No ser “El Samaritano” 3

¿Y qué pasa cuendo nos comportamos como el Sacerdote y el Levita que no sólo no atendieron al herido, sino que “le sacaron la vuelta”? Es decir, no tendríamos ninguna actitud de amor al prójimo, como enseña el Maestro Jesús, sino que, además, y considerando el marco histórico al que ya hicimos referencia, bien pudiéramos pensar que el ánimo de ambos se movía por sentimientos como detestar, aborrecer, tenerle aversión o asco por su lastimoso estado. La enseñanza va más allá: atendiendoa las pésimas relaciones entre los Judíos y los Samaritanos, bien podemos decir, pues así lo afirma la Historia, que entre unos y otros había insultos, agravios, rencores, desaires, desprecios y, lo peor, burlas por sus condiciones religiosas y sociales. Hay quienes opinan que llegaron a odiarse: vamos a suponer que fue realmente así, para entonces valorar mejor el complemento de la enseñanza de la parabola que comentamos. Jesús enseñó: “ama a tus enemigos”, y nosotros recordamos ahora la Antiga Filosofía que aconseja: “Olvida las injurias, devuelve bien por mal, busca la verdad, se justo”. 

Sin embargo, la ley es la ley, y la del amor es terrible, a tal grado que cuando no se cumple o, peor aún, cuando se pervierte o corrompe, las penas son en la misma proporción. De allí las leyendas de los demonios y de los ángeles caídos; de allí los rencores mutuos y las malas voluntades, y también lo más terrible, la ausencia total de amor, que es el desamor, o su contrario, el odio. Y entonces

sabemos que en nuestro ser humano (cuerpo físico y la mente, el alma, el espíritu o como se le quiera llamar), existe una armonía  y un equilibrio que se pierde cuando su interacción no es congruente a causa de la violencia real, imaginaría o planeada, la indiferencia, el desamor, los rencores y las envidias, la ausencia de amigos y todo aquello que afecta negativamente esa armonía; “entonces los procesos que regulan la salud se alteran y somos más vulnerables a la enfermedad. La buena salud requiere: buena alimentación, ejercicio, descanso nocturno y toneladas de amor. Es probable que un déficit afectivo crónico pueda incidir en algunas enfermedades.  Muchas veces el sufrimiento humano, la mayoría de enfermedades psico-somáticas tienen su origen en la negación del amor. Vivimos época de carestía afectiva. La falta de amor mina la salud incluso hasta la muerte”, y entonces todo, dentro y fuera de nosotros, se desarmoniza y aparece el caos en nuestra vida. 

Además, tener poder para explotar a otros hombres, maltratar a los animales, devastar los bosques, contaminar aires y aguas, engañar a la buena fe, burlar la inocencia, excitar la morbosidad, puede ser cualquier cosa, menos amor al prójimo: estamos muy lejos de las enseñanzas de la parábola del Buen Samaritano, propuestas por el Maestro Jesús.

Si bien esto que escribo es una propuesta para entender las actitudes del sacerdote y del levita judíos en contraste con el Samaritano, es un pequeñísimo estudio para comprender la falta de amor al prójimo, y desearía que se entendiera que no son meras palabras. Recurran a su experiencia: observen el contraste, incluso en la expresión de los rostros, entre los seres humanos que aman y los que han pervertido el amor, lo han prostituido, y lo peor, que odien. Hay quienes afirman –yo no he tenido esa experiencia- que ante personas perversas o que manifiestan un odio muy profundo, se siente miedo, o por lo menos temor. En cambio el amar atrae, da paz, seguridad, eleva, y se manifiesta en palabras, actitudes y hasta deseos por el bien del prójimo. Y ahora, mis queridos cuatro lectores y medio, Amigos y Hermanos muy queridos, cada quien haga sus propias conclusiones, incluso juzgue que estos tres mini artículos para nada sirven, y recapacite en lo que más le conviene en su vida. Gracias por atenderme. Saludos y Bendiciones.

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