LA SUCESION DEL 39 (Francisco José Múgica V.)

LA SUCESION DEL 39. 

Obra para Teatro en II Actos, de Fernando López Alanís

Advertencia:

                        Esta obra la escribí durante el año que conmemora el Centenario del Natalicio de Francisco José Múgica Velásquez. Es todavía muy arriesgado hablar de él, porque perduran todas las contradicciones y controversias que ese gran hombre despertó en vida. Valiéndome del simbolismo escénico lo tomo a él, a sus amigos –representados por los seis personajes que lo rodean, y que por este motivo de pronto parecen uno solo multiplicado por seis—y a sus “opositores” –representados en la misma forma por los otros tres personajes–. Espero así evitar que algunas acciones y muchas palabras sean atribuidas a hombres determinados, que todavía viven, o viven sus familiares o sus hijos, y que algún partido tuvieron con respecto a Múgica. Y, desde luego, evitar mucho del peligro que significa Múgica como personaje teatral, para que mi intento aparezca claro, especialmente al término de la obra.

                        Intento también presentar a Múgica como el hombre trascendente que es para México, particularmente en el momento que a mí me parece más grandioso: la sucesión presidencial de 1940. Resultará claro también que esa cronología no fue respetada, sino igualmente simbolizada.

                       Y si no traté a los “adversarios” de mi general Múgica con el mismo respeto irreverente con que él los trataba, espero me dispensen, como también confío en que comprendan si de alguna manera contribuyo a que perduren las ideas revolucionarias y liberales de la mejor tradición mexicana, que él representaba y ahora simboliza.

Atentamente, El Autor.

UN RETRATO

            “En él, serenidad y pasión; serenidad ante los hombres, pasión por las ideas. Habla con calor. Hay en él un analítico, y  el análisis es el poder mayor de su pensamiento. Ágil y viva la mirada, con los ojillos despiertos y luminosos de quien ha doblado el cabo de los cincuenta años y sigue amando y pensando en la vida. En la ropa de vestir lleva una unidad con su temperamento y con su fisionomía. El nudo de la corbata suelto e inclinado hacia un lado; un chaleco entallado al cuerpo, un flux mascota con una línea diluida en el pantalón, unos botines bayos, como los que usaban los abuelitos. Cuando lee o cuando escribe, calza anteojos con aros de carey. Escribe con inusitada rapidez haciendo rechinar la pluma sobre el papel; y con la rapidez con que escribe es con la que habla, aunque teniendo la virtud de, al referirse a problemas trascendentales, saber ser cauto en sus expresiones, aunque sin que nunca las rectifique, pero sí las complemente”.  (José C. Valdez)

 

PRERSONAJES:

Francisco J. Múgica, General, precandidato presidencial del PRM

Asistente militar de Múgica

Carolina, Secretaria de Múgica

General, compañero revolucionario de Múgica

Líder Obrero

Diego Rivera, conocido pintor muralista.

Líder Campesino

Estudiante

Gobernador, Producto de la revolución.

Obispo, (Pietrasanta, de Zamora)

VESTUARIO:          Época de 1938 – 1940

 

ACTO I

Escena 1

            (Despacho de Múgica en la SCOP. Amplio, austero. Dos ventanas con pesados cortinajes. Escritorio de madera con dos teléfonos: el general y el de la red del gobierno; sillón de respaldo alto y dos sillas para los visitantes; sala para recepción con muebles de cuero y mesa de centro. Dos entradas, la 1 uno para la secretaría y la 2 dos para el público. En  una pared el mapa de América, donde se resalta la república mexicana, marcando claramente los estados del sur de los Estados Unidos y toda la silueta de Centroamérica.)

Múgica: (Contempla de pie el mapa) Los tiempos no pueden ser más favorables para el triunfo definitivo de la Revolución. Se acabaron las luchas políticas en torno a hombres poderosos; y por primera vez es posible que el pueblo se manifieste como al principio. Terminada la última aventura guerrera del general Cedillo, en unos cerros sin nombre donde murió, no tienen los mexicanos por qué empuñar civilmente de nuevo las armas. El presidente Cárdenas ha hecho demasiado, pero falta mucho. Es necesario terminar la obra de la Revolución y la de Lázaro Cárdenas, y yo soy el único que puede hacerlo. Y lo haré. Todo parece indicar que lo haré. Pondremos finalmente el cimento para construir un país poderoso, a pesar de los fanáticos y de los traidores y de los extranjeros…

Asistente: (Afuera) Ya llegó, aquí está su portafolios.

Carolina: (Afuera) Adelántese. Paso en seguida.

Escena 2

Asistente: (Entrando con el portafolios por la puerta 1) Buenos días, general. (Deja el portafolios sobre el escritorio.)

Múgica: ¿Es hora de comenzar? ¿Por qué siempre es hora de comenzar? Esta mañana tengo un presentimiento que no logro definir. ¿Te ha sucedido algo parecido a ti?

Asistente: Muchas veces, mi general.

Carolina: (Entrando por la puerta 1) Buenos días, general.

Múgica: ¿Qué tal, Carolina? Buenos días. ¿Cómo está la audiencia esta mañana? (Abre el portafolios y busca algo)

Carolina: Aquí están los reportes del Jefe de Ayudantes. (Entrega unos papeles al Asistente)

Asistente: (Después de examinar los papeles con rapidez) intrascendente en realidad. Sólo han pedido verlo los “Busca chambas”, y uno que otro que a título personal desea patentizar a usted su adhesión.

Múgica: (Encuentra los documentos que buscaba y cierra el portafolios) Debo estudiar estos documentos. A los que vengan con solicitudes de trabajo pregúnteles lo que sepan o puedan hacer y mándenlos con quien crea conveniente, a ver qué suerte tienen; sólo recibiré a quienes traigan asuntos electorales.

Asistente: Muy bien, general.

Múgica: Y  a uno que otro de mis amigos.

Asistente: muy bien.

Carolina: Llegó esto (le entrega un sobre). Viene de la Secretaria de la Defensa y está marcado “Personal”.

Múgica: Gracias.

Carolina: ¿Alguna otra indicación, señor?

Múgica: Si acaso atender los pendientes…

Carolina: Con permiso. (Sale)

Múgica: (Abre el sobre y lee rápidamente. A media voz) Almazán esperará a que nos destrocemos Sánchez Tapia, Ávila Camacho y yo… (Normal) Esta significa que la oposición será él; finalmente se reconoce fuera de posibilidades en el partido oficial. Interesante. ¿Se lo diría el presidente?

Asistente: ¿Puede hacer algo desde ahí?

Múgica: ¿Desde la oposición? Es el atajo que nos mostró Obregón… Es indudable que Almazán ha trazado un buen camino para llegar a la Presidencia: muchos políticos lo seguirán y algunos del pueblo se dejarán engañar. Pero ese camino ya lo conocemos y no nos sorprenderá.

Asistente: A veces no entiendo los vericuetos de la política.

Múgica: Yo tampoco: somos tres precandidatos “oficiales”, por decirlo así. ¿Por qué no cuatro, cinco o diez? El Partido que decida uno, después de estudiar a todos, según su trayectoria, su ideología, su plan de trabajo. ¿Por qué Almazán, que se supone tiene los mismos derechos que nosotros, se embosca y se alía con nuestros enemigos? No entiendo. Aunque sí sé por qué no puede ser la cuarta opción: por traidor y por deshonesto.

Asistente: Eso no lo sabe el pueblo.

Múgica: Pero nos toca a nosotros desenmascararlo. Precisamente esos documentos me ayudarán. Son un resumen de su oposición al señor Madero, de su guerra a los zapatistas, de su mal habida riqueza como fraccionador, dueño de hoteles, de casinos que operan a pesar de los deseos del presidente Cárdenas, y sobre todo como dueño de compañías constructoras, las que posee a partir de que ocupó esta misma Secretaría que ahora ocupo yo.         Antes de que nos destrocemos Sánchez Tapia, Ávila Camacho y yo, destrozaré el general Almazán.

Asistente: Se defenderá. No es hombre que se rinda fácilmente.

Múgica: Almazán tiene compañías constructoras, pero él no es un constructor. No, no se rinde: es muy hombre; pero se puede acabarlo a golpes, porque no ha sabido cimentar, y se cansa, sí, se cansa.

Carolina: Con permiso. (Muestra a Múgica una tarjeta)

Múgica: (Después de ver la tarjeta) Que pase. (Sale Carolina. Al Asistente) Guarde este documento y los que están sobre el escritorio.

            (Mientras obedece el Asistente entre el General por la Puerta 1)

Escena 3

General: ¡Mi querido amigo! (Se abrazan)

Múgica: ¿Te sientas?

General: No, no. Voy de paso. ¿Cómo va todo?

Múgica: ¿Qué todo?

General: ¡Tu campaña política!

Múgica: Bien. Creo que las cosas están saliendo como estaban planeadas. (Al Asistente) No te vayas, tengo algo que         decirte.

General: ¿Planeadas? No me digas que tienes planeado todo lo que está pasando.

Múgica: ¿Y qué está pasando?

General: A veces odio los inventos modernos, y odio que todavía no se inventen los inventos que neutralicen esos inventos. Ese teléfono, mi querido señor ministro, ¿Cuántas veces ha sonado en estos minutos, antes de que yo llegará? (Siempre se referirán al de la red)

Múgica: Ninguna.

General: Qué horribles cosas dices siempre.

Múgica: Y siempre me ha costado entenderte.

General: No importa. No se te olvide nunca que estuve aquí, a esta hora, este día.

Múgica: ¿Ya te vas?

General: Pero volveré. Soy tu amigo, ¿No?

Múgica: Claro que sí.

General: Entonces volveré. Nos vemos. No me despido. (Sale por la puerta 2)

Escena 4

Asistente: El teléfono… Debe estar sonando desesperadamente en muchas oficinas.

Múgica: Tú también dices cosas horribles.

Asistente: Mi general, espero ser yo quien descuelgue el teléfono cuando suene para…

Múgica: Entonces siéntate junto a él toda la mañana, y no dejes que nadie más conteste.

Asistente: En la Ericcson…

Múgica: Comunicación, no; comunicaciones, falta de.

Asistente: ¿Perdón…?

Múgica: Algo falta este día en la comunicación  que alguien debiera tener conmigo, estoy seguro.

Asistente: Sería curioso que eso sucediera precisamente al ciudadano secretario de comunicaciones…

Múgica: Ven. (Se paran frente al mapa) ¿Qué es todo eso? Miles de pueblos perdidos lo mismo en las montañas que en los desiertos o las selvas. Todos ellos viven su día, en un pequeño universo, no más grande que sus necesidades    insatisfechas, y ni siquiera se conocen entre sí.

Asistente: General, ¿de qué ha servido entonces todo nuestro trabajo aquí? carreteras y puentes y ferrocarriles por todo el país, y ahora usted dice que, que continúa el aislamiento…

Múgica: Aislamiento.

Carolina: (Desde la puerta) ¿Se puede…?

Múgica: ¿Quién?

Carolina: (Le muestra una fecha de recepción)

Múgica: (La lee rápidamente y se la da a Asistente asintiendo para que pase el que dice la ficha)

Carolina: (Se sonríe con Múgica y sale)

Escena 5

Asistente: (Por la puerta 2 hace entrar al líder Obrero)

Líder Obrero: (Asomándose) Si está muy ocupado, me voy.

Múgica: No, no: ¡Adelante!

Líder Obrero: Con permiso.

Asistente: (Cierra la puerta)

Múgica: ¿Qué me cuenta de nuevo?

Líder Obrero: Pues sí, hay novedades.

Asistente: ¿Alguna otra cosa, general?

Múgica: Nada. Gracias.

Asistente: Con permiso. (Sale por la puerta 2)

Múgica: Siéntese, por favor.

Líder Obrero: Dentro de unas horas se termina el Congreso de la C.T.M…

Múgica: ¿Y…? Acaso no se han definido? (Se sienta).

Líder Obrero: No.

Múgica: (Inquieto) Pero las corrientes de opinión, los chismes en los pasillos, los susurros atrás  del estrado, algo, algo debe haber que señale… a cualquiera de nosotros.

Líder Obrero: A usted, general, a usted. Todos esperamos que surja su nombre para aplaudir y gritar…

Múgica: ¿Todos?

Líder Obrero: No sé qué pasa en el Congreso. Nadie se pronuncia, nadie dice nada. Todos hablan de unidad, de unidad, de unidad…

Múgica: ¿Y Lombardo?

Líder Obrero: Unidad, unidad…

Múgica: Es que no puede haber duda… De la unidad que habla es de la obrera, y bien que tienes razón. Lombardo ha tenido dificultades terribles para que la CTM no le brinque de las manos y salga disparada por todos lados.

Líder Obrero: Los comunistas por un lado y los cinco lobitos por el otro. Sin embargo, nos tiene a todos en un congreso buscando la unidad. Esos cinco: Fidel Velázquez, Sánchez Madariaga, Fernando Amilpa, Jesús Yurén, Luis Quintero: Ni a cuál ir: Ninguno me inspira confianza.

Múgica: Si Lombardo define todavía la unidad nacional como el apoyo a los capitalistas mexicanos para impulsar el             progreso de país, está cometiendo un gran error.

Líder Obrero: Así la define todavía. Recuerde usted sus recientes declaraciones: “No es cierto que pretendamos subvertir el orden establecido, ni que tratemos de establecer la dictadura del proletariado, ni de acabar con la          propiedad privada”.

Múgica: (Pausa) ¿Qué pretende entonces? ¿Cómo puede un hombre extremista no ser revolucionario? Por esto que             decimos, tal parece que Lombardo no lo es, y entonces ¿Cómo podremos entendernos? Unidad…

            (Pausa)

Diego: (Asomándose por la Puerta 1) Ya sé que interrumpo, pero me parece importante.

Múgica: Adelante, amigo Diego. (Va a recibirlo y lo acompaña)

Diego: El congreso de la CTM. (Saluda con un ademán al líder Obrero.)

Múgica: De eso hablamos.

Diego: Los comunistas están derrotados, derrotados, y no hay un solo intelectual de izquierda.

Múgica: ¿Qué pasa en realidad?

Líder Obrero: Es lo que nos preguntamos todos.

Múgica: Parece todo tan incongruente.

Diego: Miedo. En alguna parte se genera el miedo, y eso tiene a todos quietos, temerosos de equivocarse…

Líder Obrero: Sí, como sucedió hace tres años, antes del Cuarto Consejo de la CTM: Todos sabíamos que los cinco lobitos; con Fidel Velázquez a la cabeza, chocarían con los comunistas. Lo recuerdo: nadie hablaba, pero todos sabíamos que el Consejo estallaría, y estalló… ¡El gran escándalo!

Múgica: Ahí puede estar la explicación de la falta de fuerza de la izquierda: Después de que el tal Earl Browder presionó para que Lombardo, Velazco y los demás se reintegraron a la CTM, perdieron fuerza los comunistas…

Diego: ¡Y la “Unidad a toda costa” acabó por entregarnos el gobierno!

Múgica: Amigo Diego, ¿Qué palabras son ésas?

Diego: Al gobierno que es nuestro amigo, claro. Sin embargo, me pregunto si Lombardo vio todo esto.

Líder Obrero: Lombardo es muy ambicioso, y si para alcanzar sus ambiciones entregó a los comunistas, igual entregará a los cinco lobitos.

Diego: Lombardo obedeció al Comitern

Líder Obrero: Con un gringo como enviado, ya estaría yo obedeciendo a cualquier comitern.

Múgica: Diego, ahora entiendo, Diego. Los comunistas y los hombres de la izquierda esperan la señal para resurgir: no les conviene dejarse ver, hasta que puedan salir con mayor fuerza. ¡Yo les daré esa oportunidad!

Líder Obrero: ¡Claro que sí, mi general!

Múgica: ¿No podrían pronunciarse antes, Diego?

Diego: No lo creo. ¿Cuándo piensas…?

Líder Obrero: ¡Ya! Antes de que se acabe el Congreso.

Diego: Es cuestión de horas. Imposible.

Múgica: Imposible, ¿por qué?

Asistente: (Entrando por la puerta 2) Perdón por la interrupción… Tiene una llamada de San Luis, mi general.

Diego: ¡Los campesinos, claro, ellos pueden hacer algo más que su propio congreso!

Múgica: (Al teléfono) ¿ Bueno…? Sí, dígame…? ¿Y por qué…? Presionen ustedes, decídanse antes, que se sepa de una   vez quién será el candidato de los campesinos… No, no: se puede hacer pública la simpatía de los campesinos desde antes del congreso. ¿Por qué no…? Bueno, le agradeceré que me mantenga informado.

Diego: ¿Qué pasa en San Luis?

Múgica: Miedo.

Diego: ¿Los campesinos? Si ellos no tienen los compromisos de los obreros… Ya sé: algo voy a hacer. Ahora vuelvo. (Sale por la puerta 2)

Líder Obrero: Mi general, me voy al Congreso. (Sale por la puerta 2)

Múgica: Ávila Camacho.

Asistente: ¿Él infunde miedo?

Múgica: ¿Miedo? ¿Ávila Camacho? No, el que infunde miedo soy yo: el radical. Ávila Camacho…

Carolina: (Entra con un folder muy voluminoso y una carpeta de informe bancario)

Asistente: Señor, muchos se preguntan quién es Ávila Camacho. A él sólo lo conocen los militares y los políticos, creo yo… y… y, mi general…

Múgica: ¿Sí?

Asistente: El señor presidente… ¿No habrá insinuado algo…? Quiero decir…

Múgica: Usted no quiere decir nada, usted está diciendo estupideces.

Asistente: Perdone usted, mi general. ¿Se le ofrece algo más?

Múgica: No.

Asistente: (Saluda militarmente y sale por la puerta 2)

Escena 6

Carolina: (Después de una pausa) Perdón, señor… El informe de ferrocarriles y su estado de cuenta en el banco…

Múgica: Vamos a necesitar algunos millones de pesos para la campaña, ¿Cuántos tenemos?

Carolina: Dos mil trescientos veinte pesos, cincuenta centavos.

Múgica: Bastan y ojalá que no sobre.

Carolina: No ha repuesto mucho después que me ordenó disponer de casi todo para cooperar en el pago de la deuda             petrolera…

Múgica: Ya sabe usted lo descuidado que soy para esas cosas…

Carolina: Sí, señor; pero si usted me lo permite, yo procuraré aumentar el saldo de su cuenta bancaria y reponer pronto esos siete mil pesos… ¡Haberse quedado con sólo mil apenas para una emergencia! ¿Puedo disponer o no para             llevar su cuenta?

Múgica: Sí, Carolina, desde luego que sí, y se lo agradeceré de veras.

Carolina: No se juntarán ni remotamente los millones que dice; pero uno que otro ciento ya verá que sí… ¿Y qué hago con esto?

Múgica: Déjelo por favor en el escritorio.

Carolina: (Deja las carpetas en el escritorio. Múgica la mira con aprobación: es evidente que le gusta. Carolina se vuelve, sorprende la mirada del general y se cohíbe) ¿Alguna otra cosa, señor?

 Múgica: Hace algunos años escribí una cosa que se parece a un poema… Lo dediqué a un viejo amigo y revolucionario, Rentería Luviano, en una ocasión penosa… Pero ahora usted me ha hecho recordar la primera estrofa:

            “Era una esperanza, un canto,

            Un sueño de poeta,

            Un cáliz rico, un lampo

            De soñada ilusión,

            Un desvarío de prima juventud que se despierta

            llenando nuestro cielo de alegría,

            nuestra noche de estrellas

            y la triste penumbra de la vida

            de una luz muy blanca…!

Carolina: Muy bonitos versos.

Múgica: ¿Le parecen?

Carolina: Sí

Múgica: Alguna vez le pediré su opinión sobre todos los que he escrito.

Carolina: Será muy interesante, y un gran gusto, créame.

Múgica: Espero que sí.

Carolina: (Pausa de enamorados que no se lo han declarado) Veré como va el trabajo…

Múgica: Adelante.

Carolina: (Sale)

Escena 7

Múgica: (La ve salir y queda pensativo, después se vuelve y contempla el mapa de México un momento; se va después al             teléfono de la red y lo mira como si no comprendiera la existencia de ese aparato; enseguida se sienta sumido en una profunda meditación: está solo, en medio de fuerzas que no controla y que pueden destruirlo o exaltarlo. Solo y sin saber qué hacer ni cómo.)

Escena 8

Asistente: (Entra por la Puerta 2) General…

Múgica: ¿Sí?

Asistente: Lo busca el señor…

Múgica: Que pase.

Asistente: (Hace entrar al Líder Campesino, y sale)

Líder Campesino: (Entrando) Mi general, ¿Cómo está usted?

Múgica: (Se levanta y le da la mano)

Líder Campesino: Mi general, vengo en nombre de los campesinos de México a patentizarle a usted nuestra adhesión y nuestra admiración por su obra revolucionaria a favor de las clases humildes de México.

Múgica: Gracias, pero…

Líder Campesino: Mi general, usted tiene el honor de haber sido el primero que dio tierras a los campesinos, cuando el reparto de ese enorme latifundio que era la hacienda “Los Borregos” de Félix Díaz. Conocemos su labor en Tabasco y en Michoacán, donde devolvió la tierra a los campesinos que habían sido despojados, incluso por extranjeros indeseables… Por todo eso, mi general, vengo a mostrarle a usted nuestro apoyo para que sea el próximo presidente de México.

Múgica: ¿Por qué no está usted en San Luis Potosí?

Líder Campesino: ¡Ejem! Porque no fui invitado, mi general; ¡Pero allá están mis hombres: ellos le aclamarán cuando usted sea propuesto como…!

Múgica: Pero no serán ellos quienes me propongan.

Líder Campesino: Bueno, es que… La reunión, usted sabe…

Múgica: No sé.

Asistente: (Hace entrar al Estudiante y al Gobernador. Se quedan discretamente separados. Apenas si se saludan con        Múgica. El Gobernador con más confianza se sienta cómodamente en el sillón de Múgica y cruza las piernas: no pierde palabra del Líder Campesino)

Líder Campesino: Bueno, éramos dos o tres los que estábamos decididos a llegar a San Luis Potosí gritando ¡Viva   Múgica!, pero los demás no estaban seguros… No sé por qué; el caso es que se supo de algunos nombres que no estaban en las listas de invitados, entre ellos el mío… Se decidió entonces actuar según el clima que hiciera en la asamblea de San Luis.

Múgica: Prudencia campesina.

Líder Campesino: Pero no importa, mi general, de veras: reconocemos sus méritos y estaremos con usted de todos modos. Los campesinos de México sabemos ser agradecidos.

Múgica: Comuníquese a San Luis, y…

Líder Campesino: Yo le juro, mi general, que su lucha a favor de los campesinos no será en vano: su intervención en          nuestro beneficio durante la Constitución de 1917 en Querétaro, será ahora recompensada como merece… Esas son las instrucciones que hemos mandado a San Luis.

Múgica: Le agradezco sus palabras, y su visita. Por favor manténgame informado de lo que pase en San Luis.

Líder Campesino: Con mucho gusto, mi general. (Inicia el mutis: se despide con rápida inclinación de cabeza del      Estudiante; descubre el gobernador y quede sorprendido, pero se repone rápido) ¡Señor Gobernador! (Le da la mano)

Gobernador: (Sin levantarse y dándole apenas la mano) ¿Cómo está, mi amigo? ¿Bien? Qué bueno. Me da mucho gusto verlo.              

Líder Campesino: Igualmente, señor gobernador. Con permiso.

Gobernador: Pase, pase.

Asistente: (Acompaña al líder Campesino por la Puerta 2 y no regresa)

Estudiante: (A Múgica) Mi general, yo quisiera, más bien: vengo a nombre de un grupo de amigos a pedirle permiso para formar una liga de estudiantes a favor de su candidatura…

Múgica: Yo no soy candidato de nada.

Estudiante: Pero seguramente lo será

Múgica: ¿Y qué harán con esa liga?

Estudiante: Labor política, desde luego. No sé: Brigadas, visitas domiciliarias o a las fábricas, repartir volantes, ¡Tantas cosas!

Múgica: Me parece bien. Esperemos a ver qué pasa. ¿Y de dónde salió esa idea?

Estudiante: Un grupo de amigos, de los que nos reunimos de vez en cuando, viendo cómo anda la situación decidimos trabajar para usted. Usted sí quiere y entiende a los estudiantes: Nos ha dado becas, nos ayuda para los libros.¿Quiere saber la verdad? Esos que nos reunimos todos tenemos trabajos que usted nos ha conseguido.

Múgica: Independientemente de cualquier otra cosa, esto demuestra que ustedes sí son agradecidos.

Estudiante: Me dijeron que no se lo dijera, pero nomás el nombre no le diré: nos va a asesorar un  profesionista        importante, uno que sacó una carrera gracias a lo que usted hizo en Tabasco a favor de la educación, en 1916.

Múgica: Vaya, me alegra saber que no se olvida.

Estudiante: Y hay también paisanos suyos de Michoacán. Claro que no se olvida. ¿Entonces qué, mi general? ¿Formamos esa liga?

Múgica: Fórmenla.

Estudiante: Gracias, mi general. A todos nos va a dar mucho gusto. Gracias.

Múgica: Manténgame informado.

Estudiante: ¡Desde luego que sí! Con permiso, señor. (Y al gobernador) Con permiso.  (Sale casi exaltado por la Puerta 2)

Escena 9

Gobernador: No te diré de donde vengo porque eres capaz de decirme traidor, y no lo soy. Pero te diré algo: ahí es un pandemonium y los teléfonos no paran de sonar. A propósito, di tu número para que me llamaran aquí. ¿Está bien?

Múgica: Está bien. Y ¿cómo cuántas oficinas piensas que serán un pandemonium?

Gobernador: Muchas. En mis oficinas, allá en eso que llaman la quieta provincia, los tronidos de los cañones están siendo sustituidos por los tronidos de los telefonazos. ¿Y quieres saber una cosa? Asustan lo mismo. Bueno, pues si eso es en la quieta provincia, imagínate aquí…

Múgica: Pues como ves aquí no…

Gobernador: ¿No es extraño, mi general? (Se sienta)

Múgica: Se supone que sí, (se sienta) y debe serlo…

Gobernador: A lo mejor no tanto, ahora que lo pienso…

Múgica: ¿Por qué?

Gobernador: Tú has estado en todas las tormentas y borrascas desde 1910, pero nunca habías estado en “El ojo del huracán”, y ahora lo estás. Mira cuánto silencio, cuánta quietud, mientras todo es nerviosismo, carreras,         juramentos a dos pasos de ti.

Múgica: Entré en Ciudad Juárez con las fuerzas del Señor Madero a tiro limpio en 1910, estuve aquí en los días de la Decena Trágica, firmé el Plan de Guadalupe, soy un constituyente. ¿Y dices que no he estado en “El ojo del huracán”?

Gobernador: Entonces lo que pasa es que los huracanes de la política mexicana no son como los de las tormentas caribeñas…

Múgica: Y entonces aquí no es un ojo de huracán, al menos no de este huracán.

Gobernador: ¿Han hablado contigo los hombres del Partido?

Múgica: No.

Gobernador: El general Jara, presidente del Partido, ¿para nada te ha llamado?

Múgica: No.

Gobernador: ¿Se ha entrevistado contigo Lombardo Toledano?

Múgica: ¡Yo no miento!

Gobernador: Ni seas discreto, carajo. ¿Qué contacto has tenido con Portes Gil?

Múgica: Ninguno.

Gobernador: ¿Con cuáles gobernadores has hablado de la sucesión presidencial?

Múgica: Ni contigo siquiera.

Gobernador: ¿Qué sabes de los movimientos de Miguel Alemán en Veracruz y aquí?

Múgica: Nada. Nada de nada: aquí no es el ojo del huracán.

Gobernador: Estoy terriblemente confundido, Pancho. ¿Sabes cuál es la única otra oficina que está tan quieta y tranquila como ésta? ¿No lo sabes?

Múgica: No.

Gobernador: La del presidente de la república.

Múgica: ¿Es tan terrible?

Gobernador: Alguien debería decir una palabra. Alguien. ¿O ya fue dicha, y todos estamos sordos?

Múgica: O ciegos.

Gobernador: ¿Ciegos? No, ciegos no: todos vemos que tú eres el único que puedes seguir las huellas del presidente          cuando termine su mandato,… Tus amigos apenas insinuaron de una gobernatura a otra que algo podríamos   hacer por tu digamos precandidatura, y sentimos un vacío. Y lo peor es que nadie hace nada… Excepto ahora un         veracruzano que no sabe de balazos en batalla, pero que sabe ordenar que disparen… Creo que estoy hablando     demasiado.

Múgica: ¿Por quién se inclina Miguel Alemán?

Gobernador: Por nadie todavía, pero habla como si estuviera enterado y dice muy abajo dos palabras mágicas: unidad y ejército.

Escena 10

Asistente: (Hace entrar por la puerta 2 al General)

General: (Entrando, Múgica se levanta) A ver, vamos a ver. (Al gobernador) ¿Qué tal, compadre? Qué bien nos vemos: Los tres somos generales y vestidos de civil, a ti (a Múgica) te queda grande ese terno, te quedan grandes todos. ¿Cuántos tienes? Le pregunté a una de esas afanadoras de tu oficina, que por cierto te adora, y me dijo que no te habría contado más de cinco, ¿Qué clase de presidente puede ser un hombre que apenas si sabe vestirse?

Gobernador: Estás nervioso, compadre.

General: Estoy que me llevan todas juntas.

Múgica: ¿quieres un refresco? (Se sienta)

General: ¿Te das cuenta, compadre? Uno se anda jugando hasta la vida para saber si este señor ministro de comunicaciones merece ser lanzado a la presidencia, y en lugar de ofrecerme nombres de amigos y de instituciones que nos puedan ayudar, me pregunta que si quiero un refresco.

Múgica: ¿Lo quieres o no?

Gobernador: En todo caso ya tendremos de todo.

General: ¿Dónde? Quiero decir, ¿cuándo?

Gobernador: Sigues nervioso.

General: Ahora nos damos cuenta, ¿No es cierto? El presidente nos ató las manos a todos, a todos.

Gobernador: Seguiremos siendo los revolucionarios quienes mandamos en el país.

General: ¡Claro! ¿Y qué vamos a hacer ahora? Nada, no podremos hacer nada, porque es necesario que los cuatro sectores del Partido de la Revolución Mexicana estén de acuerdo…

Gobernador: Parece justo.

General: ¿Cuántos sectores de cuál partido se pusieron de acuerdo para que tú fueras gobernador?

Gobernador: Es diferente…

General: Desde luego, ahora se trata de la presidencia, nada menos, y los revolucionarios con mando en el ejército no podemos hacer nada, carajo. Nada más abrimos la boca tantito y aparecen esos militarcitos metidos a PRMistas, Corona del Rosal y Cristóbal Guzmán Cárdenas: ¡Nadie se mueva! Y nadie se mueve.

Múgica: Si las cosas fueran de otro modo, ¿A quién apoyaría el ejército según tú?

General: En primer lugar a ti, y luego al general Almazán

Asistente: (Entrando) Perdón… Señor gobernador, tiene usted una llamada.

            (Mientras el gobernador contesta, Múgica saca los papeles que hablan de Almazán y se los muestra al General, quien los ve rápidamente y los devuelve con ademanes de enojo. Múgica guarda nuevamente los papeles, mientras el gobernador, que no ha perdido detalle, da las gracias por teléfono y cuelga)

Gobernador: ¿Sabes quién está detrás de Miguel Alemán? Los generales Cándido Aguilar y Heriberto Jara. Y Jara, nada menos que presidente del Partido. (A Múgica) ¿No son tus amigos? Carrancistas como tú, profundamente antiobregonistas como tú, y rescatados por el presidente Cárdenas, como tú. Y para ser sinceros, como mi compadre y como yo. (Al General) ¿No te puso Obregón “a disposición”?

General: Gracias a que no me mandó a matar como a éste mi general Múgica.

Gobernador: Y a mí Calles me mandó a lo más profundo de mi rancho. Pero todos somos auténticos revolucionarios, desde los tiempos de Madero y Carranza, como Cándido Aguilar y Heriberto Jara, y todos somos tus amigos, ¿O ésos no lo son?

Múgica: Aprendí hace muchos años, precisamente cuando andaba huyendo de Obregón, que en política es difícil tener amigos, o quienes lo fueron lo seguirán siendo cuando hay vientos encontrados, o si los nuevos lo son en realidad, aunque sean carrancistas y perseguidos por Obregón, como yo.

            (Pausa tensa)

Escena 11

Asistente: (Hace entrar a Diego por la Puerta 2 y sale)

Diego: (Agitado) Los comunistas prevén una nueva escisión en la CTM… Buenos días, señores. Y ya comienzan a hablar de una candidatura propia.

Gobernador: ¿Los comunistas? ¿Por qué no los mandamos a matar curas ensotanados a Tabasco?

General: Comunistas, ¡Un carajo!

Múgica: ¿Y los intelectuales?

Gobernador y General: (Ademán de fastidio)

Diego: Más quietos y callados que el ejército.

General: Admiro sus pinceles, señor Rivera: Son tan mortíferos como la metralla; pero no admiro su sentido político.

Gobernador: (A Múgica) Mi general, hay alianzas que más perjudican que benefician, con perdón de nuestro admirado      Señor Rivera.

            (Pausa tensa)

Asistente: (Abruptamente, por la puerta 2) ¡Perdón, pero es importante! (Permanece)

Líder Campesino: (Intempestivo y agitado) ¡El general Sánchez Tapia se retira! (Asombro general) ¡Se retira, sólo quedan en la lucha Usted y Ávila Camacho!

Múgica: ¿Cómo lo sabe usted?

Líder Campesino: Alguien me enseñó el borrador de su discurso. Lo leerá ahora mismo ante la prensa y ante todo mundo.

Gobernador: ¿Qué pasa con Almazán?

General: No es caballo de tirada larga.

Diego: Radicalismos de derecha, menos.

Líder Campesino: Es necesario hablar a San Luis Potosí…

Gobernador: Hable con Portes Gil.

Líder Campesino: ¿Dónde está?

Gobernador: En San Luis, claro.

Líder Campesino: ¿Me permite su teléfono? Gracias.

General: Me sigo preguntando por qué no suena ese maldito teléfono.

Diego: Podríamos hacer un congreso de intelectuales.

Gobernador: Ya hay uno de estudiantes.

General: ¿De qué congresos hablan?

Múgica: Ya no hay tiempo.

Líder Campesino: ¡Nada importa ya: llámame a este teléfono! (Deja el teléfono) Acaban de llamar a la asamblea       plenaria. Esperan a Portes Gil de un momento a otro en San Luis.

Gobernador: ¿Alguien sabe si se entrevistó antes con el presidente?

General: No. Nadie ha entrevistado al presidente, y todos han hablado con él. Almazán lo siguió días y días por todo el norte, tú (a Múgica) te uniste a él en Coahuila… Por cierto, ¿qué hablaron en Torreón y en Bermejillo Almazán y tú… y el presidente? (Múgica no contesta. Sigue con cierta sorna) Y Ávila Camacho, y otra vez tú, acuerdan con  el presidente muy seguido. Ahora sabemos que a Sánchez Tapia nunca le dijo nada, ni tampoco a Almazán. Si no te dijo nada a ti, mi general, entonces…

Gobernador: Entonces nada. Ávila Camacho siente que la CTM tiene grandes simpatías por el general Múgica, y que la Confederación Nacional Campesina también, ¿o no?

Líder Campesino: Claro que sí.

Gobernador: Voy a comentar una gran indiscreción. Vengo de estar con Ávila Camacho, y aunque mucho se habla de él como el más viable por algunas circunstancias, no se siente seguro ante los obreros y los campesinos, por los que… bueno, no se siente seguro.

Diego: Por los que no han hecho nunca nada.

Líder Campesino: Ciertamente, fuera de algunos círculos en el poder, ¿a dónde llega su popularidad?

Diego: Dicen que un cómico muy conocido le puso ya “el soldado desconocido”.

Asistente: (Se hace a un lado para dejar entrar al líder obrero. Simultáneamente suena el teléfono, y atiende, aunque alarmado por lo que oye.)

Líder Obrero: (Entrando agitado) ¡Traición, mi general, traición, Lombardo Toledano acaba de declarar que la CTM apoyará la candidatura de Ávila Camacho!

Asistente: (Se lleva al líder Campesino al teléfono)

            (Diego se deja caer aturdido en un sillón; el general cuchichea alarmado con su compadre el Gobernador, quien permanece cabizbajo y sereno. Múgica impasible)

Líder Campesino: (Dejando el teléfono) Mi general en San Luis Potosí los campesinos se pronunciaron por Ávila Camacho.

Gobernador: Ya no tiene caso entonces, mis amigos. Miguel Alemán encabeza a Marte R. Gómez de Tamaulipas, a Víctor Fernández de Tabasco, a Héctor Pérez de Campeche. Y desde Puebla, Maximino Ávila Camacho se mueve con Rojo Gómez de Hidalgo y con Wenceslao Labra del Estado de México. Faltábamos los norteños; pero desde hace unos días Don Nazario Ortiz Garza no oculta sus simpatías por mi general Ávila Camacho, y pronto lo seguirá más de un gobernador. Yo no te lo había querido decir tan abiertamente, porque guardaba todavía una esperanza; pero ahora todos gritarán por Ávila Camacho.

Diego: Ahora todos “a la cargada”.

General: Sólo te quedaría el ejército… Pero yo veo ahí muchas simpatías por Juan Andrew Almazán, a pesar de todo.

Líder Estudiantil: (Entra corriendo y al sentir el ambiente se detiene) ¿Ya saben lo de la CTM…? ¡Mi general, lucharemos!

Líder Obrero: no está perdido nada, mi general. ¡Comienza la lucha! Hay inconformidades entre los obreros, y sé de cierto que la Federación de Trabajadores del Estado no aceptarán a otro que no sea usted. Tampoco desde luego el Sindicato de la Secretaría de Comunicaciones, y tengo entendido que tampoco el Sindicato Mexicano de Electricistas.

Diego: Y el pueblo, mi general… al pueblo no se le engaña, y sabe todo lo que usted ha hecho a favor de todos, educación, reparto de tierras, comunicaciones, todo.

Carolina: (Entra)

Gobernador: Todos sabemos lo que significa “la cargada”, y tal parece que no es contigo. Ten cuidado.

General: Y si nadie le ha dicho nada al ejército…

Líder estudiantil: ¡Vamos a luchar, mi general!

Múgica: (Después de medirlos a todos) Lucharemos. (Se mueven hacia el proscenio, de manera que Múgica dirige su discurso hacia ellos y el público. Atrás quedan el General y el Gobernador, quienes se dirigen discretamente hacia la Puerta 2)

Múgica: Mis amigos, yo hubiera querido seguir al presidente Cárdenas hasta el último día de su mandato, no puedo; me obliga la dignidad del ciudadano. Mi nombre corre de boca en boca, corre en las columnas de los periódicos y en los corrillos políticos. En ocasiones representa un anhelo que considero sincero, en otras representa la intriga. Dejo a mi amigo el presidente para que siga gobernando al país con tranquilidad y con honradez. Vamos a orientar la lucha política dentro de un sendero de dignidad; que impere la libertad para que los ciudadanos puedan libremente adoptar una bandera. Y señalaré con índice de fuego a quienes se salgan de los límites que he señalado, por que ése es nuestro deber como revolucionarios. (Salen inadvertidos el General y el Gobernador. Los demás aplauden entusiasmados) ¡Es la hora de la lucha del civismo dentro de la ley, para que viva la democracia, para que muera el despotismo y tengamos un antídoto contra el abuso! ¡Luchemos para que surja el civismo en la república! ¡Mis amigos, estamos en campaña! (Entre aplausos y vivas y sonrisas lo rodean para felicitarlo y mostrarle su adhesión; el primero que le da la mano y lo  abraza efusivamente es el líder Campesino, y cuando le da la mano al líder Obrero se congelan todos y, como en una fotografía política de un candidato en campaña, permanecen todos mientras baja el)

Telón

Fin del Acto I

 

 

ACTO  I I

Personajes:

            Francisco José Múgica, General, precandidato presidencial del PRM

            Obrero

            Campesino

            Asistente militar de Múgica

            Carolina, Secretaria de Múgica

            Obispo (Pietrasanta, de Zamora)

            Diego Rivera, Conocido Pintor

Escena 1

 (Excepto una improvisada tribuna, que ocupa Múgica, escenario vacío. Un mitin popular. Asisten los Líderes Obrero y Campesino, el Asistente, Carolina, Diego.)

Múgica: Quiero ante todo manifestarles con precisión y claridad que no vengo a hacer propaganda de mi personalidad, sino a despertar la conciencia del pueblo para que sea el mismo pueblo el que defina la grave cuestión de la sucesión presidencial. Esta es una cruzada de verdadero valor civil, para que la libertad ciudadana se exprese libremente y para que el voto sea respetado. El pueblo debe empezar por examinar y escudriñar los antecedentes de Ávila Camacho, los de Almazán y los míos. Para ver quién será más capaz de enarbolar la bandera de la Revolución, de llevarla más dignamente: el primer magistrado representa la suma entera de los heroísmos del país, o de sus cobardías. Una vez conocidos los hombres y sus tendencias, el pueblo con todo cuidado debe precisar en dónde estamos y a dónde queremos ir. ¿Debemos retroceder, espantados de nuestra propia causa? ¿Las conquistas que el general Cárdenas ha logrado durante su periodo de gobierno para nosotros, como el respeto a la soberanía de los estados, nuestra emancipación económica, el respeto a la ciudadanía, y a la dignidad de las autoridades, debemos inmolarlas en aras de un gobierno futuro de tendencia retardataria? Que diga el pueblo si está dispuesto a devolver lo que ha ganado, pero que sea el pueblo libre y soberano, no coaccionado ni amenazado. ¡Vamos a luchar por la libre expresión del pueblo mexicano! ¡A la lucha, ciudadanos!

            (Entre expresiones medio exaltadas y medio victoriosas rodean a  Múgica y se lo llevan gritando vítores al propio Múgica y a la democracia)          

Escena 2

            (Una espaciosa oficina, modesta y sencilla. Dos puertas; a la derecha la “Puerta 1”, a la izquierda la “Puerta 2”. Sillas y una mesa escritorio de madera muy bien labrada. Ventanas. El mapa de México del Acto I.  Sobre la mesa un teléfono negro. Excepto cuando se indica, todos entran y salen por la Puerta 2)

Asistente: (revisa algunos documentos sobre la mesa. Se le ve cansado. Atiende a alguno de los documentos, mueve la cabeza en sentido negativo y su cansancio aumenta)

Carolina: (Entra y se deja caer en una silla): No han llegado para la reunión, ¿verdad?

Asistente: Todavía no.

Carolina: creía no llegar a tiempo.

Asistente: ¿Algo nuevo?

Carolina: La última declaración de nuestro candidato nos dejará con los verdaderos mujiquistas, pero son personas con experiencias en estos asuntos.

Asistente: ¿Cuál declaración? ¿La de “¡fuera políticos profesionales!”?

Carolina: ¡Ésa!

Estudiante: (Entra y se queda expectante)

Asistente: Es que algunos de plano se descararon pidiendo dinero, ¿no es cierto?

Carolina: “Recursos para continuar la campaña”.

Estudiante: Que se vayan los políticos profesionales: no los necesitamos, ¿o sí?

Asistente y Carolina: No.

Estudiante: Les traigo buenas y malas noticias, como siempre.

Carolina: Como siempre: primero las malas para que las endulcen las buenas.

Estudiante: Ya no tenemos recursos: unos volantes, una que otra manta, y ni pensar en entrar a la guerra de pinta de bardas, o casas en las carreteras.

Carolina: Ya no es noticia…

Asistente: Ahora la buena…

Estudiante: Como veinte brigadas más: cinco aquí, otras en Jalisco, Michoacán, Guanajuato…

Campesino: (Entrando) ¿No ha llegado mi general? ¡La desbandada! ¡Qué hombres más locos somos todos! ¡Almazán, Almazán, Almazán! Y en cuanto aparece Ávila Camacho ¡todos somos PRMistas, y le comprometemos nuestro voto! (Entra el Obrero) “Bueno, les digo yo, pero si ustedes dijeron que su gallo era el general Múgica”. ¿Y saben lo que me responden? Que sigue siendo, pero está bien difícil luchar contra tanta gente tan poderosa…

Obrero: al menos no son tan desvergonzados. A mí me han pedido, casi suplicado más de alguno, que ni por equivocación diga que alguna vez fue mujiquista.

Carolina: Y ahora menos…

Obrero: ¡Claro, con eso de que “no vengan a mí los políticos profesionales”, y con la “declaración paladina”, diría él, de que no tiene dinero para darle a nadie, pues ya nomás quedamos los que de veras estamos convencidos…! Y a propósito de dinero, ¿cómo andamos, señorita Carolina?

Carolina: Esto que les voy a decir aumentará su admiración por el general, pero les hará ver cómo vuela el dinero antes de llegar a nosotros: la compañía de teléfonos Ericsson ofreció dos millones de pesos para la campaña…

Líderes y Asistente: ¡Dos millones! ¡Ah bárbaros!

Obrero: Con eso hacemos despegar cualquier campaña.

Campesino: y una cantidad así jala de donde quieras más recursos de ésos.

Estudiante: (Al mismo tiempo) Que el general no aceptó, claro.

Obrero: Lo admirable es también que sea una compañía extranjera, a la que además mi general metió en cintura cuando fue Secretario de Comunicaciones.

Asistente: Además…

Carolina: Por otra parte, yo también quiero informarles una buena: se redujeron los políticos profesionales y los que sólo buscaban dinero, pero se sumaron los “Clubes Femeninos Pro Múgica”.

Todos: Qué bien. Que vivan las mujeres. Cada mujer cuenta como cuatro votos más.

Asistente: Tenemos que ampliar nuestras estrategias: Hay por allí mucha gente que quiere trabajar por el general Múgica, y no la hemos detectado todavía…

Estudiante: Si me permiten… Hay algo que nosotros hemos notado: hay mucho que decir sobre el general, su pensamiento y sus acciones, pero la mayoría no sabemos todo lo que hay…

Obrero: Tiene razón el compañero: nosotros mismos no sabemos todo lo del general. Yo estoy bien enterado de lo que ha hecho, a partir de las gloriosas batallas por el 123 constitucional, pero apenas he oído algo de su labor educativa, por ejemplo, que dicen fue muy buena por donde quiera que ha andado.

Campesino: Ciertamente: lo mismo me pasa a mí: yo podría contarles punto por punto desde que hizo el primer reparto de tierras de la Revolución, hasta la más exaltada defensa que ha hecho del Artículo 27 constitucional, y nada más.

Estudiante: Pues hay que dar a conocer todo eso, y explicarlo…

Obrero: Pues a mí me tocaría lo obrero…

Campesino: Y a mí lo agrario…

Asistente: Yo les prometo juntarles todo lo que se refiere a su actuación antes y durante la revolución armada, y todo lo que ha hecho políticamente como militar y gobernador de Michoacán…

Carolina: Pues déjenme a mí lo social y su historia en las Secretarías de Economía y  de Comunicaciones.

Campesino: que nadie conoce tan bien como usted, dicho sea de paso.

Asistente: Pues traer todo eso que sea nuestro compromiso para la próxima reunión, ¿de acuerdo?

Todos: (Muestran su acuerdo)

Campesino: Y a ver si para mañana ya hay por allí dinerito, señorita Carolina.

Obrero (Al Estudiante, yendo hacia la salida) Y a ver si usted conoce a alguien que pueda extraer de aquí y de allá las ideas más importantes de mi general…

Estudiante: Desde luego que sí: tengo un amigo especialista en derecho laboral…

Obrero: ándele, una cosa así. (Salen)

Campesino: (Saliendo también, al Asistente) Y le agradeceré que le diga que atienda a esa gente de guerra: quedaron muy bien impresionados porque estuvo con ellos por allá, por entre los balazos y esas cosas.

Asistente: Pierda usted cuidado. (Sale con él, acompañándolo al pasillo)

Carolina: (Se queda sola unos segundos, inmóvil, con la mirada perdida)

Asistente: (Volviendo) Carolina, está usted soñando… ¿en qué? ¿O en quién?

Carolina: No soñaba, de veras. Veía que no hemos sabido comprender a nuestro Jefe: él quiere en primer lugar salvar los ideales de la Revolución, y la Constitución que ayudó a forjar…

Asistente: Y quiere proseguir la obra de Lázaro Cárdenas… ¿y?

Carolina: Y a lo mejor llegar a ser el presidente…

Asistente: Incongruencia, Carito: si mi general Múgica no es primero presidente, nunca logrará salvar nada ni proseguir nada. Por eso tenemos que hacerlo presidente.

Carolina: Tenemos que hacerlo.

            (Quedan en silencio, mirando a cualquier punto del infinito)

            Escena 3

            (Se oyen voces afuera. Rápidamente el Asistente y Carolina se arreglan la ropa y el peinado y se aprestar a salir. Entran Múgica, el General y el Gobernador con una conversación ya iniciada. Visten informales, con chamarras de cuero)

Gobernador: Y traté de verlo aparte, pero anda tan ocupado que sólo pude saludarlo y abrí la boca cuando ya estaban otros ahí tratando de saludarlo al menos.

General: Creo que a mi presidente Cárdenas se le está amontonando el trabajo últimamente…

Múgica: Ya te imaginarás.

General: Pues yo me imagino que no tanto. Ocupados Ávila Camacho y Almazán.

Asistente y Carolina: (Han salido mientras tanto, saludando apenas con ademanes a los recién llegados)

Múgica: supongo que sí, aunque no deberían: tienen quien les haga todo, y recursos les sobran.

Gobernador: A propósito, ¿por qué no aceptaste los “recursos” de la Ericsson?

Múgica: ¿Cómo te has enterado?

Gobernador: Nuestro negocio es estar enterados. ¿Y por qué, dijiste…?

Múgica: No quiero compromisos con los extranjeros.

General: Bien sabes que todo mundo te tiene perfectamente clasificado: hiciste bien en no aceptar ese dinero, te lo hubieran embarrado en la cara como porquería.

Gobernador: De todos modos, mi querido amigo, en el extranjero te tienen no miedo, ¡pavor!

Múgica: ¿A mí, por qué? Me sobreestimas.

Gobernador: Sólo acuérdate de cuando expropiaste a los gringos la isla El Chinal en Tabasco, y de todas las exigencias que les has puesto como Secretario de Economía y de Comunicaciones.

Múgica: Ninguna traba. Exigirles que cumplieran con la ley, nada más.

General: Y tu intervención para expropiación petrolera. Muy importante desde luego, y algunos dicen que definitiva. Nadie sabe, pero todo adivinamos tu enorme influencia en este asunto, tan arriesgado en vísperas de una guerra. Nos tienes que dar una explicación a todos, para detener todos esos malos rumores en tu contra.

Gobernador: Sí: fundamenta tu actitud en el asunto del petróleo; y acuérdate también de las leyes que expediste en Michoacán, que tantos problemas le causaron a Obregón, a grado tal que te mandó matar.

Múgica: Leyes a favor de los obreros y de los campesinos; pero ¿no fue darme demasiado importancia? Condicionar el reconocimiento de todo un gobierno nacional a que un pobre gobernador provincial sea “desparecido”, es no tener perspectiva. Pero, bueno, si el extranjero sólo son los gringos…

General: Y los ingleses, que bien metidos estaban con del petróleo, y no sabemos quiénes más. Para nadie es un secreto tu apoyo moral, y dicen que también con armas, a los guerrilleros centroamericanos, y eso tampoco les gusta a los gringos, que sienten suyo de Guatemala a Panamá.

Múgica: Defender la libertad de los centroamericanos es defender nuestra frontera sur.

General: Definitivamente, amigo mío, no eres la mejor opción para nuestras relaciones internacionales.

Múgica: ¡Pero qué manera de darle la vuelta! Estoy hablando de nuestra seguridad…

Gobernador: Así es: no hay que darle la vuelta: a los gringos no les gusta tu actitud, y andan muy nerviosos por la guerra en Europa… Por cierto, aquí mi compadre y yo tuvimos una discusión…

General: Ah, claro. Dime, ¿conoces realmente tu patria?

Múgica: ¿Qué si conozco mi patria? Tanto como ustedes: a lomo de bestias y a punta de pistolas; más que ustedes como Secretario de Economía y de Comunicaciones; y muchísimo más porque últimamente me fui a recorrer el país, pulsando a nuestra gente, a las ideas políticas que les mueven en el campo y en las ciudades. Creo que sí conozco a mi México.

Gobernador: Muy explícito: perdí.

General: Acostumbro ganar. ¿Y qué buscabas?

Múgica: Lo que más convendría políticamente a los intereses del pueblo, sin prejuicios por posturas ideológicas mías, de derecha,  izquierda o de centro. ¿Y qué encontré? Un intransigente y violento monopolio, defendiendo intereses mezquinos, y propiciador del continuismo de todos los parásitos que viven de cualquier régimen…

General: ¡Caramba, con razón los hombres del partido parecen no haberte conocido jamás, y los que fueron tus compañeros de armas disimulan las batallas que pelearon juntos!

Gobernador: Pues juega a la política… ¿Por qué rehúsas acercarte al PRM?

Múgica: ¿Qué es el PRM? Díganmelo. Es la consigna, es la actividad engañosa para no dejar escapar a los prosélitos, es el más mezquino y el más egoísta de todos los intereses, porque pudiendo ser de gran altura está por los suelos, envuelto en una escandalosa demagogia. Pudiendo ser un factor de orientación activa, valerosa y leal para los ciudadanos, ha venido a tener el desprecio público, el desprestigio de su doctrina, y por consiguiente de sus miembros.

Gobernador: Es ésta una apreciación muy radical, como todas las tuyas. A mí me parece lo contrario: como está actualmente estructurado el PRM, con los obreros, los campesinos, los militares y las clases medias militando en él, es el factor de unidad que recitamos.

Múgica: El dios unidad… El dios unidad es insaciable y tonto.

Gobernador: amigo mío, el PRM es la fuerza política del país, dentro de los ideales revolucionarios que siempre has perseguido…

Múgica: ¿Quieres que te repita lo que es el PRM?

Gobernador: No es necesario. En todo caso el PRM y tú ya se desplazaron, y ese PRM tan terrible que dibujas acabó por rechazarte, y por triturar a ese loco de Almazán.

Múgica: Juan Andreu Almazán es el más indigno de ser presidente, por su feroz antizapatismo y su entreguismo a la derecha de la peor clase, la explotadora.

Gobernador: Mi general Múgica y ese Almazán están políticamente muertos, y yo no lo creía.

General: ¿Sabes que tu oposición acabó también con algunos amigos que tenías en el ejército, como hablábamos antes? Pocos ciertamente, pues desde los tiempos en que Obregón te obligó a esconderte, y ese semientierro en que tuvo Calles como gobernador, director o no sé yo qué, allá en las Islas Marías, te dejaron mucho tiempo afuera de todas las jugadas.

Gobernador: Oye, pero yo recuerdo que tenías algún arrastre entre ciertos líderes de obreros y algunos de los campesinos, todavía no hace mucho…

Múgica: Todavía no hace mucho, pero ahora, en 1939, estamos apreciando cómo los controladores de las centrales obreras y campesinas se alían con los políticos profesionales, y con los poderes públicos…

Gobernador: Cuidado con señalar inadecuadamente esas alianzas…

Múgica: Enséñame un solo gobernador o presidente municipal que represente una garantía electoral.

Gobernador: si en ese criterio me tienes, en ése estoy.

General: Pero, a ver, dime: ¿no eran precisamente los líderes de esas centrales tu mejor arma?

Múgica: ¿Sabes lo que son esos líderes? Unos traidores: solitos se han entregado a una política de imposición, se prestan a servir como instrumentos a intereses enemigos de su clase, y están dispuestos a todas las transacciones con tal de mantenerse en el poder y de no arriesgar su cómoda posición.

General: Cada vez pisas terrenos más peligrosos y lo haces sin cuidado.

Múgica: Pero es la verdad…

Gobernador: Ahora tú, el radical enemigo de la derecha por definición, ¿hablas así de las fuerzas que más estaban dispuestas a apoyarte, las fuerzas de izquierda?

Múgica: ¿Fuerzas de izquierda? Solitas han caído en el abismo de su propia trampa, y ya no resurgirán jamás. Ahí tienes al partido comunista olvidando su misión histórica, y entregando sus intereses vitales a grupos centristas. ¡Imagínate! ¿Y sabes por qué? Claro que lo sabes. Es público y notorio: dizque táctica de lucha. Es un sofisma tan estúpido que para cubrirlo persigue, como cualquier dictador fascista, a sus propios disidentes.

Gobernador: ¿Y sabe usted lo que nos está diciendo, mi general Múgica? Que acabará por quedarse sin nadie.

General: Yo estoy espantado. Acabo de espantarme y no sé si podré recuperarme. ¿Así es la política? Sí, y no es la primera vez que la vivo. ¿Será porque ahora veo que tú sí eres sincero, amigo mío?

Múgica: Yo sé que ustedes, y uno que otro por allí, seguirán siendo mis amigos, pero afuera de la política.

Gobernador: quiero decirte que yo pregunté algunas cosas entre los gobernadores, y noté que la mayoría te admira, y se dicen tus amigos, pero ninguna se sentía  comprometido contigo para nada… ni quería estarlo.

Múgica: te agradezco que me lo hayas dicho, pero finalmente no los necesito.

Gobernador: ¿Por qué no cambias un poco tu estilo de hacer política? ¿Por qué no llevas tu campaña de otro modo?

Múgica: Sí, claro, tienes razón: diré a todos mis seguidores que hagan proselitismo, y lo paguen. Que alquilen propagandistas, y que lo hagamos todo a base de la más rastrera demagogia. ¿Será lo que realmente me propones? ¿Que entre en competencia con el PRM, con Ávila Camacho y con Almazán, a ver quién es más corrupto?

Gobernador: Pues sí, tenemos un amigo que ya nada tiene que ver con le mundo de los vivos.

Múgica: de los vivales, diría yo.

Gobernador: Pues si ya no tienes nada que hacer, ¿qué haces aquí?

Múgica: No te entiendo.

General: Mi general, hay algunas personas, digamos importantes, por quienes usted no tiene ninguna simpatía ni respeto.

Múgica: Y a los que resulto molesto, claro. ¿Y qué quieren, que ya no los moleste más?

General: A la vista de todo lo que hecho y dicho sí, algo así.

Gobernador: Sí, más o menos.

Múgica: ¿Y son ustedes los que…? Pero no, amigos míos, no los entiendo: si estoy fuera de todo, y hasta prácticamente muerto, ¿cómo puedo molestar a nadie?

Gobernador: Pues piénsale y ya no hablemos más. Mira: cuando pase todo esto lo recordaremos en santa paz. ¿Nos acompañas? Vamos a tomar un cafecito por allí.

Múgica: Gracias; pero ya ven: tengo que atender la campaña.

            (Se despiden como buenos amigos)

            Escena 4

Múgica: El único, soy único que ahora puede salvar a la Revolución. ¿Y qué hacen? Me vienen a demostrar que soy el único que puede hundir al país. ¿Quién ama  a México que yo? ¿Quién? Desde joven me expuse a la persecución y a la cárcel de la dictadura, a las balas de los federales, a la sentencia de muerte del poderoso Álvaro Obregón, a la maldición de los fanáticos, al combate traicionero de los ricos y poderosos, y todo por mi pueblo y lo que significa México. ¿Cómo se les ocurre ahora que deseo destruirlo? ¿Por qué me condenan una vez más sin atender a ese amor? ¿Por haber peleado contra la dictadura y la usurpación? ¿Por haber firmado el Plan de Guadalupe y la Constitución de 1917? ¿Por haber dado tierra a los campesinos? ¿Por el Estatuto Jurídico de los Trabajadores del Estado? ¿Por las vías de comunicación que abrí en todo el territorio nacional, amparadas por la más aventajada de la leyes, y con las más adelantadas técnicas? ¿Por cuál beneficio me condena o me temen? Sí, que me teman los traidores y los malos mexicanos, y que me teman también las potencias extranjeras que les obligo a cumplir las leyes mexicanas y respetar nuestro territorio: que me teman. ¡Cualquiera, menos Francisco José Múgica Velásquez en la presidencia de México! ¡No soy tan poderoso, imperialistas del norte, pero tienen razón al temerme, porque si mi presidente les arrebató las tierras y el petróleo, yo les expulsaré definitivamente de mi patria, y me volveré al sur, donde está mi sangre, mi rostro, mi color! Ya no, ahora ya no: nuevamente penderemos del imperialismo del dólar, y ojala no nos haga caer tan bajo que nos avergoncemos ante el mundo. (Entra Carolina por la Puerta 1) Carolina, mi compañera de mi última lucha, fiel a una causa y a un hombre. Carolina: tome usted nota. He recordado un poema que escribí hace muchos años. Mis amigos, oh qué amigos, me lo han hecho recordar. Escriba usted, Carolina, que después de lo sucedido durante estos días sólo me resta para morir el cuchillo de pedernal. Y tendrá que venir. Vendrá. Escriba, por favor:

 

                       “El engaño, maldito, se ha empeñado en seguirme,

                       y vendrá tras mis huellas cuando baje a la tumba.

                       Pero nunca mis ojos llorarán: he de erguirme

                       aunque mire que el cielo sobre mí se derrumba.

                       ¿Qué importa que me digan que soy paria maldito,

                       que soy pobre mendigo, que camino muy solo,

                       si mi techo es la comba del azul infinito

                       y el lecho en que yazgo la llanura del polo?

                       Lucharé hasta que muera. Nada importa la vida

                       si se deja entre cardos, pero no entre miseria;

                       nada importa morirme, pero no por la envidia

                       de una pobre y estulta sociedad embustera…”

            (Pausa)

            Escena 5

Asistente: (Por la puerta 2. Tímido) Una visita. Parece importante. (Le entrega una tarjeta de visita)

Múgica: Qué cosa más extraordinaria. ¿Está afuera? ¿Realmente?

Asistente: Sí…

 Múgica: hazlo pasar. Espera. Tendré que arreglarme un poco. Carolina, por favor, recíbalo usted. No es conveniente que me encuentre así de fachoso: sería un pretexto para decir después tantas mentiras… Bien, ahora regreso.

Asistente: Es un obispo…

Carolina: (Viendo hacia diferentes puntos del piso, como si comprendiera todo) Pues que pase.

Asistente: (Por la Puerta 2 hace entrar al Obispo)

Obispo: (Entra muy seguro de sí. Viste sotana negra con alzacuellos blanco, ancha banda morada, botones y vivos morados lo mismo que el solideo; encima una gabardina ligera y un sombrero en la mano. Se da cuenta de la situación y se dirige a Carolina, sin avanzar realmente ni darle la mano) Buenos días, señorita.

Carolina: Buenos días. ¿Me permite? (Recibe el sombrero que le pasa al Asistente) En seguida vendrá el general.

Obispo: Gracias, señorita.

Carolina: Puede usted ponerse cómodo.

Obispo: Pierda usted cuidado. (Se quita la gabardina que le recibe el Asistente, quien sale por la Puerta 2)

Carolina: ¿Gusta sentarse?

Obispo. Sí, gracias. (Se sienta)

Carolina: ¿Gusta un baso de agua?

Obispo: No gracias. Está bien así.

Carolina: con su permiso. (Sale)

Obispo: Pase usted. (Observa la oficina)

Múgica: (Entrando por la Puerta 1. Viste corbata y saco) Qué agradable sorpresa. No podía creerlo cuando me dijeron que estabas aquí.

Obispo: (Levantándose) ¡Francisco José, qué gusto! (Se abrazan con afecto sincero. El tono de la plática es ligero, bromista, de ninguna manera agresivo)

Múgica: Ahora ya no sólo piensas que las vírgenes puedan tener hijos, como cuando seminaristas, sino que como obispo excomulgas a quien piense lo contrario.

Obispo: No hay necesidad de tanto en estos tiempos, Francisco José: se excomulgan solos.

Múgica: ¿De veras? Nunca lo vi de este modo. ¿Y a qué debo el honor de tu visita, vestido además de este modo? ¿No sabes que la Constitución lo prohíbe?

Obispo: ¡La Constitución! No te quieras adornar conmigo…

Múgica: Tienes razón, aunque ni contigo ni con nadie pretendo adornarme, más bien se andan adornando conmigo y yo ni en cuenta. Pero no se te olvide que esta Constitución costó un millón de vidas a México.

Obispo: Nadie lo discute o lo niega, que yo sepa, y las aguas están mansas, ¿para qué removerlas? Además, viéndolo bien, este traje es tan estúpido como cualquier otro: Dios nos creo sin vestidos.

Múgica: Así que a eso vienes: las aguas están mansas. (La plática se torna seria)

Obispo: Sí, y en su cauce.

Múgica: En su cauce. ¿No te dice nada la educación socialista que el presidente…?

Obispo: Sí me dice, y mucho: repugna profundamente al pueblo mexicano, y la rechaza. Y tú lo sabes.

Múgica: No me extrañaría que en tu diócesis hayan maltratado a los maestros…

Obispo: Créeme que traté de evitarlo; pero uno o dos se pusieron demasiado necios y el pueblo a veces no atiende a la voz de sus obispos.

Múgica: Serán vengados: te lo juro.

Obispo: ¿Luego tú juras? No lo sabía. Tampoco recuerdo que en el seminario hicieras juramentos.

Múgica: Pues sí: juro por la ley, por la humanidad, por mi honor.

Obispo: Está bien: al hombre de honor cualquier juramento le obliga lo mismo. ¿Seguimos nuestra plática?

Múgica: No la hemos interrumpido…

Obispo: Hablábamos de las aguas…

Múgica: Mansas, serenas y en su cauce. Imagen muy gastada, amigo mío…

Obispo: Pero responde a una realidad que yo vengo a platicar contigo.

Múgica: ¿Y por qué no llamar a las cosas por su nombre?.

Obispo: De acuerdo. Hay aguas con mucha corriente y muchos torbellinos bajo las aguas mansas. Cuando se hacen sentir en la superficie,  ponen en peligro cualquier equilibrio.

Múgica: La ley hay que cumplirla.

Obispo: Calles mismo comprendió que la ley como está escrita no es suficiente, y que el peligro no es tanto quien vive bajo la ley, sino quien la aplica, y se asustó tanto que dio su beneplácito para que tu amigo (¿no es tu amigo Portes Gil? Personalmente creo que no, y me lo confirman ciertos informes que tengo), tu amigo Portes Gil hiciera los arreglos ahora ya famosos.

Múgica: Otra claudicación que debemos corregir.

Obispo: Insistes. Bien. ¿Alguna vez verás la realidad objetivamente?

Múgica: Estoy pensando en otro rumbo, aunque sobre lo mismo. Es claro que vienes en nombre de tus iguales.

Obispo: Es claro que sí.

Múgica: ¿Lo sabe el señor presidente?

Obispo. Cuando estudiábamos juntos en Zamora, recuerdo que una vez comentaste cuánto te admiraba que durante tantos siglos no se hubiera podido desterrar la mentira de que una virgen tuviera hijos y siguiera virgen…

Múgica: Sí, y todavía…

Obispo: Todavía, Francisco José, todavía. Pero atiende: como sabes muy bien, ese mismo tiempo tiene la iglesia de enfrentar imperios y gobiernos poderosísimos que no le han sido afectos. ¿Alguien puede enseñarle a la iglesia cómo tratar sus asuntos? Me preguntas si tu presidente, ¿acaso no es nuestro presidente también?, conoce ésta, digamos visita… Sí; él tiene sus propios informadores, ¿por qué pretendes que lo ignora, preguntándome a mí si lo sabe? Seguramente conoce también el símil de las aguas mansas, y entiende que los obispos no deseamos ni remotamente una nueva “cristiada”.

Múgica: Bueno, pues, ¿y es éste el mensaje?

Obispo: Ningún obispo mexicano o extranjero, ningún mexicano ni papista ni fanático, usando tu lenguaje, ni pretende ni quiere confrontaciones con el estado mexicano. No soy quién para dar consejo a una inteligencia como la tuya; pero une dos más dos: une la enorme experiencia de la iglesia y la capacidad como estadista de nuestro presidente, ¿y que nos da…?

Múgica: ¡Por todos los juramentos de todos los perjuros que hay en el mundo! ¿Cuándo hablaron ustedes con el presidente, cuándo?

Obispo: (preparándose para salir) Tú no eres militar; incluso te definiste como civil en armas. Peleaste en algunas batallas, y quizás mataste a algún pobre hombre. Nuestro presidente sí es militar, y en dos ocasiones fue mandado al sacrificio y obedeció, plenamente conciente de lo que se le pedía. Una batalla a propósito perdida y a lo peor morir en ella, pero Calles una vez y Obregón otra ganarían sus guerras: un peón sacrificado para dar jaque mate, pero que llegó a ocupar la casilla del rey. Francisco José, nuestro presidente desea ganar una guerra, no perderla en una batalla. ¿Amas a tu país?

Múgica: Qué pregunta. ¿Cómo podrías dudarlo?

Obispo: No lo amas menos que yo, ni menos que nuestro presidente.

Múgica: ¿Cómo puedes amar y servir a dos señores, al Vaticano y a México? 

Obispo: No lo entenderás si no lo quieres entender: México es mi país terrenal, el Vaticano representa, es una imagen del poder espiritual que practico.

Múgica: Tan extranjero como cualquier otro. Ya se ve que no podremos entendernos.

Obispo: Ya se ve. ¿Me dispensas la molestia?

Múgica: Por favor…

Obispo: Ah, una última cosa, ¿puedo?

Múgica: Sí, claro, dime.

Obispo: Parece que algún escritor católico te acusó de comunista. Quiero que sepas que no será por eso, y que los obispos sabemos que no eres comunista.

Múgica: ¿Es un favor? ¿Debo agradecerlo?

Obispo: No. Desde luego que no: ni es un favor ni tienes porque agradecerlo.

Múgica: Sin embargo… ¿por qué no puedo ser comunista?

Obispo: Ningún revolucionario mexicano puede serlo. Revolucionario de la revolución, claro.

Múgica: Déjame jurar por todos tus santos: ¡por todos los santos, ¿qué hay detrás de tus palabras?!

Obispo: Creí que estarías enterado. El general Ávila Camacho se declaró “creyente”. Cuando se sepa el resultado de… de tantas palabras como se dicen en tantas partes, ¿será el fin de Almazán y de su derechismo extranjerizante, en alianza vergonzante para un revolucionario, con el capitalismo explotador? Almazán no podrá con una declaración así de grande, que además significa también que la religión es factor de unidad. ¿Qué podrás tú contra una declaración de ese tamaño? Es evidente que para nosotros no eres factor de unidad, pues no eres creyente. Buenas tardes, Francisco José. ¿No te molesta si te dejo con la bendición de Dios? A Dios ciertamente no le molesta.

Múgica: Aunque no lo creas, soy respetuoso de todos los dioses de todas las religiones.

Obispo: Me lo imagino. Adiós. (Se dan la mano)

Múgica: Y aunque tampoco lo creas, me ha dado mucho gusto verte. Adiós.

            (Se dan un abrazo no tan efusivo como el primero, y sin más sale el Obispo por la Puerta 2)

            Escena 6

Múgica: (Ante el mapa) Una “nueva guerra cristera”, eso significo también. No lo había visto de esa manera, pero sí los demás. No vacilarían en levantarse contra mí los fanáticos. Tampoco se detendrán otros para dividir al ejército y llevar nuevamente al país al caos, en su beneficio y de los extranjeros. ¡No! ¿Quieren mi sangre? Pues aquí la tienen, pero no claudicaré, ¡no! (Hace un esfuerzo y se serna) Sólo falta la piedra del sacrificio para que me saquen el corazón… (Permanece cerrado ante el mapa)

                       Escena 7

            (Entran el Asistente y el Obrero, Carolina y el Estudiante. El Asistente trae un portafolios con algunos documentos que va leyendo)

Asistente: “Si esta campaña presidencial tiene algo de pureza y de noble elección, corresponde a los Mujiquistas haberle dado esta nota”.

Obrero: Es importante que luchemos por nuestros principios, con nuestros principios. Debemos pelear para que en el momento de las elecciones, el pueblo se manifieste libremente. ¡Libre, concientemente libre!

Estudiante: Los estudiantes se organizan para participar, y se encuentran con la necesidad del sacrificio, lo mismo pasa con las brigadas de las colonias populares o las rancherías, que para contribuir económicamente a la campaña hasta se privan de sus diversiones.

Carolina: Lo mismo que las brigadas femeninas, en todo el país.

Estudiante: Estamos con el general Múgica porque en treinta años de actuación revolucionaria, no hemos encontrado una sola mancha, ninguna claudicación. Él representa la garantía de que estudiarán quienes tengan talento, especialmente si vienen del pueblo pobre y marginado.

Asistente: “A falta de dinero, los mujiquistas gastan energía humana. Son verdaderos iluminados, tienen absoluta fe en que existen virtudes cívicas en el pueblo mexicano.”

Campesino: Nuestro problema es difícil y de debe ser estudiado con cuidado, como lo hace el general Múgica desde antes de meterse a revolucionario. Él sí nos entiende, y sabe cómo arreglar de manera que los campesinos seamos el verdadero sostén de la revolución y del país.

Asistente: “Los mujiquistas tienen conciencia de ser hombres y mujeres libres, siguen la marcha sin detenerse, miran a lo lejos, en el horizonte, el futuro del país, y van por él.”

Carolina: No podemos sino mirar con simpatía, y apoyar en sus aspiraciones, al Constituyente Francisco Múgica, quien ha declarado que “es necesario incorporar definitiva e íntegramente a la mujer en la lucha política de México; si se le han impuesto todas las responsabilidades de nuestra lucha social y económica, es injusto que esté privada de sus derechos políticos.”

Asistente: “Sin dinero, abandonados de los políticos profesionales, sin muestras de ningún favor  oficial, los mujiquistas son hostilizados por autoridades menores, despreciados y marginados por los líderes sindicales, perseguidos en el campo por autoridades agrarias…”

Múgica: (Volviéndose) Ciudadano Presidente de la República… como usted recordará, hubo necesidad de recurrir a su autoridad para que las autoridades municipales me permitieran actuar políticamente; por eso no trataron después de impedir por la fuerza mi acción preelectoral; pero sí amenazaron e intimidaron a la gente ignorante y desposeída de toda protección, y en algunos pueblos lograron disolver el grupo que me apoyaba. Se amenaza a los campesinos con quitarles sus parcelas, se amenaza con alza de contribuciones y hostilidad fiscal contra mis partidarios, con acciones punitivas y aplicación de la cláusula de exclusión a los obreros, imputación de faltas a la policía con sanciones de fuertes multas, todo por manifestar su adhesión a mi candidatura. Y todo amparado o perpetrado por los gobiernos locales, por los diputados y demás personas de influencia que sojuzgan en estos momentos al pueblo… La presencia del ejército robustece la arbitraria y torpe acción de las autoridades municipales, que obedecen sin reservas las órdenes que reciben para este imposicionismo político. (Entra Diego) El deseo, señor presidente, de que los contingentes políticos puedan disfrutar de verdadera libertad en su lucha, es lo que me mueve a poner en conocimiento de usted lo anterior, palpando el difícil problema que se le ha presentar a la hora electoral, cuando deban ser amparadas las pureza del voto y la libertad del ciudadano.

            (Salen Asistente, Carolina, Obrero, Campesino y Estudiante)

            Escena 8

            (Múgica y Diego)

Diego: ¿No es un reclamo escondido eso, mi general? ¿O una velada acusación?

Múgica: No: es una realidad.

Diego: ¿Entiendes entonces “realmente” al presidente?

Múgica: Yo supongo que sí… Creo.

Diego: Me parece que yo sí entiendo… ¿No te interesa lo que pienso?

Múgica: Te admiro…

Diego: Yo siento que la mesa estaba puesta para cualquiera, especialmente para ti.

Múgica: Por favor, Diego…

Diego: Te voy a citar textualmente las palabras del presidente: “como el gobierno no se propone entregar el poder a cualquier individuo, ni tomarse por lo mismo facultades de elegir sucesor, usurpando al pueblo atribuciones que a él sólo competen, no hay peligro de que se coarte el ejercicio de los derechos cívicos y de que el patrimonio de la Revolución se deposite en manos de ningún prevaricador”.

Múgica: Ávila Camacho es un revolucionario…

Diego: Es un “creyente”. Pero eso no lo sabía nadie. El mismo presidente no esperaba que desde ahora comenzara tan gran viraje. Pero es posterior, mi general. Hablamos del momento en que el presidente dijo a todo el país lo que acabo de citar…

Múgica: Hablemos de ese momento, pero…

Diego: ¿Quién era el único que podía seguir adelante con la reforma agraria?

Múgica: Yo.

Diego: ¿Quién era el único que podía entenderse con la izquierda revolucionaria, con los comunistas, y poner en paz a Fidel Velásquez y a sus “lobitos”?

Múgica: También yo. Especialmente cuando todavía es tiempo de evitar que entreguen el proletariado a la reacción.

Diego: ¿Y el único que haría frente a las potencias extranjeras, y acabaría por hacer de México un país independiente en lo político y en lo económico?

Múgica: Yo.

Diego: ¿Y el que en seis años terminaría lo que él, nuestro presidente, inició?

Múgica: Yo, yo, yo… Diego, por favor, no dices nada que no hayamos pensado yo y millones más dentro y fuera del país, ¿a dónde quieres llegar?

Diego, Pues bien, él puso todo para que tú fueras su sucesor, pero los líderes y el pueblo y los intereses de todo mundo decidieron que no, porque no eres para ellos un frente de unidad, sino de discordia…

Múgica: Y bien que me lo han hecho sentir; sin embargo…

Diego: Aunque nada quedara, hay que luchar hasta el fin. Tus amigos estamos contigo.

            Escena 9

            (Por una y otras puertas van entrando todos los personajes)

Múgica: Ya nada queda… Encontré que mis verdaderos amigos apenas si conocían mi rostro, y que muchos de los que están cerca de mí son fieles instrumentos de no sé quién para dejarme una vez más al margen, pero no definitivamente. Volveré, Diego, volveré una y otra vez, hasta después de muerto, y los mexicanos no dejaran de recordarme, pues por ellos he peleado en los campos de batalla y en las luchas ideológicas. Nadie podrá callarme, jamás. Pues bien, es tiempo de irnos. Carolina, escriba usted, por favor: “durante seis meses he dedicado toda mi atención y toda mi actividad al examen del panorama político de México. Convencido de que la lucha no es democrática, de que el Partido de la Revolución Mexicana es un monopolio personalista y defensor de intereses mezquinos, y de que entre los ciudadanos no hay libre criterio, sino consignas y violencia, renuncio a mi candidatura como presidente de México.” Fecha de hoy, catorce de julio de mil novecientos treinta y nueve. (Al Asistente) Cite para hoy en la noche a la prensa y a los dirigentes del Centro Electoral Pro-Múgica. Gracias.

            (Múgica se para frente al mapa y lo contempla. Los demás forman a su rededor dos semicírculos: el primero lo componen sus allegados; el segundo el General, el Gobernador y el Obispo. Los primeros apesadumbrados; los segundos satisfechos)

Múgica: Amada patria mía, sólo espero que este viraje que tanto me esforcé  por evitar, no te resulte con el tiempo demasiado doloroso para ti, o fatal para la libertad que costó la sangre de un millón de tus hijos…

            (Paulatinamente se apagan las luces; lentamente baja el)

Telón. Fin de la Obra

 

Deje una respuesta.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *