LIBÉRRIMA. “Dominarás la tierra”.

Me invitaron a una celebración eucarística a la que asistí con mucho gusto, y en ella me pidieron que leyera el Salmo 8, lo que hice con más cuidado de lector que con interés, pero… me encontré con estas frases refiriéndose a la creación del ser humano en los versículos 5 al 9: “¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes, el hijo de Adán para que de él te cuides? Apenas inferior a un dioslo hicistecoronándole de gloria y esplendor, lo hiciste señor de las obras de tus manos, todo fue puesto por ti bajo sus pies: ovejas y bueyes todos juntos, y aun las bestias del campo y las aves del cielo, y los peces del mar que surcan las sendas de las aguas”.

            No dije nada en ese momento por respeto a la celebración, pero me quedé con la inquietud y después recordé lo sucedido cuando la “creación del hombre” según la Biblia y busqué la cita. Génesis 1: 26: “Y dijo Dios hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y mandeen los peces del mar, y en las aves de los cielos y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas sierpes que serpean por la tierra”; y en el 28 – 30: “Y dijoles Dios: sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra. Ved que os he dado toda hierba de semilla que existe sobre faz de la tierra, así como todo árbol que lleva fruto de semilla, para vosotros será de alimento. Y a todo animal terrestre y a toda ave de los cielos y a toda sierpe animada de vida, toda hierba os doy de alimento”. Y esta creación y mandamiento termina con la conocida frase “vio Dios cuanto había hecho y todo estaba muy bien”.

            Buscando un poco más encontré esta cita del Libro de la Sabiduría, nada menos, que en 9, 2 dice: “Y con tu sabiduría formaste al hombre para que dominase sobre los seres por ti creados”. Hay un agregado interesantísimo que citaremos al final. Y en 10, 2 subraya: “Ella (la Sabiduría) le sacó de su caída y le dio el poder de dominar sobre todas las cosas”.

            Y, para finalizar y no cansar, en 3, 7 de la Carta de Santiago se ratifica: “Toda clase fieras, aves, reptiles y animales marinos puedan ser domados, y de hecho han sido domador por el hombre”.

            Si ahora contemplamos la Historia Humana a partir del Siglo XVI nos encontramos con que en ese tiempo, después de milenios, TODOS los pobladores de América, de África ecuatoriana, de Asia, particularmente de la India y de las penínsulas e innumerables y enormes islas del Océano Índico, y de los Desiertos del Gobi y circunvecinos, TODOS vivían en consonancia, en concordancia con la Naturaleza de que se sabían parte, y por eso la conservaban y sus creencias religiosas estaban estrechamente relacionadas con ese saberse parte de la Naturaleza. Nadie había enseñado a esos millones de seres humanos, ni a los millones que fueron sus padres, que podrían pisotear la naturaleza y explotarla para obtener riquezas a cambio de su destrucción, porque así era el mandato de un Dios extraño, justificador del desastre desde unos cinco mil o más miles de años antes.

            Y aún en la actualidad ¿quiénes son los mayores depredadores de la naturaleza, bajo el disfraz de “aprovechar los recursos naturales”? Sí, efectivamente los países cristianos de Europa, Rusia incluida, los Estadounidenses, y siguiendo su ejemplo grandes naciones como Brasil, India, China, e islas tan grandes que parecen continentes, como todas las Filipinas, Nueva Zelanda y Australia.

            Debemos entender que las enseñanzas sagradas de la Biblia, en este caso (como en muchos otros) crearon una conciencia, una mentalidad, que no sólo permitió, impulsó también la depredación del planeta mediante la competencia por acaparar riqueza. El resultado de esta permisividad divina para dominar y pisotear la naturaleza lo estamos padeciendo ahora toda la Humanidad, con el nombre genérico de “calentamiento global”. Si usted, amable lector, quiere tener una idea de este desastre pida a los buscadores de la Internet “efectos del calentamiento global”, o “efectos del cambio climático”.

            Y entonces, si se acaba la naturaleza por la sobreexplotación y depredación incontrolada, se acabarán los humanos en este planeta. Nada más los humanos. Lo que reste de animales y de plantas “no explotables”, en uno o dos millones de años la volverán a poblar con nuevas formas de vida, y el planeta seguirá girando y viajando en el espacio. Aparecerán otras formas de inteligencia. ¿Y los Humanos…? Pues como dijo un científico cuyo nombre se me ha perdido: “fue un experimento que salió mal, y desaparecieron”. Sencillamente así.

            Y esto de alguna manera, cuestión de interpretación no autorizada, también está en la Biblia. Después de la cita arriba del Libro de la Sabiduría, agrega: “Pero cuando un injusto en su cólera se apartó de ella, pereció por su furor fratricida”.

            ¿No habrá remedio? ¿No hay algún modo de salvación? Ciertamente lo hay: cambiando esa mentalidad “bíblica” creada durante las últimas 4 centurias, para revertir a favor de la Naturaleza todo lo que hemos hecho hasta hoy en su contra. Ésta es una cuestión de Género: el Género Humano, los 8 mil millones que somos ahora. No es sólo cuestión de los enormes conjuntos empresariales que sobreexplotan y contaminan en todo el mundo; también es cuestión del individuo que tira en la calle una basura cualquiera (multiplícala por 4 mil millones), o del niño que abre una paleta de dulce y deja caer la envoltura de plástico (multiplícalo por mil millones): así podremos comprender que la verdadera responsabilidad es de la Humanidad. 

            Y así quizás también podamos comprender que la Naturaleza no es para pisotearla ni domarla, sino para respetarla y amarla porque somos parte de ella, y que de no hacerlo nosotros pereceremos, pero ella no, ni el planeta. Gracias por acompañarme en estas reflexiones sobre un tema de actualidad, y quedo a sus órdenes para enriquecerlas. Saludos a todos, y Bendiciones. 

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