Morelos, El Monstruo de Caracuaro

blog-morelosdegradacionLA DEGRADACION SACERDOTAL DE MORELOS. “EL MONSTRUO DE CARÁCUARO”. Obra para Teatro en  III Actos, de Fernando López Alanís.

La obra que presento es el resultado de mis estudios sobre los procesos a don José María Morelos, que tuvieron dos desenlaces: uno, su degradación sacerdotal, que equivale a un fusilamiento religioso; y el otro fue el fusilamiento físico, sin mutilar su cuerpo, como se hizo con el señor Miguel Hidalgo.

            Todo cuanto expongo tiene sustento documental. Después de haber conocido criterios favorables y desfavorables a la figura de Morelos, particularmente de autores de su época, y de relacionarme con los documentos que se produjeron desde el momento en que fue hecho prisionero hasta el de la noticia de su muerte, llegué a las conclusiones que aquí expongo, muchas de ellas en boca de sus propios autores. Recomiendo consultar la bibliografía básica que acompaño al final.

            En cuanto a los descargos de Morelos durante los procesos, algunos están tomados de sus palabras en los tribunales, y los más son criterios y pareceres que el héroe expuso en sus proclamas y en sus escritos a lo largo de sus campañas.

            Si bien es cierto que o hay afirmación sin soporte, también lo es que las interpretaciones pueden estar influidas por las simpatías o antipatías sobre la Revolución de Independencia en sí, o sobre los Grandes Hombres que la hicieron, y en particular sobre don José María. Aquí está lo que yo al final de mis estudios concluí, de la misma manera que otros lo hicieron con mayor o menor ciencia, con mayor o menor profundidad, pero que pienso que sus conclusiones son tan respetables unas como otras, como las mías.

            Así pues, a quienes esta obra para teatro vieren o leyeren les ruego me juzguen a partir de las verdades que expongo, y de las disculpas que merezcan mi entendimiento y mi capacidad como escritor.

            Con amor para todos los mexicanos,

           

            El autor.

 


ACTO  I

 

Personajes:

 

Félix María Calleja del Rey, Virrey de la Nueva España

Pedro José de Fonte, Arzobispo Electo de México

Félix Flores Alatorre, Provisor del Arzobispado de México

Miguel Bataller, Auditor de Guerra

Luís Calderón, Secretario de los Tribunales Unidos

José María Quiles y Romero, Abogado de Morelos

José María Morelos Pavón, Sacerdote y General Insurgente

 

 

Escena 1

(Palacio del Virrey. Calleja, Fonte, Bataller, Flores y Calderón. Nos encontramos en medio de una conversación ya iniciada)

Calleja: Tenemos entonces muy claro que el propósito más importante de no haber fusilado a Morelos en Tezmalaca es enjuiciarlo, condenarlo y fusilarlo aquí.

Fonte: Coincidimos en ese propósito; sin embargo no podrá hacerse ningún juicio a un eclesiástico como Morelos si primero no lo declara culpable la iglesia y lo entrega al poder secular.

Calleja: A esto deseaba llegar, pues si algo nos debe preocupar es el tiempo. No podemos permitir que sus seguidores aquí o en cualquier parte del reino acuerden y realicen acciones desesperadas a favor de este traidor antes de fusilarlo.

Fonte: ¿Propone algo su excelencia?

Calleja: Mi propuesta es que la iglesia despache lo que le toca en uno o dos días; el tribunal de guerra no tiene ningún inconveniente en esperar.

Flores: Si sus excelencias me lo permiten tenemos una forma de acelerar todo y de llegar juntos a una misma conclusión.

Calleja: Adelante.

Flores: Un juicio de jurisdicciones unidas.

Calleja: ¿O sea…?

Flores: El fuero común y el fuero eclesiástico juzgando juntos y al mismo tiempo… y llegando a las mismas conclusiones.

Calleja: ¿Señor Bataller?

Bataller: Totalmente posible. Y si sus excelencias están de acuerdo, lo haremos.

Fonte: Ningún inconveniente de mi parte y agradezco a nuestro Provisor tan acertado planteamiento.

Calleja: Pues entonces ya tenemos a uno de los jueces, corresponderá a nuestro Auditor de Guerra, señor Miguel Bataller.

Bataller: será un honor atender este asunto.

Fonte: Por nuestra parte corresponde al señor Félix Flores el mismo nombramiento en calidad de Provisor del Arzobispado.

Flores: Sabré cumplir con la voluntad de Dios y los deseos de sus excelencias.

Calleja: Licenciado Luís Calderón, si bien yo lo llamé para consultas, creo que le correspondería ser el Secretario de estas jurisdicciones unidas…

Calderón: Me esmeraré en cumplir con tan honroso nombramiento, y en tener cuidado que se cumplan las advertencias de sus excelencias.

Calleja; Muy bien. Tengo aquí el itinerario del coronel Manuel de la Concha, escoltando al prisionero Morelos. Salió el jueves 16 de Tepecoacuilco y llegará a esta ciudad el miércoles 22. Tenemos cuatro días para preparar todo el proceso, quizás cinco. Tiene que ser posible.

Bataller, Flores y Calderón: (Asienten)

Fonte: Por nuestra parte debemos tener mucho cuidado en no cometer los mismos errores en que cayeron otros menos advertidos o más precipitados… Me refiero a los procesos del insubordinado Hidalgo y del rebelde Matamoros.

Calleja: No sé a lo que refiere exactamente, excelencia, pero sus palabras me han confirmado en un idea que no acertaba a dar forma: para que no quede ninguna duda sobre la maldad de Morelos deberá ser juzgado también por el Santo Oficio de la Inquisición, y condenarlo.

Fonte: Sin duda Dios Nuestro Señor inspira a su excelencia las medidas convenientes para la pacificación del reino. Desde luego que sí, dispondré lo que me corresponde para que los señores inquisidores preparen su propio proceso.

Calleja: Y entonces que el rebelde Morelos sea conservado preso en el edificio de la Santa Inquisición, por más seguro y más a la mano. Ordenaré al coronel de la Concha que ahí lo entregue, y pediré a los inquisidores que lo reciban.

Fonte: Importa que el castigo a Morelos sea ejemplar y que llene de espanto a todos sus secuaces. Por lo tanto habrá de cumplirse todos los trámites, y que así quede constancia. ¿Estamos de acuerdo?

Calleja: Entonces no corramos riesgos… que se completen los jueces y oficiales con criollos de quienes conste su fidelidad a nos, al rey y a España.

Calderón: Y que tenga un defensor.

Calleja: ¡Desde luego! Que lo nombre…

Bataller: No lo hará.

Calderón: ¿Por qué…?

Bataller: Sería dar a los tribunales indicios de quiénes son sus simpatizantes en esta ciudad, y no lo hará.

Calleja: Preparemos entonces a alguien de nuestra confianza.

Flores: Creo que tengo un buen candidato, criollo y afecto en todo a nosotros: el Licenciado en Cánones José María Quiles y Romero, a quien seguramente conocen.

Bataller: Me uno a la propuesta.

Calleja y Fonte: (consienten)

Calderón: Les ruego disimulen si soy impertinente, pero ¿a qué se refería su excelencia que se debe evitar? ¿Alguna inconveniencia en los procesos de los impíos Hidalgo y Matamoros?

