ERÉNDIRA IKIKUNARI (Versión personal)

ERÉNDIRA IKIKUNARI (mujer sonriente y muy valiente),

 la primer jinete guerrera de Michoacán (1525-1530)

Fernando López Alanís, Cronista Emérito de ANACCIM

I.-Los negros ojos muy abiertos de Eréndira examinaban el conjunto de cinco hombres blancos con armaduras y varas gruesas en las manos, listos para descargarlas sobre las espaldas de los Purépechas arrodillados, con las manos atadas a la espalda. Lo que más enojaba a la joven princesa era el círculo de un centenar de los odiados Tenochca que se burlaban de los Purépecha y los insultaban en Náhuatl.

Eréndira medía el terreno para caer sobre ellos de improviso. Tras ella, entre los matorrales, estaba un hermoso caballo blanco, cuyos ojos, tan negros y calculadores como los de la princesa, examinaban igualmente el terreno despejado en medio del bosque. Más atrás, tumbados sobre la húmeda hojarasca estaban los guerreros que no se habían rendido a los invasores y que seguían a Eréndira como fascinados por su valentía, y por la forma como montaba y manejaba el caballo. Esperaban la señal de quien hacía las veces de capitana, para dejarse ir sobre los Tenochca y sólamente golpear a los invasores blancos, sin matarlos: sabían que matar un blanco era atraer la furia de todos los demás, con ejércitos de Tenochca y Tlaxcalteca y Pirindas apoyándolos, y gozosos de tomar venganza de quienes anteriormente los habían vencido.

Todos recordaban la derrota de Axayácatl en Taximaloyan: más de 20 mil hombres de los Tenochca y sus aliados dejaron sus huesos en aquellos llanos, en una guerra que enalteció al Cazonci Tzitzipandácuare; y después, bajo el mando del gran capitán Tlaxcalteca Tlalhuicole, enviado por el Tlatoani Moctezuma, otro ejército Tenochca pereció en Tzipécuaro, desbaratado por el Cazonci Zuangua.

Motivos para odiarse tenían unos y otros de sobra. Pero ahora todo estaba concertado de antemano. Así que cuando Eréndira se enderezó un poco y se echó para atrás, el caballo encorvó el cuello y batió la cola, y los Purépecha de la primera línea aprestaron los escudos y empuñaron los mazos con navajas de obsidiana, mientras los de la segunda línea aprestaban los arcos y flechas.

Para blancos y Tenochca fue como el instante del fulgor del rayo. Cayó sobre ellos una lluvia de flechas que hirió o mató a los Tenochca, en seguida apareció un caballo blanco montado por una india, quien arrojó el caballo sobre los blancos derribándolos con el espanto en su rostro, inmediatamente aparecieron salidos de la floresta Purépecha que se abalanzaron sobre los Tenochca sorprendidos con quienes entablaron una desigual lucha, mientras otros cortaban con obsidianas las ligaduras de los hermanos prisioneros, y en la misma forma como surgieron, desaparecieron todos los Purépecha, incluidos los prisioneros. Los revolcados castellanos empuñaron sus espadas y prepararon contra nadie sus arcabuces, mientras los Tenochca unos atendían a sus muertos y heridos, y los más corrían entre el bosque buscando a sus desaparecidos agresores.

En los ojos de todos ellos sólo había una imagen pavorosa: un caballo blanco que se abalanzaba sobre ellos, montado muy diestramente por una india que sólo llevaba en la mano derecha una espada corta de cobre, y que en cuestión de instantes desbarataba cualquier formación, dejando a todos en la confusión suficiente para que los guerreros que la seguían hirieran y mataran para dispersarse con la misma celeridad que aparecieron. Eréndira y los Purépecha tenían otra ventaja, conocían los bosques y los terrenos. Imposible encontrarlos, ni siguiendo las huellas del caballo, pues Eréndira había aprendido a borrarlas en la húmeda hojarasca y en el seco huinumo.

 II.-Todo había sucedido apenas unos meses antes, cuando los Purépecha, que a sí mismos se tenían por Hijos del Sol y se sabían invencibles en la guerra, inexplicablemente cayeron de rodillas ante un capitán invasor que no sabía perdonar, llamado Cristóbal de Olid, colaborador muy cercano de Hernando Cortés, destructor implacable de Cholula y de Tenochtitlan. Olid tomó Tzintzuntzan, capital de los Purépecha, y devastó palacios y templos buscando oro, la comida del Dios invasor, que no se satisfacía nunca y exigía siempre más.

El Cazonci actual, Tzintzicha Tangánxoan, se había rendido y arrodillado ante Olid en Pátzcuaro, en un lugar conocido como “el humilladero”, y para evitar la continuidad de una guerra ya perdida, ordenó a su pueblo abandonar las armas.

Sin embargo, surgieron grupos que no aceptaron vivir avergonzados, y ofrecieron resistencia en los bosques y en las montañas. Uno de esos grupos estaba mandado por el sabio y gran capitán Timas, padre de Eréndira, quien guerreaba en las montañas al oriente de Pátzcuaro. Olid envió contra ellos a mil de sus aliados Tenochca y Tlaxcalteca, con 5 cinco caballeros bien armados. La batalla fue muy violenta y se decidió a favor de los Purépecha. Y sucedió que uno de los caballeros murió y dejó suelto su magnífico caballo blanco, al que los Purépecha decidieron sacrificar a Curicaveri, su dios del fuego vivificante. Pero Eréndira lo pidió para ella como su personal parte del botín. Y le fue concedido. Para evitar una nueva y seguramente muy difícil confrontación después de lo sucedido, los Purépecha de Timas abandonaron esas montañas y fueron a refugiarse en Capacuaro, un lugar escondido a orillas del lago.

Ahí Eréndira aprendió a cuidar de su caballo, a darle de comer, a hablarle y acariciarlo. Iba a Pátzcuaro y a Tzintzuntzan a mirar como los invasores blancos manejaban a sus caballos, y regresaba para practicar en el suyo. Aprendió a quitarle y ponerle el freno, pero habiendo perdido la silla lo montaba a pelo. No parece nada alejado de la realidad imaginar que el caballo le enseño a Eréndira a usar los talones y las rodillas para entrar en combate, lo que sucedió las veces suficientes para que la fama de la princesa Purépecha corriera por toda la zona del lago y de las montañas y de los bosques del occidente del lago. Para ellos era la personificación de la diosa Xarátanga, quien por medio de una vidente había ofrecido bajar de los cielos para ayudar a su pueblo en contra de los invasores.

Esto tuvo dos consecuencias importantes. Primera, los Purépecha rebeldes intentaban por todos los medios matar al caballero y de adueñarse del caballo, para aprender a luchar como lo hacía Eréndira, lo que lograron más de una vez. Y, segunda, que años después Michoacán fuera de las primeras regiones de la Nueva España donde los conquistadores, ya con la personalidad justificadora de “encomenderos”, prohibieran bajo pena de muerte que los indios aprendieran a montar.

III.-Sólo en una ocasión utilizó Eréndira su caballo y su habilidad guerrera contra los propios Purépecha. Ella encontró en una playa entre el bosque y el lago, a un grupo de éstos que hostigaba a un blanco muy extraño, y estaban a punto de golpearlo. El blanco se cubrió la cabeza con una capucha, cruzó las manos sobre el pecho protegiendo un amuleto, y esperó la agresión; pero antes de manera inexplicable su mirada limpia y profunda encontró en la distancia los ojos relumbrantes de la princesa guerrera. Entonces Eréndira, intensamente conmovida, adelantó al paso el caballo, desbarató el círculo de los asaltantes y se colocó al lado del extraño blanco. Los Purépecha se retiraron en silencio, Eréndira miró una vez más los ojos azules y profundos de aquel hombre extraño, y que además olía muy mal, y al paso volvió nuevamente al bosque.

Después se supo que ese hombre extraño era el fraile franciscano Martín de la Coruña, nombrado también fray Martín de Jesús, primer evangelizador de la zona, y que cuando se encontró con Eréndira acababa de derribar unos, para él, ídolos satánicos en el templo de un poblado cercano.

IV.-Y sucedieron dos terribles acontecimientos.Fue el primero que el Cazonci Tzintizcha, para congraciarse con los invasores blancos, ordenó a su pariente Cuinierángari, ya con el nombre de don Pedro, que atacara y destruyera a Timas y su gente en Capacuaro, lo que hicieron sin pelear, pues Timas ante la evidente superioridad numérica se ofreció a combatir con don Pedro, quien era más joven y buen guerrero. Timas fue despedazado y sus seguidores huyeron a los bosques. Cuando Eréndira llegó sólo encontró ruinas y muerte, y decidió refugiarse en los bosques de lo que hoy conocemos como la Meseta Purépecha, desde donde prosiguió su lucha, pues además de ser un lugar inaccesible a los blancos, los habitantes de las poblaciones locales la escondían y protegían, como a la encarnación que creían era de la diosa Xarántanga.

Y fue el segundo que un día apareció un blanco muy violento y de codicia extrema por el oro. Iba camino al occidente, a “pacificar”, según decían, a los pobladores de esas extensas tierras. Su nombre era Nuño de Guzmán, y ya para entonces por sus acciones en México-Tenochtitlan y por los abusos que venía cometiendo, era conocido como “el perro”. Nuño ordenó que el Cazonci Tzintzicha se presentara ente él, y le exigió todo el oro que poseyera; pero el Cazonci ya no tenía más, pues desde Olid todos los blancos se lo habían llevado sin dejar nada; entonces Nuño ordenó que ataran al cuello del Cazonci una cuerda y lo arrastraran a cabeza de silla por todo alrededor del campamento, para después ya destrozado lo quemaran “a fuego vivo”. Vale apuntar aquí que para mejor justificar su proceder, Nuño acusó al Cazonci de “regresar a sus idolatrías”, pues Tzintzicha Tangánxoan había sido bautizado ante Hernando Cortés en Coyoacan, con el nombre de Francisco.

Este asesinato tan injustificado y cruel, provocó algunos alzamientos armados de los Purépecha, que por ser espontáneos y desorganizados, fueron prontamente aplastados por los blancos y sus aliados Tenochca y Pirindas. Uno de los grupos más decididos por el rumbo de Ajuno y de la rivera occidental del lago, fue el comandado por Eréndira, pero igualmente resultó vencido y perseguido. Eréndira dispuso que sus guerreros se dispersaran para que no fueran inútilmente sacrificados.

V.-Al quedar sola, a la vista de las ciudades y de los templos y de su pueblo destruidos, Eréndira lloró. Con su llanto formó la laguna de Zirahuén, que quiere decir “espejo del cielo”. Después dio media vuelta a su caballo y desapareció en los bosques. Nunca más se supo de ella en la realidad, pues pasó vivir en el recuerdo de los Purépecha y en la leyenda de un pueblo que ahora se llama Michoacano, y que se ha caracterizado por bravo y valiente, y por las contribuciones que ha tenido en la Historia Mexicana, quizás influido un poco o un mucho por Eréndira Ikikunari, la sonriente princesa rebelde.

Bibliografía:

La fuente primaria de la conquista de Michoacán, desde la óptica de los vencidos, es el testimonio que recogió el fraile Jerónimo de Alcalá y que conocemos como la “Relación de las ceremonias, ritos, población y gobernación de los indios de Michoacán”.Para este trabajo se consultó la edición de El Colegio de Michoacán, Zamora, Michoacán, 2000.

Michoacán, paisajes, tradiciones y leyendas. Eduardo Ruiz. Morevallado Editores, Morelia, Michoacán, 2000.

Y fueron consultadas las páginas Web:

http://antonioesquivelrivera.blogspot.com/2012/03/leyenda-de-michoacan-erendira-la.html

https://matadornetwork.com/es/erendira-la-gran-heroina-de-michoacan/

http://www.purepecha.mx/threads/2690-La-Historia-de-Erendira

Incluso hay un Premio Estatal de las Artes “Eréndira” en Michoacán:

http://sic.gob.mx/ficha.php?table=convocatoria&table_id=103

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