En busca del prójimo (8). Tiempos electorales. El Respeto.

Lo primero a tomar en cuenta es lo que nos enseñaron desde la infancia: el Respeto es un Valor de doble vía: recibes lo que das. No es del todo cierto, porque muchas veces encontramos personas que practican cualquier clase de respeto hacia los demás y no siempre son a su vez respetadas, al contrario: pareciera que su actitud es una provocación para que reciban a cambio no sólo faltas de respeto, sino incluso insultos.

Aquí dos consideraciones: Si la persona que a cambio de respetar recibe insultos o cualquier otra actitud o palabras negativas, permanece en su actitud respetuosa, su postura será siempre mejor valorada; en cambio quien a cambio de respeto ofrece insultos o cualquier clase de falta de consideración, su imagen ante sí mismo y ante los demás será siempre negativa.

Veamos ahora lo que sucede entre los partidos políticos y los miles de candidatos en estas campañas electorales: la falta de respeto es evidente de unos y otros, y los insultos y las descalificaciones menudean. Ante espectáculo tan denigrante de nuestros políticos y sus partidos, ¿cómo debemos responder como ciudadanos libres? Para nuestra desgracia de la manera “menos peor”: examinar quién acompaña su poco o ningún respeto con propuestas nobles y viables, por ejemplo.

Volvamos a la fuente, tanto del Maestro Jesús como de la Antigua Filosofía: “ama tu prójimo como a ti mismo”. Es evidente que si no hay respeto por el prójimo, tampoco hay amor por él.  Pero entonces dejemos actitud tan negativa a los políticos y sus partidos, y nosotros, ciudadanos libres y de aceptable educación, no les sigamos el juego de la ausencia del Valor Humano llamado Respeto, y guardemos para nosotros y nuestros hermanos mexicanos un poco de dignidad dentro de ese Valor, el Respeto.

¿Y si no lo tenemos…? Entonces seremos cómplices del despeñadero político (y de los daños colaterales en lo social y en lo económico, educativo y moral) de nuestra sociedad actual, y de la que heredaremos a los hijos de nuestros hijos, quienes son nuestros prójimos más cercanos. No se vale quejarse después, ya que tal complicidad significa responsabilidad.

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