Fonte: Las degradaciones de uno y otro no se hicieron correctamente, pero el que se hayan efectuado en Chihuahua y en Valladolid en cierto modo ni logró los efectos que se deseaban, ni tampoco atrajeron crítica alguna de importancia; pero no es lo mismo que realizar ese acto aquí, la capital del virreinato. Además de cuidar ahora todas las formas, debemos considerar que la degradación del impenitente Morelos justificará las otras.

Calleja: Los juicios sumarios contra Hidalgo y Matamoros se apegaron del todo a la ley, y…

Fonte: No estoy hablando de los tribunales de guerra, sino de los eclesiásticos. Si queremos que sea este juicio en verdad tan tremendo que cause espanto a los insurgentes y a sus simpatizantes, ¿estamos de acuerdo en que Morelos sea degradado, disminuido y fusilado como traidor, no es así?

Todos: (Asienten y esperan a que, tomando su tiempo, prosiga)

Fonte: El juicio sólo debe llevarnos a la degradación y a la condena, y la ceremonia cumplir con todo el rito del Pontifical Romano.

Calleja: ¿Qué manda el Pontifical, que no se haya cumplido antes?

Flores; Tres obispos, entre ellos el que sea su superior, tres abades mitrados y con báculo, o los abades y dignidades que puedan asistir…

Calleja: ¿Vuestra excelencia, don Pedro José de Fonte?

Flores: Sí, pero como acompañante, porque el doctor Fonte no está consagrado todavía. Proponemos como degradante a don Antonio Bergosa y Jordán, obispo que fue de Oaxaca, y que es el único consagrado actualmente en la ciudad.

Calleja: ¿Y entonces el otro?

Flores: Don Juan Francisco Larrea y González, marqués de Castañiza, obispo electo de Durango.

Calleja: ¿Y las dignidades…?

Flores: Juan de Serría y Aldrete, chantre del Cabildo; José Mariano Beristaín de Souza, de Puebla de los Ángeles, deán de Catedral; Juan José Gamboa, Maestrescuelas del Cabildo. Éstos últimos son criollos. E invitaremos a los superiores de los franciscanos y de los dominicos.

Calleja: Me veo obligado a mostrar mi admiración por tanta previsión. ¿Y nada de esto se cumplió en los casos de Hidalgo y Matamoros?

Flores: No, excelencia.

Bataller: ¿Podemos suponer que los ejércitos del rey ejecutaron a sacerdotes cuya degradación por lo menos es de dudar?

Flores: Podemos suponerlo en estricta legalidad, pero creo que de haberlo hecho sería sin responsabilidad, pues fueron recibidos para su ejecución en el supuesto de haber sido degradados.

Calleja: Para mí basta que estuvieran excomulgados, y ciertamente lo estaban… ¿o no?

Flores: El señor Abad y Queipo no estaba consagrado, y parece que nunca lo será. Ellos eran de su jurisdicción, y las otras excomuniones tienen todas algo de discutible, en estricto apego a los Sagrados Cánones.

Calleja: Todos quienes saben esto por obligación o por casualidad, deben callar.

Bataller: ¿Qué procede entonces?

Flores: ¿En este caso? Lo que sus excelencias han previsto tan sabiamente: que el proceso sea tal que nos lleve directamente a la degradación y a la ejecución.

Calleja. ¿Acaso no tenemos todas las evidencias?

Fonte: Y si no las tenemos todas, de nuestra parte las obtendremos el mismo día que las necesitemos y no se interrumpirá el trabajo de las jurisdicciones unidas; pero creo que debemos tomar la misma precaución con el Santo Oficio.

Calleja: Entiendo. Yo platicaré con ellos, y creo que además del ascendiente el cargo está por allí una ocasión de acercamiento que nos es necesario.

Fonte. Entonces tendremos que abocarnos ahora a las causales. Tenemos dos opciones, que pido al señor Provisor que nos exponga.

Flores: (leyendo algunos renglones, explicando otros) En atención a ser notorios y confesados por el mismo reo los gravísimos crímenes en que ha incurrido, contra los que el derecho expresamente ha expuesto la pena de deposición perpetua y degradación real y solemne, como también otros enormes y públicos que por su incorregibilidad merecen, según el derecho, la misma pena, Morelos ha caído en las estas causales: herejía, insidias, y conspiración contra su propio obispo, y el que habiendo sido corregido e invitado a abandonar el nefando partido de la insurrección, no lo hizo. Y podemos basarnos también en la doctrina de Su Santidad Benedicto XIV, quien interpretando al Concilio de Trento en esta materia nos da estas tres causales aplicables a Morelos: gran contumelia o calumnia irrogada al propio obispo; el asesinato, y el que habiendo sido sancionado con penas de deposición o excomunión, no haga caso de ellas.

Bataller: Tan notorios, como notorios todos son todos sus crímenes contra el rey, contra sus tropas, y las persecuciones que ha hecho contra los españoles y los criollos no afectos a su delirio independentista… No veo en que pueda haber dudas excelencia…

Fonte: Si usted piensa que Morelos no tiene reflexionado todo esto, y que carece de respuestas a nuestras acusaciones, creo que tendrá una sorpresa poco grata.

Calleja: No desconozco sus argumentos, pues conozco cuantos documentos han hecho circular él, Hidalgo, Rayón y Coss, y ciertamente no carecen de argumentos y de respuestas.

Bataller: Además de nosotros, ¿quién más estará en el proceso?

Calleja: En este momento dispongo que no esté nadie más.

Fonte: Nadie más.

Bataller: Entonces podremos arreglar algunos inconvenientes.

Calleja: Parece muy claro, señor licenciado Calderón.

Calderón: Muy claro, excelencia. Sin embargo, temo que Morelos se niegue a firmar si las actas no reflejan sus exposiciones.

Fonte: (Después de una pausa) No se negará. El señor Provisor cuenta con un argumento que Morelos teme más que a cualquier ejército en línea…

Calleja: Me gustaría conocer tal argumento…

Fonte: La amenaza de morir en pecado y perder su alma…

Calleja: (Después de una pausa) Entonces, licenciado Calderón, por ningún motivo debe aparecer en actas que la rebelión de estos asesinos esté de alguna manera justificada por el mal gobierno, como lo publican ellos, por la tiranía de nadie, o porque nuestro Fernando Séptimo de alguna manera mantenga compromisos con Napoleón o con los franceses.

Calderón: Tendré ese cuidado.

Calleja: Por lo contrario, y en esto por favor tenga la atención de consultar al señor Bataller, resalte todos sus crímenes como innecesarios, desproporcionados y como producto de mala índole.

Calderón: Así lo haré, si me lo permite el señor Bataller.

Bataller: Estoy a sus órdenes.

Fonte: De la misma manera, señor secretario, para los crímenes contra la Santa Religión y sus Ministros Sagrados. En especial el no haber respondido a la Gracia de Dios que lo invitaba a dejar tan horrible actitud.

Calderón: No defraudaré la confianza de sus excelencias.

Calleja: Sin exageraciones, pero si realmente queremos que este proceso sea ejemplar y que acabe con la insurgencia, quiero que aparezca Morelos como condenado por todas las leyes, pero también como un cobarde que se humilla ante el castigo justamente merecido, y, si es posible, y ustedes verán que así sea, como arrepentido de sus crímenes…

Fonte: Señores, ¿qué más necesitan para este cometido?

