LA INTELIGENCIA, ORIGEN

La Antigua Sabiduría enseña: «la intelegencia es la base del albedrío». Resulta  que en ocasión de la publicación que hice sobre el origen de la violencia en este planeta, titulado “la No-Violencia”, algunos lectores tuvieron a bien hacerme llegar algunas preguntas comprometedoras, cuyas respuestas, resumidas al máximo, comparto con mis cuatro lectores y medio por considerar que a alguno le puedan resultar la menos interesantes, y, desde luego, como nos estamos moviendo en los campos de las hipótesis, todos los supuestos son buenos, a veces complementarios, y jamás motivo de descalificación o insulto: quien no esté de acuerdo, presente sus argumentos en contrario y todos nos enriqueceremos con su aportación. Argumentos, no descalificaciones ni burlas, últimamente tan comunes entre nosotros.

Comenzaremos por dejar al final la intervención de un ser superior llamado Dios, o nombres equivalentes, para seguir un proceso a partir, como lo apuntamos antes, de la probable forma de la aparición de la vida en este planeta. A fin de que mi reflexión sea lo más clara posible, aceptamos esta definición: “inteligencia es la capacidad para resolver problemas o elaborar productos que puedan ser valorados en una determinada cultura” (Howard Gardner, 1983). Nosotros agregaríamos que esa valoración si bien es dentro de su medio cultural, no por eso descartaque sea aprecida, e incluso adoptada, por otras culturas, lo cul evitaría un problema de exclusión, y también agregaríamos para el logro de un fin. Y una observación más: para nuestro intento sólo interesan los conceptos de “resolver probemas” y “elaborar productos”, lo que incluye las herramientas para realizar un trabajo, y la necesaria finalidad, o lo que otros llamarán la intención.

Aputemos aquí que han aparacido últimamente cuestiones relacionadas con las formas o tipos de intelegencia, que veremos someramente más adelante, pero citemos desde ahora esta definción “Inteligencia emocional es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos(D. Goleman, 1994), pues habremos de ocuparla.

Ahora bien, recordemos que al surgir el supuesto LUCA, “el primer ser vivo”, hace 4,000’000,000 millones de años, y comenzar la competencia para sobrevivir contra la hostilidad del medio ambiente, primero, y después también contra otros organismos, a la largo de los primeros miles de miles de años fueron especializando elegir del mejor modo para sobrevivir y de replicarse.

Esto, nos dicen los Evolucionistas, originó la muy paulatina aparición de celulas que tuvieron esa función, elegir. Los Ambientalistas hablan aquí de la larga adaptación al medio ambiente. Pero, y para muchos de nosotros, científicos o no, este peaso es muy importante: eso no significa de ninguna manera el surgimiento de eso que en el pasado, al no tener los conocimientos que ahora tenemos, llamaron “instintos”.

Con el permiso de ustedes, yo soy de los que niegan el instinto: los seres vivos, y más aun los que poseen un cerebero mayormente evolucionado, no se mueven ciegamente. Quienes inventaron eso del instinto y de los movimientos instintivos de los animales, incluidos los humanos, no tuvieron los conocimientos de la Neurología, ni de todo lo que están investigando los Neurologos. En particular no supieron nada de la velocidad de respuesta a los estimulos, ni de los “espacios” o “zonas” cerebrales donde se producen esas respuestas. ¿Luego entonces son respuestas inteligentres? Ciertamente, porque implican elegir el modo y la finalidad de la reacción. Una acción que ejemplifique: caminando por la calle dos amigos surge un tercero que amenaza con matarlos con un cuchillo: instantánea y simultáneamente uno de los amigos retrocede y huye, el otro contraataca. Ambos amigos tomaron una desición según sus personales características, pero ninguna fue institntiva de animal humano, porque hubieran sido la misma, sino según la comprensión intelectiva de lo que más les convenía hacer para conservar su vida: la instantánea toma de desición de uno y otro es todavía muy superior a nuestra común comprensión, por la velocidad de los procesos bioelétricos en un espacio tan pequeño de nuestro pequeño cerebro.        Ahora bien, el origen de todo esto es la primera elección que hizo LUCA, repito: hace 4 mil millones de años. Esta afirmación tiene ahora un sustento impresionante: el “Physarum polycephalum”, un microbiomuy parecido a la ameba (amiba, dicen algunos), sabe escoger lo que más le conviene para replicarse, caminar y alimentarse: según publicaron científicos franceses y belgas en “Proceedings of the Royal Society B”(2016):“Muchos de los procesos que podríamos considerar rasgos fundamentales del cerebro, como la integración sensorial, la toma de decisiones y, ahora, el aprendizaje, se han demostrado todos ellos en estos organismos no neurales”.Es decir, ¡organismos que no tienen ni cerebro ni espina dorsal! Y hay otro experimento sensacional sobre lo mismo: Cientificos norteamericanos (Oxford, 2014) han demostrado que la bacteria Escherichia colise adapta a vivir con oxigeno o sin oxigeno en el tubo digestivo; es decir, se da cuenta de que pasa de una estado a otro y elige la forma de adapatación; y más aun, como al entrar a un tubo digestivo la temperatura es superior a del ambiente fuera de ese tubo, ¡elige hacer los cambios necesarios para adaptarse, y no percer! Exactamente como lo hizo LUCA al principio, y como, ya desarrolladísma la especialización, lo hace nuestro cerebro

Hasta lo que hoy va de estos experimentos y conocimientos de otros modos científicos adquiridos (la Geología, por ejemplo) así encontramos el origen de la inteligencia; pero si de acuerdo con la Biblia Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, por tanto inteligente, ¿cuándo fue eso? Según el Irlandés James Ussher (S. XVI), la creación comenzó del sabado 22 al domingo 23 del año 4,004 aC; según el judío Maimonides (S. XIII) fue en el año 3,761 aC. Pero hay otra corriente de pensamiento interesante: si por el principio filosófico sabemos que “nadie da lo que no posee”, no se puede aceptar en consecuencia que de la no-inteligncia surja la inteligencia. Unos aquí se detienen, pero otros, creyentes fuera de la Biblia, avanzan otro paso defendiendo que la inteligencia apareció en la tierra cuando Dios juzgó que había un organismo capaz (un desarrollado sistema neuronal, por ejemplo) de recibirla, y se la dio: es un don, punto. Continuaremos.

(Con su permiso, el siguiente artículo sobre este tema lo dejaré para la semana siguiente, pues estamos en vísperas del aniversario de la inexistencia de los mal llamados tratados de Córdoba, y algo que decir de esto). Saludos y Bendiciones.

 

 

 

 

 

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