“El Samaritano” 1

Hace mucho tiempo, meses atrás, ofrecí a mis cuatro lectores y medio dedicar un mini-artículo a la parábola de El Buen Samaritano (Lc. 10;29 y ss). Si no lo recuerdan les doy la liga [www.lopezalanis999.com/buscando-al-projimo-1-presentacion/],pues ahora, con su permiso, lo mini-trataré: el contexto es el “amor al prójimo”, y habíamos apuntado que por prójimo entendemos además de los seres humanos todos, sin distinción ni exclusión alguna, a los animales, las plantas, los minerales, los planetas, las estrellas, el universo todo, y si hubiera otros universos, pues también. Entonces, el Gran Maestro Jesús, ¿por qué reduce todo a la buena acción de un Samaritano en favor de un desconocido?

Recordemos algunos datos del marco histórico y las circunstancias. Quien le pregunta al Maestro quién es el prójimo, es “un legista” judío; es decir, un conocedor de las diferencias legales y religiosas entre Judíos y Samaritanos, que les llevaban incluso al desprecio y al odio mutuos. Por lo tanto, en la narración, un “sacerdote” que era el encargado de los oficios en el Templo de Yahveh, por descendencia de Aarón, y un “levita”, descendiente de Leví, encargado de asistir en todo lo referente al Santuario del Templo, no sólo no auxilian al herido, sino que además lo evitan “rodeándolo”, grosero signo inequívoco de indiferencia y soberbia. Con la enseñanza que dará después, la crítica social y jurídica que hace Jesús aquí es verdaderamente feroz, y va directa a la hipocresía que tantas veces denunció y reprobó.

Porque quien atiende al herido es un hombre repudiado por los Judíos (del reino de Judá), un Samaritano (del reino de Israel, “contaminado” por costumbres civiles y religiosas de los Sirios). En esta peculiaridad encontramos además una especie de racismo, que incluye “el apartamiento del otro” por ser diferente, y lo que Jesús subraya son las contrastantes actitudes por las diferencias religiosas (sacerdotes y levitas frente a un samaritano cualquiera), que en esta parábola condena de manera tan fuerte y evidente. Ya desde ahora entendemos claramente que ni el sacerdote ni el levita son “el prójimo”.

Antes de seguir adelante hagamos una reflexión de actualidad: En el mundo que llamamos occidental, mucho han desparecido, aunque no totalmente, las confrontaciones, desprecios y las persecuciones a muerte durante 2 mil años por diferencias religiosas; pero lo que no ha desaparecido, y a veces parece incrementarse, son todos esos males por diferencias políticas y económicas. Esto es, pareciera que las enseñanzas de Jesús no pasan de ser muy interesantes y hasta hermosas, pero nada más: resultan muy difíciles para sus seguidores, que no las llevemos a la realidad cotidiana ni en el hogar, ni en la calle, ni en las relaciones sociales, ni en las relaciones internacionales, ni en la política, ni en los equipos de fútbol. Y así, las enseñanzas del Maestro Jesús no aterrizan en lo cotidiano, menos en los corazones. En la siguiente entrega examinaremos las acciones del Samaritano, si ustedes me lo permiten. Saludos y Bendiciones, Lectores Amigos y Hermanos todos.

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