Bataller, Flores y Calderón: (Niegan con gestos y ademanes)

 

        

Escena 2

(Mismo lugar. Se reacomodan a manera de tribunal)

Calleja: Quiero escuchar el alegato del abogado defensor.

Fonte: Es oportuno.

Quiles: (Entrando) Sus excelencias, reverendos señores: habiendo examinado con detenimiento el expediente del juicio a José María Morelos Pavón, y conciente de mi obligación y juramento de defenderlo hasta donde mis luces lo permitan, expongo lo siguiente: bien es cierto y de ninguna manera se niegan los crímenes cometidos contra los españoles y sus propiedades, y por ello habrá de ser castigado conforme a derecho; pero es inocente del crimen de rebeldía que se le atribuye; primero, no se rebeló contra el rey de España hasta junio de 1814, porque no había rey legítimo en España, y por lo tanto tampoco es reo de alta traición. Entonces, y hasta agosto o septiembre de ese año, gobernaban las cortes que aún los españoles peninsulares tenían por espurias, y que en lo eran, pues nuestro rey Fernando las diseminó en cuanto regresó y se percató de su injusticia. En segundo lugar, Morelos explica que si Fernando Séptimo volviera sería contaminado por las exigencias y las doctrinas francesas, y por lo tanto contrario al orden de la casa de sus padres. Desde este punto de vista igualmente está justificado el proceder del señor Morelos. En todo caso es un sacerdote guiado por el error y la ignorancia, y no por maldad. No ha injuriado al rey, sino a sus vasallos de una y otra Españas. He sugerido al señor Morelos que, como muestra de su buena voluntad y de su arrepentimiento, descubra los planes de los insurgentes a cambio de su vida, para que en poco tiempo se pacifique la América, y él lo ha aceptado. Éste es el caso, señores, en que se debe usar la clemencia perdonando al delincuente por salvar a la comunidad.

Bataller: Muchas gracias, licenciado Quiles. Lo hemos escuchado con atención y atenderemos con detenimiento sus escritos. 

Quiles: (hace un saludo reverencial, y sale)

 

         Escena 3

         (Mismo lugar)

Calleja: ¡Qué manera de enredar las cosas! ¡No vaya a resultar que somos nosotros los traidores al rey, y Morelos su defensor!

Bataller: Es el caso que ha presentado su alegato por escrito, y ya consta en actas.

Fonte: ¿Vuestro criterio, señor Provisor?

Flores: Ignorarlo. Guardemos el documento, porque no podemos destruirlo, pues sería en contra de lo que hemos dispuesto, pero guardado separado de las actas.

Fonte: Si el señor virrey no tiene inconveniente, así lo haremos.

Calleja: ¿Señor Bataller? ¿Licenciado Calderón?

Bataller: Es una manera de ignorarlo.

Calderón: Se puede hacer.

 

         Escena 4

         (Mismo lugar. Permanecen como tribunal)

Calleja: ¿Y si escuchamos ahora al reo Morelos?

Fonte: Como lo disponga su excelencia…

Morelos: (Entrando) Señores, gracias por concederme el descargo a las acusaciones de que soy objeto, pues estoy conciente de que bien hubieran podido suprimirlas. Y así, señores, ¿cómo puedo esperar justicia de este tribunal, si precisamente su injusticia es lo que he combatido? ¿Acaso este tribunal no está oprimido e influenciado hasta el extremo por el señor virrey “Calleja del Rey”? Él es quien verdaderamente me juzga a través de ustedes, y ¿qué justicia puedo esperar de quien de esta manera busca vengar la derrota que a todos consta sufrió en Cuautla, bajo las armas del ejército de la libertad, entonces bajo mi mando. ¿Cuál justicia se trata aquí, si este Calleja que se os impone demostró ser más cruel que las bestias carnívoras, cuando a Zitácuaro, por odio a la Junta Nacional ahí reunida, lo quemó hasta sus cimientos y condenó por anticipado a la muerte a todo aquel que osara vivir de nuevo en tan valiente como heróica villa? Acepto de antemano cuantos crímenes de guerra me quieran achacar, si ustedes por principio aceptan que nuestra guerra de independencia es justa; pero como esto no es posible, entonces yo y los insurgentes por anticipado somos culpables de cualquier horroroso crimen. Por el contrario, los que han muerto por las armas del poder injusto y tiránico que ustedes representan, y los que gustosamente moriremos por recobrar nuestra santa libertad y nuestra soberanía usurpada por ustedes, acusamos a ustedes no sólo de crímenes de guerra, también por los fusilamientos de mujeres y niños cuyo única falta era ser esposas, madres o hijos de los insurgentes. Los juzgamos también por haber cometido sacrilegios en los templos de nuestra Santa Religión, los acusamos de usar la religión como arma, y no como fuente de amor y de paz. Los acusamos de todo eso, pero no lo juzgamos, ni condenamos, de eso se encargará en el cielo Su Divina Majestad, y en la tierra la Historia que nuestros hechos y con nuestra sangre ustedes y nosotros estamos escribiendo. Como he sido siempre permaneceré hasta el momento mismo en que mi corazón sea traspasado por las balas de quienes al triunfo de nuestra causa no serán ni victoriosos, ni derrotados, sino solamente ocasión para que mejor resplandezca la grandeza y justicia de nuestra causa bajo el cuidado de la Virgen Morena, y sin duda bendecida por el Altísimo Dios, que da y quita según sus divinos planes. Señores, ha sido proclamada la independencia, ha sido publicada la Constitución. ¿Qué importan las derrotas militares, si está próximo el triunfo de las ideas? Patria, hemos luchado y muerto por hacerte nacer grande y poderosa y libre de toda dominación: caiga la maldición de nuestra sangre sobre los ingratos y los traidores, y principalmente sobre los que comprometan tu libertad. ¿Qué queda, señores? La muerte, y seguramente otros sufrimientos mayores que vendrán a purificar mi alma. Sean bienvenidos: aún me queda coraje para enfrentarlos. Señores, estoy a su disposición.

Bataller: Puede salir el reo José María Morelos Pavón.

Morelos: (Sale)

 

         Escena 5

         (Mismo lugar)

Calleja: Pongan que dijo que estaba desilusionado del movimiento libertario, que no era posible conseguir la independencia, tanto por la diversidad de dictámenes, que no permitían tomar providencias acertadas, como por falta de recursos, que los odios y rivalidades desunen a los insurgentes, y que los fomentará a cambio de la vida; que dijo que pensaba abandonar a sus cómplices para pasarse a Nueva Orleáns o a Caracas, lo que había ya comunicado a sus dos compañeros de gobierno, y que el pretexto que daba era irse a allegar apoyos y recursos de fuera. Es más, que pensaba ir a presentarse ante el rey nuestro señor, si estuviera restituido, para pedirle perdón… (Como cansado) En fin, pongan todo lo que quedamos.

Fonte: ¿Tenemos lista a sentencia?

