipocresía.

Quienes recibimos esos textos de sabiduría y esas imágenes de todo tipo de piedad, tenemos la libertad de aceptarlas o no, de considerarlas al menos, quizás de aceptar sus mensajes para aplicarlos en nuestras vidas; pero quienes enviaron todo eso ya hicieron uso de su libertad para aceptarlo, para integrarlo en sus vidas, y al esparcirlo dan testimonio personal de su amor, de su “caridad cristiana”, porque sus vidas son una  demostración comprobable de la efectividad de sus mensajes y de su piedad. Por lo tanto, si esto no es así, entonces quienes los envían además de hipócritas, son mentirosos, pretenden engañar, y efectivamente sus frutos no son sanos, su ejemplo nada benéfico.

Son más perniciosos que quienes hacen circular noticias falsas.

Insisto: estas ideas no son un juicio a nadie, ni menos una condena. Son una reflexión que se me ocurre ante un hecho en las redes sociales, y nada más. No pido disculpas porque a nadie he pretendido ofender; pero eso sí, tampoco puedo dejar de invitar a cualquiera de mis cuatro lectores y medio, y que envíe ese tipo de mensajes o de imágenes, y que sienta en mis palabras algún tipo de alusión, a que mejore si es auténticamente positivo, o a que repasase su conciencia para evitar caer en la vanidad o en la hipocresía.

Gracias por leerme. Espero sus comentarios. Saludos y Bendiciones (de a de veras) para todos. Y recuerden: “la vida se sostiene por la muerte”, así que Jesús el Cristo no hubiera resucitado si antes no hubiera muerto. ¿No es así, María de Magdala?

Deje una respuesta.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *