La Búsqueda de Dios (7) “Universalidad de la enseñanza de Jesús”

Por lo que hemos reflexionado y comentado en los 6 mini-artículos anteriores la conformación durante milenios en la mente humana de la idea universal de un dios supremo, del cual por sí o por su voluntad se originó todo cuanto existe, incluidos los dioses inferiores, llegó a dos conceptos básicos: la más común: una trinidad formada por una energía creadora, una energía engendradora y un hijo (la trinidad), resultado de la acción productora de ambas; y la segunda, un dios único e indivisible, que tiene sin embargo comisionados que en su nombre realizan toda clase de prodigios.  

En ese contexto universal, y en el contexto reducidísimo de los judíos (c. año 30), una tribu belicosa en los confines orientales del imperio romano, un activista (fariseo) judío le pregunta (Mateo 4, 10) al Maestro judío Jesús el Galileo, “¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?”, a lo que le responde el Maestro: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente”. Evidentemente se refiere al dios judío Yahveh, y nada más. Sin embargo, al mezclarse las enseñanzas de Jesús durante 300 años con las religiones de dioses trinitarios, particularmente los egipcios, el Cristianismo ya no tan primitivo crea en el Concilio de Nicea la noción de un dios trinitario de sólo una energía engendradora, y junto con ella otras dos energías creadoras, noción de la que no se tenía ninguna idea en la Judea del año 30. Y entonces, ante una realidad de dos milenios, nos preguntamos, ¿Jesús se refirió sólo a Yahveh, o a todos los dioses, trinitarios o no, de todas las religiones de todas las culturas del mundo? Las enseñanzas de Jesús sólo se universalizan se lo descontextualizamos del judaísmo, y del Cristianismo mismo (Jesús no fue Cristiano).

Tenemos otra forma de comprender la respuesta de Jesús: Leonardo Boff (Teología de la Liberación) le preguntó en una mesa redonda, en Brasil, al Dalai Lama: “Santidad, ¿cuál es la mejor religión?” a lo que contestó el Dalai: “la mejor religión es la que te aproxima a dios, al infinito; la que te hace mejor, más compasivo, más sensible, más desapegado, más amoroso, más humanitario, más ético… la religión que consiga hacer eso de ti, es (para ti) la mejor”.

Conclusión: no importa como concibas a Dios, no importa cómo le llames, no importa dónde vivas ni de qué color sea tu piel, ni cuál sea tu preferencia sexual ni qué religión digas que tienes o qué culto practiques: si tienes un Dios, “amalo con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”, es el Mandamiento mayor de La Ley según la enseñanza de Jesús. Así sea.

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