Bataller: El asesino José María Morelos está llanamente confeso del crimen de rebelión de que ha sido cabeza, y de todos los demás atroces y sin cuento que en ella ha cometido y hecho cometer…

 

 

FIN DEL PRIMER ACTO

 

 

 

 

 

ACTO  II

Personajes:

Manuel de Flores, Inquisidor Principal

Matías de Monteagudo, Juez Inquisidor

José Antonio Tirado y Priego, Fiscal del Santo Oficio

Casiano de Chávarri, Secretario del Santo Oficio

José María Gutiérrez de Rosas, Abogado de Morelos

José María Morelos Pavón, Reo del Santo Oficio

 

            Escena 1

         (Amplia Sala de la oficina del Inquisidor Flores en el edificio del Santo Oficio de la Inquisición de México. Flores, Monteagudo, Tirado y Chávarri. Comenzamos en medio de una conversación ya iniciada)

De Flores: No era mi intención instruir proceso inquisitorial a Morelos, pero he recibido insinuaciones del virrey y comunicaciones del arzobispo en el sentido de que convendría hacerlo, mirando a la salud del reino.

Tirado: Coincido en que no podemos llevar un proceso a Morelos: tenemos pruebas de algunos de sus delitos contra la iglesia y sus ministros, pero no son suficientes, y carecemos de otras.

Chávarri: Con su perdón: las pruebas que se pueden reunir, ¿no son suficientes, para qué?

De Flores: Tengo entendido que las jurisdicciones unidas dictarán sentencia para la degradación, y la pena de muerte.

Chávarri: Entonces a este tribunal sólo le corresponde el juicio por herejía…

De Flores: Fundamentalmente.

Tirado: Y para eso no tenemos pruebas suficientes.

De Flores: Ésta es la situación.

Monteagudo: Por las insinuaciones del virrey y las comunicaciones del arzobispo entiendo que nuestra reunión es para considerar de qué manera podemos atenderlas.

De Flores: Así es. Considerando también que podemos responder que no es posible procesar a Morelos con las pruebas que tenemos.

Monteagudo: ¿Y cuál es el criterio que usted…?

Flores: No lo tengo, por eso los he convocado.

Monteagudo: ¿Sabemos cuándo traerán a ese demonio a la ciudad?

De Flores: Es otro de los elementos que debemos tener en cuenta: Morelos llegará mañana.

Tirado: Tiempo…

De Flores: Tiempo.

Monteagudo: Señores, creo que si nos salimos un poco de lo que sería en sí el proceso de la Santa Inquisición a Morelos, podremos tener mayor luz para una decisión.

De Flores: Le escuchamos.

Monteagudo: La situación general del Santo Oficio, aquí como en España no es del todo favorable… Hasta hoy las relaciones con el virrey han sido más bien… ¿cómo decirlo…? Alejadas…

Chávarri: Y de desconfianza mutua, digámoslo abiertamente para tener todo muy claro.

De Flores: Monseñor Monteagudo, ¿lo que nos quiere decir es que podemos aprovechar esta circunstancia para un acercamiento con el virrey?

Monteagudo: Y con el arzobispo…

Chávarri: Muy conveniente…

De Flores: No debemos confiar en que por una acción como ésta el virrey despertará simpatías por la Santa Inquisición: no tuvo ningún reparo en obedecer y hacer cumplir el decreto de las Cortes Generales de febrero de 1813 que mandaba nuestra abolición, y no se vio muy a gusto por habernos restituido por orden del rey en abril de este año.

Monteagudo: En efecto: estemos concientes de que para el virrey y para el arzobispo somos un instrumento; es decir, estamos siendo utilizados para sus propios fines; sin embargo, el instrumento puede llegar a ser tan importante que sin él se torne incapaz quien lo utiliza, y puede llegar a cambiar los papeles.

De Flores: Sería excelente que además de un acercamiento tan necesario, tuviéramos la oportunidad de mostrar la importancia del Santo Oficio por encima de otros poderes.

Monteagudo. Vamos a verlo así: si declaramos a Morelos hereje, en él estamos declarando todo su moviendo insurrecto como una herejía, y en esto somos el instrumento; pero al hacerlo en el nombre de Dios nos colocamos por encima del virrey y del propio arzobispo.

De Flores: Que sean éstas nuestras intenciones.

Echávarri: Hay un hecho significativo que en esta ocasión creo que vale la pena tener presente: hasta ahora las excomuniones no han podido detener la insurrección, porque precisamente impíos como Morelos las han despreciado. Ya sé que esto será materia del juicio, pero recordemos que los procesos de Hidalgo y Matamoros estuvieron tan mal llevados por la Santa Iglesia que en lugar de servir de medicina, más envenenó a los insurrectos.

De Flores: Todo toma la misma forma: El Santo Oficio de la Inquisición de México corregirá todos esos errores, y no permitirá que se vuelvan a cometer. Condenaremos a Morelos además como enemigo personal de la Santa Inquisición.

Tirado: Y con el agravio de la burla. Creo que todos recordaremos ese papel llamado Sentimientos de la Nación, en el que Morelos se hace eco del satánico diputado Ruiz Padrón, quien al pedir la abolición de la inquisición en las Cortes, se atrevió a citar a Nuestro Redentor atribuyéndonos la frase evangélica de que se debe arrancar toda planta que Dios no plantó.

De Flores: Nuestro enemigo personal.

Echávarri: Y sin duda es abominable que haya rellenado los cartuchos de su ejército con el papel de los edictos de la Santa Inquisición.

Monteagudo: Por eso debemos ir más allá: tipificando a Morelos como hereje, acabamos identificando a la insurgencia como herejía.

Tirado: Sólo que correríamos el riesgo de que el proceso no diera como resultado el que al impío Morelos lo pudiéramos condenar como hereje, y…

De Flores: ¿Por qué no adoptar el criterio de las jurisdicciones unidas? Instruyamos el proceso con las pruebas documentales que tenemos, y sin otros testimonios concluyamos la herejía de Morelos, y si es posible, otro delitos de nuestro fuero.

Tirado: ¿Y los descargos…?

Chávarri: Las actas me corresponden a mí, y serán redactadas sin auxiliar alguno, y en lo que hubiere dudas lo comentaré con vuestras señorías.

Monteagudo: Entonces no necesariamente tendremos que llegar a probar herejías, sino que basta con que se le condene por cualquier otro delito que nos corresponda conocer, y se le condene: con esto lograremos los dos propósitos: enjuiciar y condenar a Morelos, y un acercamiento con autoridades que hasta ahora no han tenido una buena reacción ante la refundación de la Santa Inquisición.

De Flores: Si no hay otro criterio…

Tirado: Cuando me enteré de la prisión del sacrílego Morelos, reuní los documentos que aquí traigo y que tengo estudiados. Como han circulado para nuestra desgracia de manera muy amplia, estoy seguro de que habrán sido igualmente de su atención. Bien manejados, a reserva de lo que sus ilustrísimas opinen, creo que si no nos detenemos en algunos pequeños escrúpulos, considerando la salud del reino y la pacificación del mismo, podremos llegar al fin que hemos comentado.

De Flores: Veamos entonces.

Chávarri: ¿De cuánto tiempo disponemos para este proceso?

De Flores: Mañana mismo, en cuanto llegue Morelos se iniciará el proceso de las jurisdicciones unidas; según las prisas y las instrucciones del virrey lo desahogarán en dos días. Entonces este Santo Tribunal iniciará su propio proceso y lo terminará en el menor tiempo a partir del sábado 24.

