Manifiesto a la Nación

VARIACION EN UN SOLO ACTO

por el propio Autor

FERNANDO LÓPEZ ALANÍS

“La Nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público, así como el de regular el aprovechamiento de los elementos naturales susceptibles de apropiación, para hacer una distribución equitativa de la riqueza pública y para cuidar de su conservación.

“Corresponde a la Nación el dominio directo de todos los recursos naturales de la plataforma continental y los zócalos submarinos de las islas; de todos los minerales o substancias que en vetas, mantos, masas o yacimientos, constituyan depósitos cuya naturaleza sea distinta de los componentes de los terrenos. Tratándose del petróleo y de los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos, no se otorgarán concesiones ni contratos, ni subsistirán los que se hayan otorgado y la Nación llevará a cabo la explotación de esos productos, en los términos que señale la Ley reglamentario respectiva. El dominio de la Nación es inalienable e imprescriptible.

“Sólo los mexicanos por nacimiento o por naturalización y las sociedades mexicanas tienen derecho para adquirir el dominio de las tierras, aguas y sus accesiones o para obtener concesiones de explotación de minas o aguas. El Estado podrá conceder el mismo derecho a los extranjeros, siempre que convengan ante la Secretaría de Relaciones en considerarse como nacionales respecto de dichos bienes y en no invocar, por lo mismo, la protección de sus gobiernos por lo que se refiere a aquéllos; bajo la pena, en caso de faltar al convenio, de perder en beneficio de la Nación, los bienes que hubieren adquirido en virtud del mismo.

“En una faja de cien kilómetros a lo largo de las fronteras y de cincuenta en las playas, por ningún motivo podrán los extranjeros adquirir el dominio directo sobre tierras y aguas,

“Las expropiaciones sólo podrán hacerse por causa de utilidad pública y mediante indemnización.”

(Párrafos del texto original del Artículo 27 de la

 Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.)

Personajes:

            Narrador

            Narradora

            Lázaro Cárdenas del Río

            Francisco J. Mújica

            Eduardo Hay

            Enrique Calderón

            Líder Obrero

            Representante Petrolero

ACTO  ÚNICO

Escena 1

               (Sala del Palacio Nacional. Los personajes al fondo del escenario.)

Narrador: (Entrando) Si ustedes no quieren, no le llamen a este trabajo “teatral”. ¡Hola, mucho gusto en saludarlos! Algunos le llaman “teatro documental”, y si a ustedes les parece, éste será un trabajo de “teatro documental”; pero si no, entonces será solamente un documento que se vale de ciertas técnicas teatrales para de decirles a ustedes algo.

Narradora: (Entrando) Se dice que todo escritor debe preguntarse si lo que piensa contar vale la pena de ser contado. ¿Vale la pena el esfuerzo del escritor, y quizás el de los públicos posibles? En este caso, ¿el de nosotros los actores? ¿Vale la pena? ¡Hola, mucho gusto en saludarlos, y en decirles que nosotros estamos aquí porque tenemos la certeza de que vale la pena contarles esto!

Narrador: Sucedió solamente una vez en todo el siglo pasado, y fue el pueblo mexicano quien lo hizo. Nada más por eso, por saberlo, y conocer un poco de sus circunstancias, vale la pena.

Narradora: Aunque a muchos no les guste, ni en 1938, ni durante continuos 60 años después, ni ahora. Tratándose de un hecho y de un tema vigente tantos años y que causa esa polaridad entre nosotros y entre los extranjeros, precisamente vale la pena saber por qué no les gusta a unos, a otros nos enorgullece, y para no pocos es un ejemplo.

Narrador: Vamos nosotros a presentar nuestra versión de los hechos, acomodados a esta forma de narrarlos. 

Narradora: Habrá otras versiones. Las respetamos. Esperamos que respeten la nuestra. A todos nos toca elaborar un criterio sano, bien informado, y lo menos pasional posible. ¿Será “una quimera” no ser pasional en el tema del petróleo mexicano?

Narrador: Ciertamente es posible, si no se tienen compromisos políticos o económicos ligados con el petróleo en México. Favorables o contrarios al interés nacional.

Narradora: el interés nacional es usted, usted, usted, y todos los familiares y amigos de ustedes, de mí y los míos, de todos.

Narrador: Ustedes y yo, y todos los que somos ustedes y yo somos el pueblo; somos “el interés nacional”.

Narradora: Y comenzamos. La situación había llegado a estos extremos en los años de 1937 y 1938.

Narrador: Les presento al presidente de la república, “mi general” Lázaro Cárdenas del Río.

Escena 2

(Se abren Cárdenas, Múgica y Hay)

Cárdenas: Señores, los he llamado para comentar con ustedes la situación de la actual crisis. Tenemos nueve días con una huelga que abarca todas las compañías petroleras que hay en México: faltan combustibles y lubricantes para usos industriales, de transportes, y domésticos… la maquinaría agrícola, los ferrocarriles, todo está punto de detenerse, de quedarse inquieto. Inmóvil, casi muerto. Puede haber una medida de alivio que deseo poner a su consideración…. importar combustibles. Por favor, hablen francamente.

Narradora: Les presento al “mi general” Francisco J. Múgica. El ahora convenientemente ignorado autor de los revolucionarios artículos constitucionales 3, 27 y 130, nada menos, y en 1938 Secretario de Comunicaciones.

Mújica: Lo hicimos en 1935, en el caso de la huelga de la refinería de Atzcapotzalco. Entonces pareció oportuno, y los hechos han demostrado lo acertado de la decisión, pero ahora… Señor presidente, las circunstancias no son las mismas: ya no tenemos la presión del general Calles y creo que han variado también las condiciones internacionales: mi parecer es que no debemos importar combustibles.

Narrador: Y ahora les presento al licenciado y general Eduardo Hay, sonorense leal a Cárdenas. Secretario de Relaciones Exteriores. 

Narradora: No se olviden de que los tres eran hombres revolucionarios de a de veras. Venían de los campos de batalla, donde las balas no son discursos. Fueron heridos por los ideales más sanos de la llamada Primera Revolución Social del siglo XX.

Hay: No debemos equivocarnos, señores: aunque la tensión internacional sea cada vez más grave en Europa, el petróleo es una fuerza vital para las grandes potencias y no descuidan la situación en México.

Cárdenas: ¿Y en cuánto a la importación de combustibles?

Hay: Se llevan nuestro crudo y lo almacenan. ¿Qué tan grande sería el ridículo si publican que nos venden ese mismo crudo ya refinado? Pagado además a precio muy superior.

Mújica: Hay algo peor, señor presidente: ya en 1935 intentaron calificarnos de contrarevolucionarios.

Cárdenas: ¿Tendrían razón ahora? 

Mújica: A los ojos de los trabajadores petroleros, pienso que sí… (Pausa.)

Cárdenas: Licenciado Hay, ¿qué tiempo podremos sostener negociaciones sin que se inquieten demasiado las potencias?

Hay: Negociaciones, ¿para qué, señor presidente?

Cárdenas: Para que la crisis se resuelva como deba resolverse.

Hay: Hasta el tiempo de la resolución.

Narrador: Les presento ahora a un hombre que fue clave en todo el proceso de la repudiada Nacionalización del Petróleo Mexicano. El Licenciado Enrique Calderón.

Cárdenas: Licenciado Calderón.

Calderón(Después de abrirse) El juicio de carácter económico.

(Pausa.)

Hay: ¿Aceptarán las empresas?

Mújica: Creo que quienes no aceptarán serán los trabajadores.

Calderón: Es benéfico para todos: se demostrará irrefutablemente quién tiene razón, y los tribunales de trabajo podrán emitir un fallo justo. 

Cárdenas: ¿Incluso a los ojos de los imperialistas extranjeros?

Hay: Incluso. 

Cárdenas: ¿General?

Mújica: Parece adecuado.

Cárdenas: Licenciado Calderón, concierte una cita con los Líderes Obreros y presénteme candidatos para un presidente de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje que conozca este conflicto.

Calderón: A sus órdenes, señor.

               (Se cierran todos, menos Calderón)

               Escena 3

Narrador: El conflicto se agravó porque los líderes obreros identificaron a las compañías petroleras con una nueva forma de explotación extranjera de las riquezas del país, una vez más sin provecho para México.

Narradora: Se había hecho una revolución para devolver al pueblo su libertad y su autonomía, por el derecho a utilizar la riqueza de los recursos naturales en beneficio del pueblo, y eso en nada era cumplido por la presencia y las acciones de las compañías petroleras. 

Narrador: Esto no lo entendían ni las compañías ni los gobiernos extranjeros.

Narradora: Entonces aparecieron el orgullo y la dignidad del mexicano.  

Líder Obrero: (abriéndose) Ahora sí se nos hizo, licenciado, estamos formando un verdadero sindicato de petroleros. Esta convención, la Primera Gran Convención Extraordinaria de Trabajadores Petroleros, está sirviendo para unirnos a todos.

Narrador: ¿Verdadero sindicato petrolero? No se nos olvide que estamos en 1938, y que en ese momento ciertamente lo era. Verdadero, además, en contraposición de los sindicatos blancos, manejados completamente por las compañías petroleras.

Narradora: Independientemente de lo sucedido después, debemos entender que los intereses nacionales de entonces y de ahora son los mismos: ésos no pueden cambiar.

L. O.: Les tenemos ganados muchos puntos a las compañías. Se los vamos a ganar todos: ¡cómo que no pueden pagar lo que pedimos! ¡claro que pueden!

Cárdenas: (Abriéndose) Les ruego me disculpen…

L. O.: Estamos a sus órdenes, señor presidente.

Cárdenas: Le voy a rogar al licenciado Calderón que explique a usted la situación y la propuesta de mi gobierno.

Calderón: No necesito explicar mucho la situación tan delicada del país al estar paralizada casi toda la industria y el transporte, sino insistir en que precisamente eso es lo que quieren las compañías petroleras: hacer que el país se desquicie para que el pueblo se vuelva contra los trabajadores petroleros y contra el gobierno.

L O.: ¿Cuál es exactamente la propuesta, licenciado?

Calderón: Cambiar la Huelga por la vía del Arbitraje, sin renunciar a la huelga. (Pausa) Ustedes saben que el arbitraje incluye un juicio de carácter económico: esto demostrará que es falsa la imposibilidad que alegan las compañías para pagar lo que ustedes piden…

L. O.: Con franqueza, señor licenciado, señor presidente Cárdenas, no es que no veamos las ventajas, sino que tememos decir que sí, y que, bueno, las asambleas digan que no… Sobre todo porque esto quiere decir volver al trabajo sin haber logrado nada todavía… En todo caso, ¿Cuánto se tardará el arbitraje? 

Calderón: Meses…

L. O.: ¿Juicio de orden económico? ¿examinarán libros, contabilidades, producción, pago de impuestos, todo?

Calderón: Todo.

L. 0.: Nos conviene… Pero, ¿Y si no aceptan los compañeros?

Cárdenas: Si ustedes deciden volver al trabajo, yo asumo con ustedes la responsabilidad de ese acuerdo: pueden informarlo así a sus compañeros.

L. 0.: Con esa garantía, desde luego que sí, no faltaba más, señor presidente. 

Cárdenas: En la inteligencia de que al someter a ustedes sus demandas al arbitraje, se les dará la justicia que les corresponda, de acuerdo con la ley.

L. O.: Muy bien: se verá que estamos pidiendo hasta menos de lo que nos corresponde.

               (Se cierra el Líder Obrero)

Calderón: Y para informale, señor presidente, de la integración del Grupo número Siete de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, que conocerá el juicio de carácter económico del Sindicato de Trabajadores Petroleros contra las compañías petroleras que operan en nuestro país: como representante del capital, el licenciado Jacobo Pérez Verdía; como representante del trabajo, el señor Norberto López Rocha, y como representante del gobierno el licenciado Gustavo Corona.

Cárdenas: ¿Han comenzado?

Calderón: Inmediatamente, señor. Se ha nombrado una comisión pericial: Efraín Buenrostro, presidente; Mariano Moctezuma, vocal; y como secretario el maestro Jesús Silva Herzog. 

Cárdenas: Por favor, todo dentro de la ley y de acuerdo con la ley. 

Calderón: Agotaremos todas las posibilidades de investigación dentro de la ley, y rendiremos a su tiempo un informe y un dictamen. ¿Alguna otra observación, señor presidente? 

Cárdenas: Ninguna. Muchas gracias.

               (Se cierra el Líder Obrero)

               Escena 4

Hay: (Abriéndose, feliz) ¡Señor presidente, Castillo Nájera lo hizo!

Cárdenas: (Contento)  ¿Ha sido derogado el Articulo Octavo del Tratado de Limites de 1853?

Mújica: (Abriéndose) ¡El vergonzoso tratado de La Mesilla!.

Hay: Ya no, general: la vergüenza era ese Artículo Octavo que los Estados Unidos impusieron a Santa Anna, y que nos obligaba a aceptar que los mismos Estados Unidos construyeran una carretera y un ferrocarril en el Istmo de Tehuantepec ¡bajo su protección!, ¡ha sido borrado para siempre!

Mújica: Señor presidente, ese tratado comprometía la soberanía nacional, y hemos quedado libres de tal amenaza: acepte usted mis congratulaciones y mi gratitud como mexicano. 

Cárdenas: Gracias, señor Secretario: sus palabras tienen para mi el inmenso valor que significa su personalidad como Diputado Constituyente.

Mújica: Lo mismo al señor embajador Castillo Nájera y al señor Ministro, licenciado y general Eduardo Hay. 

Hay: Por otra lado, señor presidente, lamento informar a usted que Hitler invadió Austria.

Cárdenas: ¡Después de haber reconocido su independencia y de haber firmado un tratado de no intervención!

Hay: Señor, Mussolini invadió Etiopía.

Cárdenas: (Después de una pausa) Agresiones. ¿Contra quién irán después? La protesta de México debe ser escuchada en todo el mundo.

Hay: Chamberlain y Daladier se reunirán con Hitler y Mussolini.

Cárdenas: ¿Para qué? ¿Cómo pueden Inglaterra y Francia defender la soberanía de ningún pueblo, cuando ellas mismas mantienen la opresión en sus colonias? No hay arreglo posible: vendrá la guerra. (Pausa.) Por otra parte, esa situación favorece nuestra propia lucha: las compañías petroleras pierden mucho apoyo de sus gobiernos.

Hay: Por cierto, señor presidente, se ha iniciado en nuestra contra una campaña de desprestigio, difamatoria, en la prensa extranjera. 

Cárdenas: Que repercutirá en nuestro propio país. La prensa extranjera al servicio de los grandes monopolios, y nuestra prensa al servicio de intereses extraños. Lamentable todo esto. (Pausa.)Licenciado Hay, nuestra posición internacional será la misma: defender contra quien sea la no intervención y la autoderterminación de los Pueblos. Y en cuanto a la prensa extranjerizante, le haremos un llamado que seguramente no atenderá, porque son más fuertes sus intereses económicos que el sentido de patria, aunque desde luego encontraremos éco en los buenos mexicanos… ¿Otra cosa, señor licenciado? 

Hay: Solamente darle a conocer que continúan llegando muestras de simpatía y congratulación por nuestra intervención en la Conferencia de Buenos Aires, donde defendimos la no intervención de las potencias en los asuntos internos de los pueblos. Y es todo, señor, si no dispone usted otra cosa.

Cárdenas: Que el licenciado Beteta redacte una nota explicando nuestra actitud en el caso de la República Española, y se envíe a todos los gobiernos amigos. Y estemos atentos a las reacciones de la prensa y de los gobiernos en el caso de nuestro petróleo. Gracias.

Hay: (Se cierra)

Mújica: Situación curiosa la nuestra. 

Cárdenas: ¿La internacional?

Mújica: Sí. Unos países nos respetan, otros nos admiran; sin embargo hay dos o tres que nos desprecian y alguno que además nos insulta. Me indignan los mexicanos que los apoyan, despreciándose a sí mismos y a todo lo que es nuestra patria. 

Cárdenas: Comenzamos apenas nuestra proyección internacional después de la Revolución, y nos haremos valer ante quien sea, de dentro y de fuera.

Narradora: Para entender mejor las situaciones, les ruego me permitan transformarme en Amalia Solórzano, esposa de mi general Cárdenas. En una situación como ésta ella entraría como descuidada diciendo: Pensé que estarías solo, discúlpeme, general Múgica.  

Cárdenas: Ami, alguna cosa te tiene inquieta, ¿qué es?

Amalia: Estoy preocupada… por el asunto ése del petróleo. 

Cárdenas: Te lo agradezco. Sí, es un asunto delicado. 

Amalia: Sin embargo te veo muy confiado.

Mújica: El Pueblo.

Cárdenas: Ahí está toda mi fuerza, y es mucha.

Mújica: En esta ocasión el Pueblo estará verdaderamente unido a su presidente. 

Cárdenas: Excepto dos o tres traidores a nuestra patria; pero no importa: ésta es una lucha común: pronto vendrá la ocasión para demostrarlo.

Amalia: Es verdad. Se siente en el ambiente una tensión que precede a algo importante… Y todos te quieren, te respetan, el pueblo te sigue… 

Cárdenas: Porque soy uno de ellos. Mis padres fueron muy pobres, y desde pequeño trabajé para ganar el pan de toda la familia: escribiente, alcaide, campesino y hasta impresor en mi pueblo Jiquilpan. Esto fue después de morir mi padre, porque antes por poco me voy a estudiar, ¿se acuerda, general?

Mújica: Sí, recuerdo que don Francisco Mújica Pérez, mi señor padre, tenía especial interés en ese «muchacho, Lázaro, hijo de don Dámaso y de la señora Felicitas», y por poco interviene para mandarlo a estudiar, ¿a dónde? ¿Morelia o Zamora?

Cárdenas: Parece que más bien era a Zamora.

Mújica: Y seguramente hubiera usted terminado una carrera, ¡con lo que le gusta leer, estudiar y hacer apuntes!

Cárdenas: Sí. Pero murió mi padre y tuve que trabajar, y después vino el asesinato del señor Madero, y me uní a la Revolución.

Mújica: ¡Y ahora estamos aquí! 

Cárdenas: ¡Y ahora estamos aquí!

Amalia: ¿Te comento lo de Morelia?

Cárdenas: Sí, por favor. Ayer regresaste de Morelia y aún no me has dicho cómo están nuestros niños.

Amalia: ¡Muy bien! ¿Creerá usted, señor general, que esos niños españoles ni parece que se acuerden de su tierra?

Mújica: Le creo. Y tenga por seguro que en España se acuerdan de México con profundo agradecimiento.

(Se cierran  Amalia y Mújica.)

            Escena 5

Calderón: (Abriéndose) Las principales compañías petroleras que operan en México forman parte de la Standard Oil y de la Royal Dutch Shell.

Representante Petrolero: (Abriéndose) Mentira. Son compañías mexicanas, con capital mexicano, cuyas acciones se cotizan libremente en Londres y Nueva York.

Calderón: El 60 por ciento de la producción se exporta a dos países: Estados Unidos e Inglaterra. Tanto por su origen como por sus intereses, las compañías petroleras nunca han estado vinculadas al país y sus intereses son ajenas y hasta opuestos al interés nacional.

R. P.: Nueva mentira y manifiesta mala fe: desde siempre hemos estado al pendiente de les sucesos de México y, claro, tenemos que vender el petróleo donde lo compran.

Calderón: Las compañías han recurrido a toda clase de trucos y falsedades para no pagar completos los impuestos, a pesar de que la industria petrolera de México es la más rentable del mundo: en relación a su capital invertido en Estados Unidos obtuvieron ganancias por el 6,13 por ciento, ¡Y en México del 16.18 por ciento!

R. P.: Este señor no sabe nada de contabilidad ni de manejar una industria petrolera.

Líder 0brero: (Abriéndose) Entre otras cosas eso significa que la mano de obra mexicana está muy mal pagada. Exprimen al Obrero mexicano descontándole víveres y ropa ¡que les dan en tiendas de raya! ¡Reviven la ignominia de las haciendas explotadoras de campesinos, para explotar obreros!

Calderón: Y exprimen nuestra economía con la más grande de todas las burlas; nos venden nuestros propios productos más caros que en el resto del mundo: El gasoil 170 por ciento más caro. La gasolina 135 por ciento más cara. La kerosina 340 por ciento más alta. Y hasta 350 por ciento más alto los lubricantes.

L. O.: A pesar de todos los fraudes, el ocultamiento de utilidades y las maniobras como la de los famosos «pesos esterlinos» la Comisión Pericial descubrió que en los últimos tres años las compañías obtuvieron por lo menos 170 millones de posos en ganancias libres de todo gravamen; ¡por lo tanto sí pueden pagar los 26 millones de pesos anuales que piden los obreros!

Narradora: Una pausa. El “peso esterlino” era una moneda inventada por los ingleses y sólo reconocida por ellos, con el que mantenían una contabilidad falsa, simplemente cotizando el “peso esterlino” a su conveniencia; o sea, siempre muy por abajo del valor real de los productos explotados y exportados. Seguimos:

R. P.: Los peritos de la Comisión Pericial todo lo enredan y acomodan de acuerdo a sus muy personales teorías económico-políticas. ¡No saben nada de economía, de contabilidad, de nada! Además, ¡todos son comunistas!

Calderón: Esto dice finalmente la Sala de Conciliación y Arbitraje: “Existe un desequilibrio entre los factores de la producción en la industria petrolera, desequilibrio imputable a las compañías demandadas, las cuales están en posibilidad de aumentar los salarios de sus trabajadores y mejorar las condiciones de trabajo de éstos hasta por la suma de 26 millones de pesos. Por lo tanto se condena a las compañías al pago de salarios y demás prestaciones, a partir del l8 de mayo de 1937…”

Narrador: Ahora yo haré el papel de los empresarios y los medios de comunicación que se opusieron, por lo que sea, generalmente dinero, de parte de las compañías. Y ésta era su actitud: ¡No, no, deténganse, no hagan eso, no nos enemistemos con ellos, son fuertes, son poderosos, sus capitales sirven al país!

Narradora: Y haré el papel del pueblo, el cual reaccionaba así: ¡Fuera con ésos, ¿qué se traen? Vendidos. Vendepatrias. Prestanombres, Traidores. Nos están robando y ésos dicen que nos benefician: fuera con ellos y con los extranjeros explotadores!

R. P.: Iniciaremos lo de costumbre: aumento de costos en los combustibles…

Narrador: Retiro de capitales en los bancos. Cohecho a las autoridades. Compra de los Líderes. Estorbar toda negociación mexicana en el extranjero.

R. P.: Llevaremos a extremos el desprestigio de México en la prensa de Estados Unidos y de Inglaterra. Y Algo más: enfrentaremos a la masa trabajadora, para que se despedacen entre ellos.

Narrador: Si, claro, muy bien pensado, ya han enfrentado a los generalotes y siempre con eso obtenido ganancias; enfrentarán ahora a los obreros y las ganancias serán mayores. Por algo son tan poderosos estos señores: son unos genios. ¡Enfrentar a los obreros!

L. O.: ¡Compañeros, es importante mantener la disciplina: nadie dé un paso atrás: todos unidos con los trabajadores petroleros!

Narradora: Si. Si. Justicia. Que paguen lo que deben las compañías.

L. O.: Detengamos el saqueo de nuestros recursos, y defendamos nuestros salarios. 

Narradora: Sí. Sí. Que se cumpla la ley, que acaten la justicia de nuestro país. Es la Ley. Que paguen a los Obreros.

Narrador: Un momento: esperen, por favor. No nos enemistemos con ellos. 

R. P.: Estoy cansado de estos mexicanos ladrones. Hagamos intervenir decididamente a nuestros gobiernos. Y si es necesaria la intervención armada, intervendremos.

Narrador: No, no, por favor. ¿Ya ven? Los hemos hecho enojar. ¿Que vamos a hacer ahora? ¡Oh, qué desgracia! Les daremos un consejo, somos mexicanos que vemos por el bien de la patria. Vamos a esperar el final del arbitraje económico.

R. P.: ¿Los mexicanos manejando nuestros negocios? ¡Por favor!

Cárdenas: ¿Estamos capacitados?

R. O.: Tendría que hacerse una reestructuración total para manejar las empresas como una sola, y no es posible: son 17 compañías, todas con intereses muy diversos, y hasta encontrados, y de diferentes nacionalidades.

R. P.: Nos harán perder millones de dólares, aunque… ¡No! ¡Ahora que lo pienso: ganaremos millones de dólares! ¡Los accionistas nos levantarán monumentos! ¡Que nos intervengan estos grasientos mexicanos! ¡Pero ya!

Cárdenas: ¿Cuál sería nuestro más grande peligro?

L. O. 2: Muy pronto necesitaremos equipo, refacciones, herramientas, y deberemos cuidar que no sufra daño el instrumental más delicado.

R. P.: Los mexicanos no tienen ni con que hacer un tornillo: No puedo ni siquiera imaginarlos con todas las industrias del petróleo en sus manos. Entonces, si nos intervienen, que se giren las órdenes oportunas: ¡bloqueo total a los mexicanos en la venta de refacciones, herramientas y equipo!

L. O.: Señor presidente, brigadas de obreros cuidan los pozos y los almacenes. 

Calderón: Los Ingenieros mexicanos cuidan las instalaciones más valiosas.

R. P.: Cerraremos a los mexicanos todos los mercados para la venta del petróleo, mientras dure la intervención. Y para completar el cuadro hagamos una guerra civil, Que se maten los mexicanos unos a otros: la experiencia nos ha enseñado que es la mejor manera de librarnos de ellos y de sus pretensiones estúpidas. Muy bien, señores habitantes de este pobrecito país, nosotros los obligaremos a intervenirnos; los esperaremos en nuestras gerencias, para entregarles nuestras industrias. ¡Ya nos pedirán que regresemos! Y volveremos, ¡Seremos entonces los dueños de todo, no sólo del petróleo! 

Calderón: El interés que tienen es mantener a México como un campo de explotación del esfuerzo humano, productor de materias primas con mano de obra barata, y ni siquiera reinvierten en México sus cuantiosas utilidades, sino que únicamente nos dejan tierras yermas, subsuelos empobrecidos, salarios de hambre y muchos malestares sociales.

Narradora: (Diversas exclamaciones contra las compañías, mientras habla el líder obrero:)

L. O.: Por todo esto, compañeros, los obreros de México declaran estar dispuestos a cualquier sacrificio por defender la autonomía de la patria, estar dispuesto inclusive a empuñar las armas para defendernos contra la reacción y el imperialismo.

Narradora: ¡No es la primera vez que luchamos contra el imperialismo desde la Independencia, y desde entonces hemos conservado nuestra libertad a costa de muchos pesares! ¡Debemos seguir siendo libres!

               (Se cierran todos)

               Escena 6

Narrador: Ahora, pues se trata de un teatro documental, o algo parecido, daremos a ustedes algunos antecedentes  para entender mejor el pensamiento y las acciones del gobierno, de las compañías petroleras, de los obreros y del pueblo en los años de 1937 y 1938.

Narradora: Las compañías petroleras, por medio del infausto embajador Wilson, ayudaron a la caída del señor Madero porque las obligó a registrarse y las gravó con un impuesto especial.

Narradora: Las compañías petroleras obligaron al almirante Fletcher a intentar un desembarco en Tuxpan, lo que no pudo hacer porque ahí estaba un calzonudo general de la Revolución, Cándido Aguilar; en cambio sí lo hizo en Veracruz, donde encontró poca resistencia y algunos mexicanos colaboracionistas, ¡nada menos!

Narrador: ¿Y esas compañías no han peleado, valiéndose de cualquier medio, por la derogación del Artículo 27 Constitucional? Para ello le dieron armas a Manuel Peláez, quien hasta trató de formar una “república independiente” en la región petrolera de La Huasteca. 

Narradora: Y el mismísimo revolucionario Arnulfo R. Gómez cedió a la tentación del dinero y del poder y se lanzó para presidente en 1917 ofreciendo cambios en la legislación petrolera, ¿y dónde estaba Arnulfo R. Gómez en 1917? ¡Era Jefe de Operaciones Militares en la Zona del Golfo de México, precisamente! 

Narrador: Cuando el presidente Calles promulgó en 1925 la Ley Reglamentaria del Petróleo, el presidente Coolidge y su Secretario de Estado Kellog y el embajador de USA en México, señor Sheffield, prepararon un plan de invasión militar a México, y si no tuvimos una nueva guerra con Estados Unidos fue porque al conocerlo el presidente Calles lo hizo publicar, entonces Inglaterra, Holanda, como países interesados en el petrolero mexicano, reaccionaron alarmados, junto con todos los países europeos. Esto detuvo a los gringos para invadirnos, pero no para apoderarse de nuestro petróleo. 

Cárdenas: (Abriéndose, yendo hacia el proscenio) La Revolución no es una farsa, y nuestro programa de gobierno es el programa del pueblo, por eso se organizan obreros y campesinos dentro de la ley. Entiéndanlo todos: la continuidad histórica de las luchas populares por la emancipación política, cultural, social y económica de México, constituye el proceso lógico de su integración como nación soberana e independiente. 

               Escena 7

            (Se abre Calderón)

Representante Petrolero: (Abriéndose) Señor presidente, deseamos manifestar a usted que no estamos en condiciones de cumplir con los términos a que nos obliga el Laudo,

Calderón: Las compañías presentaron ya las objeciones al Laudo, y las hemos estudiado, señor presidente: no invalidan la conclusión: sí tienen capacidad para pagar las 26 millones de pesos que piden los Obreros.

R. P.: Entonces en alguna parte debemos estar equivocados nosotros, y definitivamente no conocemos bien nuestros propios negocios. Además, esos 26 millones no son tales; decir, 26 millones es teoría; en realidad se nos obliga a un desembolso de más de 40 millones de pesos anuales.

Cárdenas: Podemos buscar la forma de que eso no suceda, Por ejemplo, se podría hablar con el sindicato para formar una comisión mixta con representantes del propio sindicato, de ustedes mismos y del gobierno, comisión que vigile que no se exceda la cantidad señalada por el Laudo.

R. P.: ¿Y quién nos garantiza que eso será así, y no de otro modo después? 

Cárdenas: Se los garantizo yo, el presidente de la república.

R. P.: (Después de una pausa) No podemos aceptar, ni con la garantía de nadie.

Cárdenas: señores, no haremos nada que no esté dentro de la ley. Esta reunión ya no tiene objeto.

R. P.: Apelaremos a la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Cárdenas: Buenas tardes.

               (Se cierran todos)

               Escena 8

Narradora: Esto sucedió en La Huasteca, allá por 1928. Mi general Cárdenas fue nombrado Jefe de Operaciones en esa región y tuvo muchas experiencias desagradables. Por ejemplo, las compañías intentaron sobornarlo con cincuenta mil dólares de aquellos, para que no desarmara a las “guardias blancas”, que mataban y maltrataban a los mexicanos sin piedad, e intentaron regalarle un automóvil Pakard nuevecito para que no se metiera en los asuntos de conflictos con los campesinos. Vamos a suponer que mi compañero el Narrador se transforma en un ingeniero petrolero mexicano, claro, y mantiene esta plática con mi general:

Cárdenas: (Abriéndose) Tierras excelentes, pastizales enormes: aquí se levantarían cosechas continuamente y los criaderos de ganado abastecerían a todo el pueblo.

Ingeniero: Si, pero en estos rumbos todos tienen los ojos pintados de negro, de negro chapopote. Usted está recién llegado y apenas comienza a darse cuenta de las cosas; después se va a asquear.

Cárdenas: Bueno, ya huele bastante mal ese gas que se escapa por todas partes.

Ingeniero: Y le parecerá peste lo que significa: que el petróleo del territorio mexicano se extrae en grandes cantidades, sin precaución alguna y de la manera más desorganizada. 

Cárdenas: ¿Algo parecido al saqueo?

Ingeniero: Más que menos. 

Asistente: ¿Qué cantidades?

Ingeniero: Se calcula que de 1914 a 1918 se extrajeron doscientos diecinueve millones de barriles.

Cárdenas: ¿Por qué me da usted datos así de imprecisos? 

Ingeniero: Porque son los de la guerra. Sin temor a exagerar puedo decirles que el petróleo mexicano ganó la guerra. Sí. La guerra se ganó desde la «Faja de 0ro», aquí, en La Huasteca. Especialmente Inglaterra, cuya caballerosidad, por cierto, se ha olvidado de dar la gracias. 

Cárdenas: Y por lo visto, ni las dará.

Ingeniero: Y de 1919 a 1924 las compañías han extraído casi mil millones de barriles.

Cárdenas: ¿Cuánto ha sido hasta 1927?

Ingeniero: No se sabe con certeza, porque las compañías han ocultado cuidadosamente su producción, pero ciertamente han sido muchos millones más de los han declarado.

Cárdenas: Una enorme riqueza; incalculable.

Ingeniero: Para los extranjeros. Vean ustedes como viven los dueños de las tierras donde se perforan los pozos: les pagan cinco centavos de renta anual. Y no pregunte cómo poseen las compañías tierras por sí o por los intermediarios, que son muchos y da vergüenza como son serviles. Y tampoco pregunten cómo andan los pagos de sus impuestos, sobre todo esa compañía El Águila, de los Ingleses.

Cárdenas: Van dos veces que habla usted así de los ingleses, ¿por qué? 

Ingeniero: Bueno, en realidad no sé que sea más cruel y vergonzoso para nosotros: si la explotación despiadada a que somete Inglaterra nuestro petróleo, o lo que hacen los gringos: mientras exprimen un pozo descubren nuevos yacimientos y cierran las válvulas; piensan que la riqueza de México es una reserva de su propiedad, para su propio país…

Líder Obrero(Abriéndose) Esos güeros. Grinqos, ingleses: todos son iguales. Mire usted, yo soy mecánico y no por nada, pero le sé más al asunto que los güeros ésos, y ¿sabe qué? Todos ganan más que yo. Pedí que me aumentaran y ¿sabe qué? No me contestaron siquiera: se burlaron de mí.

