LIBÉRRIMA. «UN ECOCIDIO ANUNCIADO»

Lic. Ulises Romero H; Dr. Víctor M. Pérez, autor; Comentaristas Dr. Alejandro Tortolero V. y Dr. Napoleón Guzmán Ávila.

 Estuve en la presentación del libro “Legislación y aplicación de políticas forestales en Michoacán, 1915-1958”, con el subtítulo de “El proyecto conservacionista del general Lázaro Cárdenas”, del Doctor en Historia Víctor Manuel Pérez Talavera. Debo confesar que salí triste a la par que enojado, ante la impotencia de los ciudadanos comunes y de las asociaciones llamadas a veces con desprecio ecologistas o conservacionistas, y más cuando se considera también el daño a la fauna, muchas de cuyas especies han desaparecido por el hacha que corta los árboles.

Es un libro muy cuidado en sus contenidos, preciso en sus citas, y por el cual el autor, además de presentar el producto de una investigación bien hecha, intenta hacernos comprender que los bosques son parte esencial de nuestra sociedad humana y de nuestra herencia cultural, y nos invita a crear la conciencia de que la montaña y los árboles son personajes de la historia, de nuestra historia michoacana, la que estamos consciente y sistemáticamente destruyendo desde hace más de un siglo, o quizás de 500 años.

Hemos llegado a tal grado, que ya en Michoacán no podemos hablar de desforestación, ¡sino de desertificación! Situación terrible que estamos impunemente viviendo.

No diré más del libro, sino de dos escenarios que a propósito del mismo debemos sentirnos claramente responsables. Es el primero nuestra indiferencia de cinco generaciones o más, ante las decisiones indebidas e inadecuadas, plenas de corrupción, de las autoridades políticas desde los tiempos del dictador Porfirio Díaz y del gobernador porfirista Aristeo Mercado, hasta hoy; y el segundo la actual devastación de los bosques por el cultivo del aguacate, consumada por la ambición incontrolable de los productores y la impotencia culpable de las autoridades.

Hay en esto una contradicción francamente insana: el aguacate necesita agua, mucha agua, pero para sembrar aguacate talan el bosque que produce esa agua. ¿No es esto una franca estupidez?

Peor aun: al devastar los bosques en las montañas, los veneros de agua se secan en los valles. Y en Michoacán ya estamos padeciendo por falta de agua, la cual racionalizan ya en ciudades como Morelia, Uruapan, Pátzcuaro o Zitácuaro, o donde ya escasea para los plantíos de los valles de Apatzingán o de Los Reyes, por ejemplo. Pero nadie detiene esa locura: el resultado será: lo que hoy es una riqueza efímera, mañana será una miseria que se compartirá ilimitada, con no sabemos cuántas secuelas de violencia. Para nuestra desgracia ya lo estamos viviendo, y no se ve nada ni nadie que lo detenga.

Dr. Víctor M. Pérez; Fernando López Alanís, y CP Salvador Martínez Piñón, Cronista de Lagunillas.

Se ha venido anunciando por lo menos desde un siglo, y estamos a punto de hacerlo realidad. 

La presentación del libro se hizo en la Biblioteca Pública de Pátzcuaro, bajo el imponente mural de Edmundo O’Gorman. Lo presentaron y comentaron con verdadero conocimiento y sabiduría los Doctores en Historia Alejandro Tortolero Villaseñor, y Napoleón Guzmán Ávila. Estuvo como testigo el Licenciado Ulises Romero Hernández, Director de Archivos del Poder Ejecutivo del Estado, institución que aparece como coeditora con la Universidad de Guanajuato. El libro se puede adquirir precisamente en la Dirección de Archivos mencionada, con el propio autor.

El general Cárdenas decía: “no estoy en contra de la explotación del bosque, sino del desorden al hacerlo”. Y es lo que hemos estado haciendo o permitiendo que se haga: el desorden total, y más: los taladores de todo tipo y tamaño, durante una centuria NO han replantado un solo pino, ni un oyamel, ni un fresno, ni un huizache siquiera.

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