Orígenes de la Educación Laica en México

Orígenes de la Educación Laica en México

 Orígenes de la educación, libre, gratuita y laica en México. (Lectura para Profesores y Padres de Familia). Fernando López Alanís. Sin duda, los inicios de la educación laica en México se pueden ubicar en la década de 1830. Pero ciertamente su origen y consolidación jurídica y social, fueron las leyes que los liberales promovieron en educación y las que los propios conservadores impulsaron entre los años de 1862 y 1872.

Examinemos un poco más esa acción cultural y social que está, en sus orígenes, relacionada con los antecedentes de los derechos de autor. Para ello es preciso iniciar con el causal inscrito en la Constitución Federal de 1824. Específicamente, su artículo 50 otorga como facultades exclusivas del Congreso “Promover la ilustración: asegurando por tiempo limitado derechos exclusivos a los autores por sus respectivas obras, estableciendo colegios de marina, artillería e ingenieros; erigiendo uno o más establecimientos en que se enseñen las ciencias naturales y exactas, políticas y morales, nobles artes y lenguas; sin perjudicar la libertad que tienen las legislaturas para el arreglo de la educación pública en sus respectivos estados.”

Para que pudieran cumplirse estos preceptos, era importante que al Congreso también le compitiera “Proteger y arreglar la libertad política de imprenta, de modo que jamás se pueda suspender su ejercicio, y mucho menos abolirse en ninguno de los Estados ni territorios de la federación”.

Posteriormente, la Constitución de 1857 ordena, en su Artículo 3, que “La enseñanza es libre. La ley determinará qué profesiones necesitan título para su ejercicio, y con qué requisitos se deben expedir.” La iglesia se opone con todas sus fuerzas a este artículo que ve vulnerado su control sobre la enseñanza.

Después de la experiencia traumática de la dictadura santanista y previendo su nueva aparición, la misma Constitución proclama en el artículo 7 que “es inviolable la libertad de escribir y publicar escritos sobre cualquiera materia. Ninguna ley ni autoridad puede establecer la previa censura, ni exigir fianza á los autores ó impresores, ni coartar la libertad de imprenta, que no tiene mas límites que el respeto a la vida privada, á la moral, y á la paz pública.”

Don Benito Pablo Juárez García, en su Proclama del 1 de enero de 1861, al regresar triunfante a la ciudad de México después de la Guerra de Reforma (o de Tres Años), dice a los mexicanos: “En materia de instrucción pública, el gobierno procurará, con el mayor empeño, que se aumenten los establecimientos de enseñanza primaria gratuita, y que todos ellos sean dirigidos por personas que reúnan la instrucción moralidad que se requieren para desempeñar con acierto el cargo de preceptores de la juventud, porque tiene el convencimiento de que la instrucción es la primera base de la prosperidad de un pueblo, a la vez que el medio más seguro de hacer imposibles los abusos del poder. Respecto a la educación secundaria y superior, el gobierno se propone formular un nuevo plan de estudios, mejorando la situación de los preceptores que se emplean en esta parte de la enseñanza pública así como el sistema que para ella se sigue actualmente en los colegios, y ajustándose al principio que sobre esto contiene la Constitución… Secularizados los establecimientos de utilidad pública, se atenderá también a la educación de las mujeres, dándoles la importancia que merecen por la influencia que ejercen en la sociedad.”

Revisemos ahora algunos artículos de la Ley de Instrucción Pública, que surge después de esta proclama (el 27 de diciembre de 1865) promovida por el partido conservador y el supuesto emperador Maximiliano de Habsburgo. Citamos los que vienen al caso: “La instrucción primaria será gratita, obligatoria y queda bajo la responsabilidad de los ayuntamientos, pero la bajo la conducción del Ministerio de Instrucción Pública”, en ese momento a cargo de Francisco Artigas.

Otros artículos: “Padres y tutores deben enviar a sus hijos mayores de 5 años a la escuela, y las autoridades locales cuidarán que así sea”. La instrucción “será gratuita, pero solamente para quienes no puedan pagar un peso mensual por niño.” Y luego: “Los estudios pertenecientes a la instrucción secundaria que se hagan en los establecimientos privados, sólo serán válidos mediante su incorporación a los establecimientos públicos, y los demás requisitos que se aplican en este ley y a su reglamento.” Para en seguida obligar a que “Todo establecimiento privado, aun no siendo incorporado, está bajo la vigilancia del gobierno, que la ejercerá por medio del inspector de instrucción pública. Respecto de los incorporados, podrá el mismo gobierno retirarles ese carácter cuando lo estime conveniente y, mediante causas graves, podrá mandar suspender o cerrar cualquier establecimiento privado”. Más rigoristas que los liberales.

Pero no es todo, en el título IV, cerraba el puño de esta manera: “se advierte la reorganización de la educación superior, declarándose ilegales los estudios hechos en escuelas superiores que carezcan de reconocimiento para ejercer esta enseñanza.” Pensemos en los seminarios, por ejemplo. Y remataba, porque efectivamente así daba por ahora un tiro de gracia, con el artículo 165 que textualmente decía: “Desde el primero de enero de 1866 quedarán suprimidas en todos los establecimientos (escuelas) las plazas de capellanes y de sacristanes. No habrá en ningún establecimiento público rezos ni misas diarias de obligación.”

En 1867, apenas unos meses después del Triunfo de la República, siendo Ministro de Justicia e Instrucción Pública, Antonio Martínez de Castro, el presidente Juárez ordenó la formación de una comisión que estudiara el problema educativo, encabezada nada menos que por Gabino Barreda, quien basó su trabajo en dos principios: 1) la educación con fundamento en la razón y en la ciencia, y, 2) sólo el positivismo puede organizar un verdadero sistema de educación pública.

Así surgió la Ley Orgánica de Instrucción Pública para el Distrito y Territorios, el 2 de diciembre de 1867, cuyo principio rector para la primaria fue desarrollar “…todas las facultades intelectuales y afectivas de los niños”. Esta Ley señalaba el carácter obligatorio, gratuito y unificado  en todo el país. Contenía un plan de estudios para la educación secundaria y para la escuela secundaria para señoritas. Además, como uno de los grandes logros educativos de la época, Gabino Barreda crea la Escuela Nacional Preparatoria, propedéutica para la educación superior.

Con ello, una de las principales herencias del movimiento de Reforma es la educación libre, gratuita, y laica, proponiendose entonces crear tantas escuelas como fueran necesarias para los niños, así como escuelas para los adultos, con las mismas asignaturas que los niños. También se publica un reglamento general para las escuelas. Se enuncian criterios para formular planes de estudio y para vigilar las condiciones higiénicas de las escuelas; se introduce la gimnasia y se publican los primeros calendarios escolares. Se especifica que las mujeres que quisieran dedicarse a la enseñanza deberían preparase en Pedagogía Comparada. Desde luego se atiende a la educación superior con la oferta de las siguientes carreras: medicina, veterinaria, farmacéuticos, minas, mecánicos, tipógrafos, arquitectura, jurisprudencia, comercio, administración, artes, oficios y bellas artes (pintura, escultura y grabado). Se abre la excelente Academia de Ciencias y Literatura, y el famoso Liceo Hidalgo, de tanta trascendencia posterior. Y todo, para “la construccion del México nuevo”, de allá por la década de 1870.

Ésos son los orígenes, la historia es otra.

2 comentarios

  1. ES MUY LARGO Y NO LO PUEDO ESCRIBIR EN MI LIBRETA Y QUE SI ESTA EXCELENTE

    • Gracias, Janet. Puedes copiarlo y pegarlo en word en tu compu, sin más. Saludos y Bendiciones.

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