Cárdenas: Pero ustedes tienen derechos…

Líder Obrero: Muchos derechos, ¿y qué? No nos reconocen ninguno. Y hablamos tantito de más y queremos organizarnos y ahí está lo que pasa: sindicatos blancos, y los que protestamos, para afuera. 0 peor, ¿qué pasó en Minatitlán? Asesinaron a Bernardo Simoneen y a José Arenas. Y a Antonio Castillo en Tampico. Y también al compañero Serapio, cuando nos informó que le ofrecieron 39 mil pesos para comprarlo. Mejor que nos acordemos de los compañeros que nos han precedido en la lucha, para seguirla nosotros y que su sangre no se pierda por miedosos nosotros.

Ingeniero: Los campos petroleros parece que fueran otro país, donde sólo la ley de las compañías manda; hasta tienen cárceles propias, para los mexicanos, claro.

Cárdenas: (Se queda solo, mirando arriba, pensativo)

               Escena 9

               (Se abren todos, desde sus lugares)

Calderón(Adelantándose) Señor presidente, la Suprema Corte falló en contra de la compañías petroleras… Y las compañías no acatan el fallo.

(Pausa tensa.)

Cárdenas: No podremos manejar diez y siete compañías diferentes; pero ciertamente podremos hacerlo con una sola. Expropiación. Expropiaremos conforme a la ley a las diez y siete, y las fundiremos una sola que se llamará Petróleos Mexicanos. 

(Pausa)

Narradora: (En su papel de pueblo) ¡Abajo las compañías. Que cumplan con la ley. Vivan los obreros petroleros. Viva Cárdenas!

Narrador: (En su papel de servil) No es posible, no, no, ¿qué van a decir de nosotros en el extranjero? Ya no tendremos amigos ni quien nos compre. Nos tratarán de bandoleros. Oh, qué desgracia, ojalá podamos evitarla.

Cárdenas: La deuda por el pago de la expropiación será muy grande, ¿podremos pagarla sin sacrificios demasiado pesados para el pueblo?

Calderón: Científicamente explotado nuestro petróleo, y administrado con honradez, no sólo pagará a plazo razonable la deuda, sino que dejará grandes ganancias.

Cárdenas: Licenciado, por favor, auxiliado por todo el equipo que llevó el caso, redacte el Decreto de Expropiación, y que la Secretaría de Relaciones exponga también su parecer.

Calderón: Lo haremos con mucho gusto, señor. (Se cierra)

Cárdenas: General Mújica, aplicaremos el 27 Constitucional y la Ley de Expropiación de 1936.

Mújica: A sus órdenes, señor presidente. Recordando los grandes males de tres siglos de la Colonia, y los abusos de los extranjeros durante la dictadura de don Porfirio, bien lo establecimos en Querétaro: corresponde a la Nación el dominio del petróleo  y de todos los hidrocarburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos. Y agregamos algo que ahora debe quedar bien claro para todo el mundo: El dominio de la Nación sobre sus riquezas naturales es inalienable e imprescriptible.

Cárdenas: Ahora debemos cuidar que no surja en el futuro un prevaricador que arroje de nuevo a la Patria a los pies del extranjero, y menos tratándose de las riquezas del subsuelo; y si surge, que el pueblo pueda conocerlo sin dudas y lo identifique como traidor. General, redacta por favor un manifiesto a la nación, donde se explique claramente por qué expropiamos.

Mújica: (Orgulloso, acata y se cierra.)

Escena 10

Líder Obrero: (Abriéndose enojado) ¡Señor presidente, el Pueblo no puede tolerar más la desvergüenza y los insultos de las compañías petroleras!

Representante Petrolero: (Se abre, amenazador)

Calderón: (Se abre, y entrega a Cárdenas un documento)

Cárdenas: (Después de medio leer este documento) ¿La comisión que ha redactado este documento está unánimemente de acuerdo?

Calderón: Sí, señor presidente.

Mújica: (Se abre y entrega a Cárdenas un documento)

Cárdenas: (Recibe el documento y le hace rápidas correcciones) Señores, los invito a firmar conmigo el decreto de expropiación de la industria petrolera.

(Pausa en la que se nota la tensión que ha provocado el anuncio. En medio de pesado silencio todos se adelantan a firmar) 

Hay: Señores, este documento es la segunda independencia de México y yo me honro en firmarlo. (Lo firma.)

Mújica: Terminaremos con la intervención intolerable de las compañías petroleras para siempre. 

R. P.: ¿Expropiación? Eso no lo teníamos contemplado. iEs un atraco!

Narrador: iEs un robo! ¡Nos dirán ladrones, abigeos! ¡Qué vergüenza!

R. P.: ¡Debemos impedirlo! (Acompañado del Narrador, intenta acercarse a Cárdenas)

Mújica, Narradora y el Líder Obrero: (Se lo impiden) 

 Todos: (Excepto el Representante Petrolero, hacen un semicírculo a los lados y atrás de Cárdenas, junto a éste queda Narradora)

Cárdenas: (Calmadamente, en el proscenio) Manifiesto a la Nación … (Silencio total ) ¡Mexicanos . . .!

Todos: (Levantando la mano empuñada) ¡Mexicanos! 

(Todos se congelan y baja el)

Telón

Fin de la Variación Uno

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