Monteagudo: Tendremos un reo muy a propósito: abatido por la derrota, cansado de un viaje tan apresurado, abrumado por el proceso y la condena de los tribunales unidos… No creo que tenga mucha capacidad para alegar situaciones ni doctrinas de descargo en circunstancias para él desventajosas.

Echávarri: Sin que fuera necesario, pues la superioridad europea es evidente ante estos criollos depravados.

Tirado: Su ilustrísima se refiere a la ausencia total de cualquier signo de tortura, ¿no es así?

Monteagudo: En efecto.

De Flores: Ni pensarlo siquiera; pero no carecemos de otros medios para llevarlo a donde queremos

Tirado: Ahora bien, si hemos de cumplir ciertos requisitos, no podemos eludir un abogado defensor.

Monteagudo: Es necesario no correr riesgos en un proceso tan delicado como éste.

De Flores: Si les parece cumpliremos esta obligación cuando estemos a punto de dictar sentencia.

Echávarri: Ilustrísimas, es mi parecer que aparejada a su confesión, obtengamos una retractación, que aunque no lo libre de la muerte, ciertamente ayude a otros a que no caigan en los mismos errores.

De Flores: Desde el principio debemos trabajar en que así sea.

Monteagudo: Entonces nuestro proceso deber acomodado a fin de que logre ser útil y conveniente a la gloria de Dios, al servicio del rey y del estado, y quizás sea el medio más eficaz para extinguir el monstruo de la rebelión y conseguir el imponderable bien de la pacificación del reino, con el desengaño de los rebeldes en sus errores al ver condenado a su cabecilla.

 

         Escena 2

         (Mismo lugar. Los mismos, que se acomodan como tribunal)

De Flores: Señor Secretario, Casiano de Chávarri, presente usted el alegato del abogado defensor, José María Gutiérrez de Rosas

Gutiérrez de Rosas: (Entra y hace una profunda reverencia a manera de saludo) Dos extremos comprende en el caso mi obligación y el juramento que ante vuestra ilustrísima he prestado: el uno es defenderlo por cuantos medios halle; el otro, desengañarlo en lo que no pueda tener defensa. En asunto tan grave no atenderé más que a mi conciencia… Hallo en la ignorancia de este reo, si no una disculpa, porque no puede serlo absolutamente, a lo menos un motivo de implorar la piedad de este tribunal santo. Esos papeles de España que el gobierno intruso y corrompido de las cortes dejó circular y aquí circularon impunemente, ¿qué habían de producir sino estos deplorables efectos y extravíos? Allí se veía la jurisdicción de vuestra ilustrísima conculcada y mofada, y se vio el atentado de suprimir este santo oficio. Nuestro soberano, cuando ha declarado después su restitución, ha perdonado generosamente en España a los muchos seducidos por las malvadas Cortes, conociendo su majestad que esta seducción fue casi irresistible. El mismo santo oficio ha otorgado el perdón a los que en tan fatales circunstancias impía y escandalosamente lo injuriaron, y esto es muy propio de la benignidad característica de este tribunal. En el comparece un reo penitente en su corazón, y demostrándolo así en sus sinceras confesiones, no puede dejar de esperar su absolución cuando la implora, arrepentido de sus extravíos. Y yo protesto que por la premura del tiempo, a penas tres horas para conocer el proceso, no puedo decir más. Por lo tanto suplico a vuestra ilustrísima se sirva absolverlo, abjurando como está pronto a cualquier sospecha, pues es Católico y jamás ha pensado ni incurrido en nada contra la fe.

De Flores: Muchas gracias por sus apreciaciones, señor Gutiérrez de Rosas.

Gutiérrez de Rosas: (Sale muy confundido)

 

         Escena 3

         (Mismo lugar. Los mismos en igual actitud)

De Flores: Escuchemos, porque así lo mandan los cánones, al reo. Por favor, señor Casiano de Chávarri.

Morelos: (Entra, y no saluda de ninguna manera. Es digno pero no soberbio. Cansado pero no abatido.)

Tirado: En este Santo Oficio no se acostumbra prender a persona alguna sin bastante información de haber hecho, dicho o cometido, visto hacer, decir o cometer a otras personas alguna cosa que sea o parezca ser contra nuestra santa fe católica y ley evangélica, que tiene, predica y enseña la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica, romana, o contra el recto y libre ejercicio del Santo Oficio; así debes creer que con esta información has sido traído; por tanto, por reverencia de Dios Nuestro Señor, y de su gloriosa y bendita madre la virgen María, recorre tu memoria y di la verdad de lo que te sintieres culpable, o supieres de otras personas que lo sean, sin encubrir de ti ni de ellas cosa alguna, ni levantar para ti o para ellas falso testimonio, porque si lo haces así cumplirás como Católico Cristiano, salvarás tu alma, y tu causa será despachada con toda brevedad y misericordia; pero si no, se te hará justicia.

Morelos: Niego absolutamente todas las acusaciones de herejía, Es cierto que me aparté de mi cargo de Carácuaro, pero lo hice con conocimiento y consentimiento de mi superior de entonces, el canónigo Mariano Escandón, conde de Sierra Gorda. 

                       Este tribunal, hoy como en el pasado, no puede ejercer ninguna justicia. Cuando yo tomé las armas porque obedecía a un gobierno extranjero en las personas de los franceses, y ahora porque obedece a los intereses de un gobierno despótico, tirano del pueblo mexicano, que dejó de ser novohispano por la Declaración de Independencia de Chilpancingo el 6 de noviembre de 1813, y por la Constitución de Apatzingán promulgada en octubre del año pasado.

                       Enfocar todas sus iras contra el Decreto Constitucional de Apatzingán declarándola hereje, y por lo mismo herejes a todos los que en él tomamos parte, es una gran perversidad, pues se hacen valer inciertos argumentos de fe católica para juzgar con premeditación un documento político. Ni Rousseau, ni Espinosa, ni Voltaire, ni Lutero, ni ese tal Helvetius, ni no sé cuántos otros autores que citan ustedes en sus documentos condenatorios, tienen un lugar en las barrancas de tierra caliente ni en las chozas de la costa.

                       Jamás me valí de mi estado sacerdotal para seducir a nadie para nada. Ante ustedes y ante la Historia que a todos juzgará, declaro que quienes me siguieron en esta guerra de reconquista de nuestras libertad y soberanía usurpadas, lo hicieron libremente y convencidos de la justicia de nuestra causa.

                       Las excomuniones no son válidas, porque no tienen ningún valor las que se hacen bajo la presión de otros intereses que no son los de la Santa Religión, como ahora es el caso de este tribunal, y porque han de ser por un obispo consagrado y con jurisdicción. Y en nuestro caso, como pueblo nacional, sólo las que dicte el Santo Padre o un Concilio General. Nada de esto se ha cumplido: no hay validez en las excomuniones.

                       Jamás, en ninguna de mis proclamas o en cualquier documento o discurso mío podrán encontrar nada que sea contrario a la doctrina y al dogma de nuestra religión. Nunca. ¿De dónde me vienen a acusar de hereje?

                       Soy católico y respetuoso de mi santa religión, y obedezco sus mandatos, por eso frecuento los Sacramentos. Haber hecho esto en campañas de guerra en todo caso cometí algún pecado y acepto que así sea, pero eso está muy lejos de cualquier herejía.

                       Por haber entrado en guerra contra la tiranía, como sacerdote estoy en estado de irregularidad, según los Sagrados Cánones; pero nunca la irregularidad por este o cualquier otro motivo es herejía, y ustedes lo saben muy bien; entonces entiendo claramente su perversa actitud.

                       No niego haber nombrado eclesiásticos que atendieran las necesidades espirituales de las personas donde mis ejércitos combatían, porque así convenía a la salud espiritual de esas personas. Y ustedes saben bien que los primeros nombramientos que hice no fueron desautorizados por el superior entonces del obispado de Valladolid, el señor Abad y Queipo, nuestro acérrimo enemigo. Y en todo caso, esto ¿qué tiene de herejía?

                       Estoy plenamente conciente de que me harán fusilar, o ahorcar, o matar de cualquier manera infamante, que me desprestigie; y de que ustedes, como los tribunales que me procesaron anteriormente, me negarán el consuelo de los Sacramentos de nuestra Religión antes de asesinarme, si primero no reniego de todo lo que es y significa la insurgencia. Lo haré, ciertamente, porque por encima de mi vida del cuerpo prefiero la del alma, y porque todos ahora y en el futuro entenderán mis razones y las de ustedes, y me comprenderán y los comprenderán a ustedes, y nos juzgarán según nuestros merecimientos ante Dios y ante la Historia.

De Flores: Puede retirarse el reo José María Morelos.

Morelos: (Sale sin más, orgulloso y digno)

Monteagudo: ¿Está lista la sentencia, señor Casiano de Chávarri?

Chávarri: (Leyendo) El Santo Oficio de la Inquisición de México, habiendo hecho relación del proceso seguido contra el presbítero materialista y deísta y traidor de lesa majestad divina y humana, José María Morelos, le condena…

 

 

FIN DEL ACTO II

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ACTO  III

 

Personajes:

Félix María Calleja del Rey, Virrey de la Nueva España.

Miguel Bataller, Auditor de Guerra

Antonio Bergosa y Jordán, Obispo de Antequera (Oaxaca)

Pedro José de Fonte, Arzobispo electo de México.

Félix Flores Alatorre, Provisor del Arzobispado de México

Casiano de Chávarri, Secretario del Santo Oficio

José Maria Morelos Pavón, Sacerdote y general insurgente

 

            (Capilla del Santo Oficio de la Inquisición. En el extremo izquierdo Calleja con Bataller; en el extremo derecho un altar dispuesto para la celebración de la Misa, imprescindible el crucifijo; Aquí se encuentran Bergosa, vestido de Pontifical, flanqueado por Fonte y por Flores. Al centro, en una mesa, todo lo necesario para que Morelos se vista para oficiar la Misa y para que se despoje del hábito de condenado por la Inquisición. A un lado de la mesa está Chávarri, quien ayudará a Morelos en los cambios de vestimentas)

 

Escena 1

Morelos: (Vestido de sotana corta y sin cuello) ¡Pero por el amor de Dios y de la Virgen Santísima de Guadalupe, ¿dónde encuentran una sola palabra mía, una acción así de pequeña que niegue cualquier dogma de nuestra santa religión?! Podrán ustedes acusarme de desobediencia, de haber hecho oídos sordos a las exhortaciones para deponer las armas de la libertad, de muchos cosas que se les ocurran, y tendrán que demostrar que son ciertas, primero, y en segundo que son materia para condenarme a muerte; pero jamás podrán demostrar que soy hereje, si no es por política o por religión convertida en política,. Ha sido necesario tenerme aquí preso y derrotado para que yo me entere de que el señor Monteagudo del Oratorio de San Felipe de la ciudad de México, ha sido nombrado “ordinario” del obispado de Michoacán, y por lo tanto mi superior. Pero si ni las autoridades de aquí ni de la España han reconocido al señor Abad y Queipo como obispo y si del señor Monteagudo no he recibido ninguna orden, ¿cómo se me puede acusar de desobediencia a un superior legítimo? Pero las determinaciones están tomadas y habrá de cumplirse en mí y en todas mis cosas la Voluntad del Dios de las Naciones, que pide mi vida como testimonio y mi sangre como semilla para el nacimiento de una patria por la que hemos luchado y muerto para hacerla nacer grande, poderosa, libre de toda dominación extranjera: caiga la maldición de nuestra sangre sobre los ingratos y los traidores, y principalmente sobre los que comprometan tu libertad, patria de los grandes señores Hidalgo, Allende, Jiménez. Que así sea. Yo también estoy listo y dispuesto. (Toma una vela verde con la mano derecha. Se sienta en un banquillo negro al pie del estrado del tribunal, vuelto hacia el altar)

 

         Escena 2

         (Misa.)

Bergosa: In nomine Patris ( + ), et Filii et Spiritus sancti. Amén. Introibo ad altare Dei. (Subiré al altar de Dios)

Todos: ( + ) Ad Deum qui laetificat juventutem meam. (Al Dios que alegra mi juventud)

Bergosa: Judica me, Deus, et discerne causam meam de gente non sancta: ab homine iniquo et doloso erue me. (Júzgame Tú, oh Dios, y defiende mi causa de la gente malvada; líbrame del hombre inicuo y engañador)

Todos: Spera in deo, quoniam adhuc confitebor illi: salutare vultus mei, et Deus meus. (Espera en Dios, porque he de alabarle más todavía, a Él que es mi Salvador y mi Dios.)

Bergosa: Adjutorium nostrum ( + ) in nomine Domini. (Nuestro auxilio en el nombre del Señor)

Todos: Qui fecit caelum et terram. (Que hizo el cielo y la tierra)

Bergosa: Misereatur tui omnipotens Deus, et dimissis peccatis tuis, perducat te ad vitam aeternam. (Dios todo poderoso tenga misericordia de ti, y perdonados tus pecados te lleve a la vida eterna)

Todos: Amén.

Bergosa: Indulgentiam ( + ), absolutionem, et remissionem peccatorum nostrorum, tributa nobis omnipotens et misericors Dominus. (El Señor Omnipotente y misericordioso nos conceda el perdón, la absolución y remisión de nuestros pecados)

Todos: ( + ) Amén.

Bergosa: Te suplicamos, Señor, que borres nuestras iniquidades. para que merezcamos entrar con pureza de corazón en el Santo de los Santos. Por Cristo Nuestro Señor.

Todos: Amén.

Bergosa: Te rogamos, Señor, por los méritos de tus Santos, cuyas reliquias yacen aquí (besa el altar, los demás se persignan), y por los de todos los Santos, que te dignes perdonar todos mis pecados.

Todos: Amen.

Bergosa: Kyrie, eleison.

Todos: Kyrie, eleison.

Bergosa: Christe, eleison.

Todos: Christe, eleison.

Bergosa: Kyrie, eleison.

Todos: Kyrie, eleison.

Fonte: (A Morelos) De parte de Dios y de su gloriosa y bendita madre nuestra señora la Virgen María, recorre tu memoria y descarga tu conciencia diciendo enteramente la verdad de todo lo que hubieses hecho, dicho, visto o decir a otras personas que fuese o pareciese ser ofensa a Dios nuestro Señor y contra su santa fe católica y ley evangélica que tiene, guarda y enseña la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica, Romana, o contra el recto y libre ejercicio del santo oficio. Haciéndolo así harás lo que debes como católico cristiano.

Chávarri: (Ante el silencio de Morelos, lee la sentencia de la Inquisición) Esta es la sentencia de los inquisidores, doctores Flores y Monteagudo: “es nuestro acuerdo y parecer con personas de letras y de rectas conciencias, habiendo invocado el nombre de Cristo, que José María Morelos es hereje formal negativo, confitente diminuto, malicioso y pertinaz, despreciador, perturbador y pertinaz, despreciador, perturbador y perseguidor de la jerarquía eclesiástica, atentador y profanador de los santos sacramentos, reo de lesa majestad divina y humana, pontificia y real, y como a tal, hereje y fautor de herejes, enemigo cruel del Santo Oficio, y por lo tanto le condenamos a la confiscación de sus bienes y en el remoto e inesperado caso de que se le perdone la vida por el excelentísimo señor virrey, a destierro perpetuo de ambas américas, corte de Madrid y sitios reales, y a reclusión y cárcel perpetua en uno de los presidios de África; le deponemos de todo oficio y beneficio eclesiástico, con inhabilidad e irregularidad perpetua.

Morelos: (Sube al altar, donde se arrodilla ante Bergosa. Todos rezan el Salmo “miserere”, mientras Fonte y Flores lo azotan en cada versículo con un manojo de varas)

        

Misere mei, Deus, secundum magnam misericordiam team.

     Et secundum multitudinem miserationum tuarum, dele inquitatem meam.

     Amplius lava me ab iniquitate mea; et a peccato meo munda me.

     Quoniam iniquitatem meam ego congnosco, et peccatum deum contra me est semper.

     Tibi solo peccavi et malum coram te feci, ut justificeris in sermonibus tuis, et vincas cum judicaris.

Ten piedad de mí, Oh Dios, según tu misericordia.

     Y según la multitud de tus piedades, borra mi iniquidad.

     Lávame más y más de mi iniquidad, y límpiame de mi pecado.

    

    Porque yo reconozco mi maldad y mi pecado está siempre deltante de mí

     Contra ti sólo he pecado, e hice al mal ante ti; para que seas Justo en tu sentencia y victorioso ante los que pretendan juzgarte.

 

 

Morelos: (Se levanta y en el altar hace la Profesión de fe, sobre los Evangelios y la Santa Cruz ) Yo, José María Morelos, que aquí estoy presente ante vuestras señorías como inquisidores, puesta ante mí esta señal de la Santa Cruz y los sacrosantos evangelios que con mis manos corporalmente toco, reconociendo la verdadera, católica y apostólica fe, abjuro, detesto y anatematizo toda especie de herejía que se levante contra la santa fe católica y ley evangélica de nuestro redentor y salvador Jesucristo, y contra la sede apostólica e iglesia romana, especialmente aquella en que yo, como malo, he caído y tengo confesado ante vuestra señoría, y confieso que todos aquellos que contra esta santa fe católica vinieren, son dignos de condenación, y prometo de nunca me juntar con ellos y cuanto en mi fuere perseguiré, y las herejías que de ellos supiere las revelaré y notificaré a cualquier señor inquisidor, o prelado de la santa madre iglesia, dondequiera que me hallare; y juro y prometo que recibiré humildemente y con paciencia cualquier penitencia que me fuere impuesta. (Vuelve a su lugar, donde ayudado por Chávarri, se reviste para celebrar la Misa, las manos atadas con una pañoleta blanca, lleva cáliz con patena. Así preparado vuelve a su lugar)

Flores: Ésta es la sentencia del tribunal de las jurisdicciones unidas: Por unanimidad de votos, juzgando definitivamente con autoridad de Dios Omnipotente Padre, Hijo y Espíritu Santo, y con la nuestra que ejercemos, privamos por siempre a José María Morelos de todo beneficio, oficio y ejercicio de orden, y en consecuencia decretamos que el dicho presbítero José María Morelos sea depuesto y degradado, y mandamos que se proceda a la real y solemne degradación, practicándola el ilustrísimo señor obispo de Oaxaca. Y damos, por lo que a nosotros toca, nuestra facultad para que cualquier sacerdote lo absuelva de las censuras en que ha incurrido, si arrepentido lo pidiese. Así lo declaramos, decretamos y firmamos.

Morelos: (Se arrodilla ante Bergosa. Las vestiduras y objetos de que despoja a Morelos se los entrega a Fonte y Flores, quienes los arrojan al suelo, excepto el cáliz y la patena que colocan en el altar, boca abajo)

Bergosa: (Llora y suspira durante la ceremonia. Morelos se mantiene firme,

 digno, y en algún momento incluso altivo)

Apartamos de ti la facultad de ofrecer el sacrificio a Dios y de celebrar la Misa tanto por los vivos como por los difuntos. (Le quita el cáliz se las manos)

         Con esta raspadura te quitamos la potestad, que habías recibido en la unción de la manos y de los dedos pulgares, de sacrificar (Le raspa las palmas de las manos), de consagrar (le raspa los pulgares) y de bendecir (Le raspa los dedos índices)

         Te despojamos con razón del vestido sacerdotal que significa la caridad, porque te desprendiste de ella y de toda inocencia. (Le quita la casulla)

Torpemente arrojaste el signo de Dios, simbolizado por la estola; por tanto la apartamos de ti, a quine declaramos inhábil de ejercer todo oficio sacerdotal. (Le quita la Estola)

(Le entregan a Morelos el Libro de los Evangelios, pero mientras habla se lo quita el Obispo) Removemos de ti la potestad de leer el Evangelio en la Iglesia de Dios, porque esto sólo corresponde a los dignos.

Te privamos del Orden Levítico, porque no cumpliste tu ministerio dentro de él. (Le quita toda vestimenta sacerdotal, excepto la sotana)

(Le ponen al cuello una estola blanca) Justamente te quitamos la cándida estola que habías recibido para llevarla inmaculada en presencia de Dios, pues a pesar de conocer así el misterio no diste testimonio de vida a los creyentes, de modo que e pueblo consagrado por el nombre de Cristo pudiera recibir tu ejemplo. Te la quitamos (Se la quita), prohibiéndote todo oficio del diaconado.

Con la autoridad de Dios Omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y con la nuestra, te quitamos el hábito clerical y te desnudamos del ornamento de la religión; y te deponemos, degradamos, despojamos y sacamos de toda orden, beneficio y privilegio clerical. Y como indigno de la profesión de clérigo, te devolvemos a la servidumbre y a la ignominia del hábito y del estado laical. (Le quita la sotana; Morelos queda en traje secular: parece un altivo ranchero regresando del potrero, después de una dura faena: les causa admiración, pero)

Como a hijo ingrato te arrojamos de la herencia del Señor, a la que habías sido llamado; y por la gravedad de tu conducta quitamos de tu cabeza la corona, signo regio del sacerdocio. (Le corta el pelo de la coronilla)

Morelos: (Se levanta, camina bizarro y digno hasta su lugar, frente al obispo,  lo que parece molestar a los demás. Él sabe que se ha cometido una injusticia en su persona, y que es manifiesta su fe en que sus verdugos serán a su vez castigados de alguna manera en la tierra o en el cielo. Después, sin perder la compostura, hace frente sucesivamente a Flores, Bataller y Calleja)

Flores: Hacemos declaración pública para que el tribunal secular reciba en su fuero a este degradado, despojado ya de todo orden y privilegio clerical. Señor Juez, os rogamos con todo el afecto de que somos capaces para que por amor de Dios y en atención a la piedad y a la misericordia y a la intervención de nuestras súplicas, no castiguéis a este miserable con la pena de muerte o la mutilación.

Bataller: (A Calleja) Sólo resta que vuestra excelencia le haga sufrir la pena de muerte, mandando sea fusilado como traidor al rey, y que separada su cabeza y puesta en una jaula de hierro, se coloque en la plaza mayor de esta capital en el paraje que vuestra excelencia estime conveniente, para que sirva a todos de recuerdo del fin que tendrán tarde o temprano, los que despreciando el perdón que se les convida, se obstinan todavía en consumar la ruina de su patria, que es todo el fruto que pueden esperar, según la ingenua confesión del monstruo de Carácuaro, cuya mano derecha se remita también a Oaxaca, para que así mismo se coloque en su plaza mayor. Esto es lo que exige la justicia y el público escarmiento.

Calleja: De conformidad con el dictamen del Auditor de guerra, condeno a la pena capital, en los términos que expresa, al reo José María Morelos; pero en consideración a cuanto me ha expuesto el venerable clero y deseando hacer en su honor y obsequio prueba de mi deferencia y respeto al carácter sacerdotal, mando que dicho reo sea ejecutado fuera de las garitas, e inmediatamente se de sepultura eclesiástica a su cadáver, sin sufrir mutilación alguna en sus miembros ni exponerlos a la expectación pública. Para todo lo cual tomará providencias oportunas el señor coronel don Manuel de la Concha, a quien cometo la ejecución de esta sentencia.

Fonte: No obstante el sacrilegio que hiciste de tu sacerdocio, profanándolo con la sangre inocente de todos aquellos a quienes mandaste asesinar, y de haber sido arrojado del gremio privilegiado de los ministros del Altísimo, quedando reducido al común de los legos seglares, atendiendo a la facultad otorgada por el tribunal para que seas perdonado de tus pecados si lo pides, y ante la inminencia de tu muerte como traidor al rey, te pregunto si así como pecador te presentarás ante la Soberana Majestad de Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo, y de su Santísima Madre la Inmaculada siempre Virgen María. Arrepiéntete de tus pecados, y para que des muestra de que verdaderamente lo haces y que estás dispuesto a remediar en algo el daño que has hecho, firma el documento que así lo prueba ante los habitantes de este reino, y para escarmiento de quienes en el futuro lo leyeren.

Chávarri: (Le presenta el documento, pero no le permite leerlo. Morelos se resiste) ¿Acaso los tribunales que te han juzgado y condenado en la tierra habrán de hacerte firmar alguna cosa que comprometa tu salvación en el cielo?

Morelos: (Firma, pero no devuelve el documento, sino que lo lee en voz alta, deteniéndose visiblemente contrariado donde queda expuesto como cobarde, desertor o enemigo de su propio movimiento) Excelentísimo señor: Para descargo de mi conciencia y para reparar en lo poco que puedo (ojalá pudiera hacerlo en un todo), los innumerables, gravísimos daños que he ocasionado al rey, a mi patria y al estado, como también para precaver o desvanecer el escándalo, suplico a vuestra excelencia que por medio de los papeles públicos se comunique el siguiente sencillo manifiesto: De algunos meses a esta parte, disgustado por las divisiones entre mis compañeros o cómplices, y por la falta de recursos para lograr nuestro designio, viendo que inútilmente se derramaba la sangre y se estaban causando tantos males, pensaba ya abandonarlo y aprovechar la primera ocasión para retirarme a la Nueva Orleáns o a los Estados Unidos. Y aún creo que algunas veces tuve el pensamiento de ir a España a cerciorarme de la venida del soberano, y a implorar de su real clemencia el indulto de mis atentados. He atraído con mi conducta y con la de otros que han seguido mi mal ejemplo sobre el venerable clero secular y regular de la América, tal vilipendio y desprecio que al contemplarlo se me parte el corazón de dolor. Después de haber sido condenado y degradado, mi alma estaba inundada de dolor y de amargura, pero me sujeto con humildad y con resignación a tan justas como merecidas penas  por mis enormes delitos, y me arrepiento de haberlos cometido. Y pido perdón a Jesucristo mi redentor por el detestable abuso que hice del carácter de ministro suyo; se lo pido a la Iglesia santa por no haber hecho caso de sus leyes y censuras por ignorancia e inadvertencia culpables. Se lo pido al amado monarca Fernando Séptimo por haberme revelado, y sublevado contra él tantos fieles y leales vasallos suyos. Ruego a todos que, satisfechos con la pérdida de mi vida temporal, interpongan los méritos infinitos de Jesucristo y la intercesión poderosa de la Virgen, para que yo vaya a pedirle a Dios incesantemente el remedio de tantos males como he causado. (Devuelve el documento con desdén y burla. Pasa altivo, digno, a donde se encuentra Bergosa, y se arrodilla) Yo pecador, me confieso a Dios Todopoderoso, que he pecado de pensamiento, palabra, obra y omisión. (Calla. Pausa)

Bergosa: Ego te absolvo a pecatis tuis ( + ) in nomine Patris et Filius et Spiritu Sancto. Amen. (Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén)

Morelos: (Se levanta y vuelve a su lugar, se coloca de frente a Calleja, con la cabeza en alto y sin mostrar ningún abatimiento.)

         (Silencio total. Nadie se mueve. Durante unos segundos iluminación cenital. De pronto oscuridad total y baja lentamente el)

 

Telón

 

FIN DE LA OBRA

 

Morelia, 2 de agosto del 2005

 

 

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA

ALAMAN Lucas: Historia de Méjico. Ed. Jus, 1973

ARRANGOIZ Francisco de Paula de: México desde 1808 hasta 1867. Ed. Porrúa, 1974

BUSTAMANTE Carlos María de: Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana.

CÁMARA DE SENADORES: El Congreso de Anáhuac. 1963

HERRERA Peña José: Morelos ante sus Jueces. Porrúa – UNAM, 1985

HERREJON Peredo Carlos: Los Procesos de Morelos. El Colegio de Michoacán, 1985

LEMOINE Ernesto: Morelos y la Revolución de Independencia. Gobierno del Estado de Michoacán, 1979

POMPA Y POMPA Antonio: Proceso inquisitorial y Militar seguidos a don Miguel Hidalgo y Costilla. INAH, 1960

SOCIEDAD Mexicana de Geografía y Estadística: Memoria del Symposium Nacional de Historia sobre la constitución de Apatzingán. 1965

 

 

 

One comment

  1. Buenas tardes Maestro, con el gusto de saludarlo y con ganas de compartir sus textos de Morelos en la página de: https://www.facebook.com/MorelosLibertador/

Deje una respuesta.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *