LIBÉRRIMA. “Fusilar a los traidores”

Este día conmemoramos (hacemos recuerdo) del fusilamiento de un extranjero invasor, Maximiliano de Habsburgo, y de dos generales mexicanos traidores, Miguel Miramón y Tomás Mejía. Esta acción se realizó el 19 de Junio de 1867 en el Cerro de las Campanas, entonces a las afueras de la ciudad de Querétaro. 

Fue, primero, una acción legal, y, segundo, el acto de un gobierno de un estado soberano que había sido invadido por una potencia extranjera, auxiliado por mexicanos traidores. 

La acción legal se sujeto a la Ley del 25 de Enero de 1862, “para castigar los delitos contra la nación, contra el orden, la paz pública y las garantías individuales”; es decir, publicada 5 años antes, cuando nadie esperaba lo que sucedería después. Y para conocimiento de todos, y para conformar criterios verdaderos (excentos de prejucios de partido o de influencia religiosa) citamos los principales artículos que se aplicaron: 

“Artículo 1o. Entre los delitos contra la independencia y seguridad de la Nación, se comprende: I. La invasión armada, hecha al territorio de la República por extranjeros y mexicanos, o por los primeros solamente, sin que se haya precedido declaración de guerra por parte de la potencia a que pertenezca. II. El servicio voluntario de mexicanos en las tropas extranjeras enemigas, sea cual fuere el carácter con que las acompañen. III. La invasión hecha por mexicanos, o por extranjeros residentes en la República, a los súbditos de otras potencias, para invadir el territorio nacional, o cambiar la forma de Gobierno que se ha dado la República, cualquiera que sea el pretexto que se tome. IV. Cualquiera especie de complicidad para excitar o preparar la invasiónpara favorecer su realización y éxito. V. En caso de verificarse la invasión contribuir de alguna manera a que en los puntos ocupados por el invasor, se organice cualquier simulacro de gobierno, dando su voto, concurriendo a juntas, formando actas, aceptando empleo o comisión, sea del invasor mismo o de otras personas delegadas por éste.

“Artículo 8o. Siempre que una sentencia del Consejo de Guerra ordinario, sea confirmada por el comandante militar respectivo (En este Caso Mariano Escobedo, quien confirmó la sentencia), generales en jefe o gobernadores en su caso, se ejecutará desde luego, sin ulterior recurso, y como está prevenido para el tiempo de guerra o estado de sitio.”

“Artículo 9o. En los delitos contra la Nación, contra el orden, la paz pública y las garantías individuales que se han especificado en esta ley, no es admisible el recurso de indulto.”

Maximiliano, Tomás Mejía y
Miguel Miramón

“Artículo 12. La invasión hecha al territorio de la República de que habla la fracción I del artículo primero de esta ley, y el servicio de mexicanos en tropas extranjeras enemigas, de que habla la fracción II, serán castigados con pena de muerte.”

“Artículo 13. La invasión hecha para invadir el territorio de que hablan las fracciones III y IV del artículo primero, se castigará con la pena de muerte.”

Sin embargo, por ser absolutamente necesario a los ojos de todo el mundo que NO se actuaba ni por caprichos ni por venganzas, NO SE APLICÓ LA PENA DE MUERTE NI A ESE INVASOR NI A ESOS GENERALES TRAIDORES, SEGÚN LA MISMA LEY ESTABLECÍA EN EL “Artículo 28. Los reos que sean cogidos infraganti delito, en cualquiera acción de guerra… serán identificadas sus personas y ejecutadas acto continuo.”

El presidente Benito Juárez no concedió el indulto que muchos mexicanos, extranjeros residentes y gobiernos extranjeros le solicitaron, por el cumplimiento de Artículo Noveno, arriba de esa Ley. Cito a José Fuentes Mares (“Miramón, el hombre”) porque explica muy bien estos asuntos: aplicar la ley del 25 de enero “era un trámite procesal para el patíbulo, un trámite que Juárez desahogaba en toda su formalidad para encarnar el papel que se acomodaba a su carácter”; esto es, la legalidad y un mensaje a las potencias extranjeras.

Invasores franceses y traidores mexicanos a su servicio.

Y finalmente, ya que es claro en Maximiliano el haber sido el jefe de una invasión a México, así como el usurpador de una autoridad que nunca le correspondió, y para que nos quede evidente la conducta delictiva de los traidores Miramón y Mejía, el consejo de guerra explica su sentencia de esta manera: “la complicidad de Miramón y Mejía con la intervención francesa es incuestionable porque, demostrado que dicha intervención fue para el establecimiento de una monarquía por medio de la fuerza armada, y confesado por ellos que sivieron al llamado imperio de maximiliano desde un tiempo en que el ejército francés era su apoyo en el país, este reconocimiento y servicios fueron realmente actos de complicidad con la intervención. Es de notarse, y queda también probado, que el general francés, jefe de los invasores, también mandaba en jefe el ejército imperial o franco-mexicano, al cual pertenecieron como generales, en tiempo en que los franceses ocupaban el país”; o sea, apoyaron con sus armas y con sus altos grados un ejército extranjero invasor y sirvieron a un general extranjero que invadió su país matando mexicanos leales y apoderándose de sus bienes y recursos.

Muy claro y evidente, ¿no?

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