EL HUERTO

Obra para Teatro de un solo Acto

de

Fernando López Alanís

Personajes:

Juana

Pedro

Chano

Micaela

Pedris

Promotor

Advertencias

. La acción se desarrolla en cualquier rancho del campo mexicano, por la década de los años setentas del siglo XX. Una choza, que puede o no verse, y los terrenos que la rodean, que pueden también verse o no. Las salidas son dos: para la choza y para los terrenos de que se habla y otra que va al pueblo.

. Ésta es la versión original. He querido mantenerla porque esencialmente no ha variado su contenido, son las circunstancias las que han cambiado. Por eso, si alguien se interesa por escenificarla, la o las actualizaciones a medio siglo después, quedan completamente abiertas, de acuerdo a las regiones y a los tiempos de cada región.

. Actualmente hay Directores teatrales a quienes no gustan las acotaciones del autor, porque las sienten como una limitación para su creatividad, y tienen razón. Sin embargo, en mi caso, las mantengo con el fin de que tanto el Director, como los Actores y todos quienes forman parte del equipo para poner una obra en escena, tengan datos suficientes para conocer a los personajes, así como mis intenciones o los fines de la obra. Muchas gracias por atenderme. 

Morelia, Michoacán de Ocampo, diciembre de 1978

A C T O    Ú N I C O

(Juana está sentada frente a la casa, mira hacia las tierras yermas, su mirada es triste, su estar ausente).

Pedro: (Llega del pueblo, ve a Juana y sonríe burlón). ¿Y ´ora tú? ¿Qué trais?

Juana: Buenas tardes, apá.

Pedro: ¿Buenas tardes? ¿Pus de ónde has salido tú tan saludadora? Tú trais algo… y creo que ya sé qué.

Juana: Nada, apá, no traigo nada.

Pedro: ¡Hum! ¿Que no? Pós yo digo que sí, y hasta se me hace que en esto algo tiene que ver tu madre.

Juana: (Se levanta aguantando el enojo). Le digo que no traigo nada. (Entra en la casa).

Pedro: ¡Esto me faltaba! ¡Ora sí!

Chano: (Entrando) ¡Buenas tardes, compadre!

Pedro: ¡Compadrito! Buenas tardes. ¡Onde se había metido?

Chano: Se había perdido la vaca colorado y pus me fui a buscarla.

Pedro: ¿Y la encontró, compadre?

Chano: En los corrales del municipio. Veinte pesos me costó sacarla.

Pedro: Si serán bandidos. ¡Veinte pesos! De seguro que ese borracho de Vilchis ya se mercó dos botellas de tequila.

Chano: De seguro que sí, ni recibo me dió.

Pedro: Y pus la vaca no llegó sola a los corrales …

Chano: Que la llevaron los del aserradero…

Pedro: Ni pa´ qué meterse entonces.

Chano: Pus no.

Pedro: Y a propósito de tequila, compadre. ¿Cuándo nos echamos una?

Chano: Nomás que usté diga.

Pedro: Pero ya, si no tiene inconveniente.

Chano: No lo tengo. 

(Inician el mutis sonrientes).

Micaela: (Saliendo de la casa). ¡Pedro…! Buenas tardes, compadre.

Chano: Buenas tardes, comadrita.

Micaela: ¿Por qué no pasan?

Pedro: Conque tabas escuchando.

Micaela: Había de pasar, compadre Chano…

Pedro: Conque tabas escuchando…

Micaela: Le prometí unos tejidos a la comadre Chonita…

Pedro: ¡Conque tabas escuchando! (Intenta golpearla).

Chano: (Deteniéndolo) ¡No compadre!

Pedro: Déjeme, compadre.

Chano: ¡No, compadre!

Juana: (Saliendo) ¿Qué pasa?

Pedro: ¡Le voy a quitar lo escuchona!

Chano: ¡No compadre, estése sosiego!

Juana: ¡Mamá!

Pedro: ¡Ya se juntó la yunta de escuchonas!

Chano: ¡No hay tequila!

Pedro: (Calmado de pronto). ¿Qué?

Chano: Que si no se está sosiego con la comadre, no voy con usté a tomarnos ese tequila.

Pedro: ¡Ah, no, usté no me va a hacer eso!

Chano: ¡Qué pasó, compadre!

Pedro: ¡Usté no me va´cer eso!

Chano: ¡Claro que no, compadre! Nomás tengo una cosa que decirle.

Pedro: Pero usté no me va´cer eso.

Chano: ¡No, desde luego que no; qué barbaridad! ¿Se acuerda de Melitón García?

Pedro: Claro que sí, pus cómo no.

Chano: Ayer regresó, y bien pesudo.

Pedro: ¿A poco…?

Chano: Puros dólares, compadrito.

Micaela: Pedro, hay que encerrar el becerro…

Pedro: ¡Cállate! Enciérralo tú. No sirves pa´nada. ¿Qué haces? ¡Nada! Todito el día metidota en la casa. A ver tú, Juana, vete a encerrar el becerro. ¡No, tú no! ¿Pus qué crees de estas viejas, compadre? ¡No ya anda la Juana de loca y la comadre sirviéndole de alcahueta!

Micaela: No digas eso, Pedro.

Pedro: ¿Por qué no?

Micaela: Porque no´s cierto.

Pedro: Antonces yo digo mentiras…

Juana: No, apá, pero no es cierto eso que dice.

Pedro: ¿Con que yo digo mentiras? ¿’Onde está la riata….?

Chano: No compadre, cálmese.

Pedro: Es que este par de viejas ya me tiene harto, pero harto de veras….

Chano: Véngase, vamos a echarnos un trago. Quién quita y nos encontremos a Melitón.

Pedro: Tá bueno. Pero ustedes dos me la deben, y me la van a pagar.

Chano: Vamos, compadre.

Pedro: (Como si dudara entre el tequila y golpear a las mujeres). Vámonos pues… (Salen).

Micaela: Otra borrachera de tu papá…

Juana: Mejor, y no que nos hubiera pegado.

Micaela: ¡Ay hija! Mejor que nos hubiera pegado, ya no tenemos dinero y ‘ora se va´gastar en tequila el poquito que nos quedaba.

Juana: Pus desde que me acuerdo, madre, en la casa nunca ha habido dinero. ¿Por qué dejé de estudiar yo? Porque ya no había ni pa´libretas ni pa´ropa… Y ahí´stá Pedris: lo mismo.

Micaela: Ninguno de mis hijos va a poder estudiar… Yo hubiera querido que estudiaran, que tuvieran su ropa, por lo menos que no anduvieran sin zapatos.

Juana: Pero, amá, si miras esta pobreza y con los siete hijos que ya tienes….

Micaela: Pus sí, Dios sea servido.

Juana: Pus quién sabe…

Micaela: ¡Cómo que quién sabe, muchacha! ¡No sea retobada con Diosito!

Juana: No, amá.

Pedris: (Entrando. Trae un tercio de leña en la espalda). Ayúdame, Juana.

Juana: (Le ayuda a descargar).

Micaela: ¿Pasaste por el ojo de agua?

Pedris: Si.

Micaela: ¿Y cómo está?

Pedris: Bien, ya no ha bajado más.

Juana: Como sigan talando allá arriba, nos vamos a quedar sin agua prontito.

Pedris: Que mañana sale una comisión a la capital.

Juana: Ya fueron como cien comisiones; ya pueden ir otras cien.

Pedris: Que ora sí nos hará caso.

Juana: ¡Qué va!

Micaela: Bueno, Dios dirá, y nada se pierde con ir a ver. ¿Ya miraste la zanja Juana?

Juana: Voy, amá. (Sale).

Pedris: ¿Y mi apá?

Micaela: Se fue con el compadre Chano.

Pedris: De seguro a la cantina…

Micaela: Y tú, ¿cómo lo sabes?

Pedris: Don Chano le dio una golpiza a la señora Chonita.

Micaela: ¿A la comadre?

Pedris: Dicen que ora sí la dejó manca y coja.

Micaela: ¡Quién lo dijera!

Pedris: Y como siempre le pega antes y después de emborracharse, y pos le gusta venir por mi papá.

Micaela: Bueno, ya.

Promotor: (Entrando). Buenas tardes.

Micaela: (Desconfiada). Buenas tardes.

Pedris: (Huraño). Buenas tardes.

Promotor: Perdonen, ¿es ésta la casa del señor Pedro Pérez Paredes?

Micaela: A sus órdenes.

Juana: (Entrando). Lleva agua suficiente… (Se detiene y se cierra).

Promotor: ¿Agua? ¿Tienen agua suficiente? ¿Para qué?

Pedris: Pa´la casa, y pa´regar el máiz, el frijol, las habas, lo que se ofrezca. ¿Por qué?

Promotor: Porque a mí me interesan especialmente los cultivos. Miren ustedes: toda clase de cultivos. (Les muestra rápidamente los materiales, para despertar su curiosidad).

Pedris: Se me hace que usté tiene poco que enseñarnos…

Promotor: ¿Por qué poco?

Pedris: La gente de la ciudá habla mucho, pero no sabe nada.

Promotor: Quizás tengas razón, pero mira… ¿cómo te llamas?

Pedris: Pedro.

Promotor: Como tu papá ¿eh? Bien. Te decía…. Veo que hay mucho terreno desperdiciado. ¿Es aquella la zanja?

Pedris: Ya lo ve.

Promotor: De ahí para abajo siembran el maíz, el frijol, las habas y todo lo demás, ¿no?

Pedris: Pus claro, el agua no corre pa´rriba.

Promotor: ¿Verdad que no? ¿Y cuántas hectáreas son de riego?

Pedris: Como tres. ¿Y pa´qué tanta pregunta?

Promotor: Porque deseo ayudarles, ya lo verán, sólo que antes tengo que saber algunas cosas. ¿Cuántas cosechas levantan al año?

Pedris: Dos, a veces tres, cuando sembramos el maíz y el frijol juntos.

Promotor: En tres hectáreas, ¿eh? ¿Y con eso les alcanza para vivir?

(Pausa tensa).

Pedris: Tenemos marranos, ganado, gallinas, tierras de temporal…

Micaela: De todos modos no nos alcanza. En la temporada, Pedro, mi marido, se va a la ciudá de albañil y con eso nos emparejamos un poquito; yo creo que el año entrante ya Pedris, aquí presente se irá también y estaremos mejor. Ahora díganos, ¿pa´qué quere saber todo esto?

Promotor: Porque yo vengo a proponerles un “huerto familiar”. Con esto tendrá verduras todo el año para comer, también para vender, a veces con buenas ganancias o con poquitas, pero siempre habrá dinero.

Pedris: ¿Y cómo?

Promotor: Sembrando las tierras que están de este lado de la zanja.

Pedris: ¡Bah! Las verduras necesitan agua, y nosotros no tenemos bombas ni cosas d´esas, ¿cómo las vamos a regar?

Promotor: Acarreando agua.

Pedris: ¿Si…? A ver si viene a acarrearla usté…

Promotor: Vendré a ayudarles con mucho gusto.

Pedris: Puros habladores estos tipos de la ciudá. Vámonos amá, que hay que hacer. ¿Ya encerraron el becerro?

Micaela: No.

Pedris: Ni eso pueden hacer. Ahí´tá. Adiós señor. (Sale).

Micaela: (Después de una pausa). Es mucho trabajo.

Promotor: Pero es buena comida, y el dinero no hará falta.

Micaela: (Dudando). Sí. Sería bueno que hablara usté con mi marido. ¿Por qué no lo espera?

Promotor: ¿Tardará?

Micaela: ¡Ay Dios mío! Si ´s cierto. Mire usté, mejor vuelva otro día, porque mi marido, tarde o no, no podrá atenderlo.

Pedris: (Entrando apenas). ¡Mamá, mamá, pronto, venga, que el niño chiquito tiene la boca llena de tierra y se está ´ogando! (Sale).

Micaela: ¡Dios mío! (Sale corriendo).

Juana: (Corre tras su madre; se detiene, duda, se vuelve. Con una cierta humildad🙂  ¿Dice usté que buena comida y un poco de dinero…?

Promotor: A veces mucho dinero.

Juana: ¿Y cómo?

Promotor: Sembrando esas tierras.

Juana: Pero no sabemos cómo; verduras, no sabemos cómo.

Promotor: Yo los enseño. Mire usted, aquí traigo instructivos… ¿sabe leer?

Juana: Sí. Terminé la primaria.

Promotor: Suficiente. Aquí traigo instructivos de cómo preparar la tierra, los almácigos, como se trasplanta; todo; hasta un calendario de cultivos, todo; bueno, hasta algunas semillas.

Juana: Si mi apá estuviera aquí… y le interesara todo esto… 

Promotor: Usted también puede hacerlo.

Juana: ¿Yo?

Promotor: ¿Por qué no?

Juana: (Después de una pausa) Al menos compraríamos huaraches pa´los niños…

Promotor: Por lo menos. ¿Le interesa?

Juana: Sí. A ver, dígame.

Promotor: Mire, venga, le voy a enseñar.

(Juana se sienta como si fuera a recibir una clase. El promotor deja todo en el suelo y prepara los materiales como si fuera a dar una clase. Cuando va a iniciar, entran borrachos Pedro y Chano).

Pedro: ¡Ah, desgraciados, así quería agarrarlos!

Promotor: (Se queda petrificado).

Juana: (Sale corriendo, asustada).

Pedro: ¡No corras, ven acá!

Chano: ¡Que no se le vaya éste, compadrito! (Intentan agredir al promotor).

Promotor: (Huye dejando todo tirado).

Pedro: ¿No tenía yo razón, compadre?

Chano: Claro que no, no estaban haciendo nada malo. ¿O sí?

Pedro: ¡Vaya usté a saber! ¿No staban los dos solos?

Chano: Pus sí, ¿o no?

Pedro: Y si usté encuentra a su mujer o su hija con un desconocido y solos, ¿qué?

Chano: Pus me los friego.

Pedro: ¡Ahí ‘stá!

Chano: Mejor no nos vamos pa´l norte.

Pedro: Ora no se me va a rajar. Lo que pasó, pasó. ¿O qué? ¿Le tiene desconfianza a la comadre?

Chano: Claro que no. ¿Le tiene usté desconfianza a mi comadre?

Pedro: A ella no, pero a la Juana sí… total, ¿nos vamos o no?

Chano: Nos vamos, me están esperando un montón de dólares, ¿no?

Pedro: Como estoy muy enojado, vamos a echarnos otra y aluego empacamos y aluego nos vamos. ¿Ta bien?

Chano: Como usté diga, así ta bien.

Pedro y Chano: (Abrazados y cantando, o dizque).

“Qué lejos estoy del suelo donde he nacido,

inmensa nostalgia invade mi pensamiento,

y al verme tan solo y tan triste cual hoja al viento,

quisiera llorar, quisiera morir de sentimiento…”

Pedro: ¡Hi-ja-jay! ¡Por vida de Dios que sí! (Sale dando tumbos).

Chano: ¡Claro que sí… péreme compadre, no se me adelante! (Sale igual).

(Pausa)

Juana: (Regresa temerosa. Recoge rápidamente todo lo que dejó abandonado el promotor y se lo lleva ocultándolo como si fuera un tesoro).

         (Transición)

Juana: (Rodeada de los materiales del promotor, estudia atentamente uno de los folletos).

Micaela: (Entra, la contempla y hace un gesto de resignación). Pero m´hija, de ahí no vas a sacar nada.

Juana: Comida, amá, comida. Mire, aquí dice muy claro cómo hay que preparar la comida, cómo hay que plantar y regar… se mira fácil, sólo se necesita trabajar.

Micaela: (Pausa) Pero no tenemos semilla.

Juana: Aquí tenemos ésta que dejó el joven.

Micaela: ¿Y si viene por ella?

Juana: ¿Después del susto que le pagó mi papá? Además, esto hace cosa de un mes y no ha vuelto… A no ser que se entere que mi papá se fue p´al norte.

Micaela: Y ni noticias todavía. Ya no tengo dinero; no sé qué vamos a comer mañana.

Juana: ¡Aquí podemos sacar dinero!

Micaela: ¿Cuándo? Mientras voy a tener que llevar los marranos a la matanza.

Juana: (Pensativa). Si esto es cierto, esta semilla se debe plantar precisamente ahora, en este mes…

Micaela: ¿Qué dices?

Pedris: (Entrando. Viene de la labor). ¿Qui´hubo amá? ¿Qué hay de comer?

Micaela: Lo de siempre. ¿Fuiste al ojo de agua?

Pedris: Sí, ta bien. Y don Lencho no ha tumbado el agua allá arriba, así que me voy regar después de comer.

Juana: Oye, Pedris…

Pedris: ¿Qué?

Juana: Vamos a sembrar verduras.

Pedris: ¿Y pa qué?

Juana: Pa comer otra cosa que no sea lo de siempre.

Pedris: ¡Bah! Yo tengo mucho que hacer: las siembras, el ganado…

Juana: (Enojada) ¿Cuál ganado? Ya te pareces a mi apá: se la pasan en las siembras y en el monote las mañanas y en las tardes con los amigos. ¿Y todo para qué? Pa´nada. Nomás falta que también te emborraches…

Pedris: Mira, Juana, mejor cállate la boca…

Juana: Tú no eres mi apá… y si ya te crees tan hombre, a ver ¿cuánto dinero has arrimado a la casa desde que se fue papá? ¿Cuánto?

Pedris: Ya vendrán las cosechas, y entonces…

Juana: ¡Las cosechas!

Pedris: ¡Bueno! pues, ya te vas a callar, ¿o qué?

Micaela: Se van a callar los dos, y se van a poner sosiegos, mira que faltarle el respeto así a su madre…

Pedris: Pero todo esto lo va a saber mi apá cuando venga.

Juana: Sí, es cierto: que se lo sepa, y ¿sabes qué? No necesito de ti, ni de ti, madre, yo sola voy a trabajar es huerto y todo lo que saque será para mí y pa´mis hermanitos.

(Pausa)

Pedris: Pienso hacer un corral en ese terreno.

Juana: ¿Qué?

Pedris: Que pienso hacer un corral en ese terreno.

Micaela: No seas así, hijo…

Juana: ¿Pa´qué? Un corral, ¿pa´qué?

Pedris: Voy a mercar unas chivas.

Juana: (Controlándose). Mira, Pedris, yo voy a hacer mi huerto en ese terreno y lo voy a ocupar todo el tiempo hasta que tú te merques esas chivas que dices. Y ora ya no te metas conmigo, porque vamos a salir mal.

Pedris: De todos modos vamos a salir mal, mi apá tiene razón, llevas pasos de ser una perdida…

Juana: Peores pasos llevas tú, ya nomás te falta andar de borracho.

Micaela: ¡Ya hijos, por favor! Pedris, vente a comer… Juana, ayúdame con los niños.

(Micaela y Pedris, de malas ésta, entran a la casa. Juana permanece, se calma y continúa estudiando; se levanta, se adivina su lucha interior y finalmente toma actitudes decididas: hará el huerto. Sale.)

(Cambio)

Juana: (Entra con una cuchara de albañil y con un azadón y comienza el trabajo de preparar almácigos. Deja el azadón y estudia detenidamente los materiales impresos del promotor. Se da por satisfecha y sale… Regresa cargando dos botes de agua con una “maroma”. Con una vieja regadera de mano riega los almácigos Se queda mirando su labor y suspira. Entra Micaela).

Micaela: Ay m´hija, eso es mucho trabajar.

Juana: ¿Ya vido las plantitas, amá? Mírelas qué bonitas y parejitas… hay que empezar a preparar la tierra para el trasplante.

Micaela: Pero Juana, hija, si ´orita es tanto trabajo, ¿cómo le harás cuando tengas que acarrear botes y botes diarios para la siembra?

Juana: Usté no tiene confianza, por eso mira puras dificultades. Pero aquí hasta diosito ayudará; ¿no le llueven a usté tantos hijos? Pus aquí hará llover aguïta pa´mantenerlos, ya verá.

Micaela: Ya que se trata tamién de mis hijos, algo deberé hacer yo. Dicen que Dios dijo “Ayúdate que yo te ayudaré”. 

(Ambas se acuclillan y trabajan en el almácigo. Entra Pedris, quien viene del campo, las ve, sonríe con burla, sigue de largo y sale. Ellas no le hacen caso y continúan en su labor. Juana se levanta y sale)

(transición)

Promotor: (Entra)

Micaela: ¡Ah! Buenos días. ¡Buenos días! ¿Qui ´anda haciendo su mercé por acá? Tiempo que no lo víamos.

Promotor: Sí, ¿verdad? Pues nada, me dijeron que tenían por aquí un huerto muy bueno.

Micaela: Ya lo ve usté. Vea qué bonita plantada, y ya vemos por la segunda cosecha.

Promotor: Sí, ya veo… y también los almácigos van bien.

Micaela: ¿Verdá que sí?

Juana: (Entrando con un bulto de abono). Buenos días.

Promotor: Buenos… ¡Permítame que le ayude! (Corre a ayudarla).

Juana: (Suspira aliviada). Gracias. ¡Ay siñor, qué pena con usté!

Promotor: ¿Conmigo? ¿Por qué?

Juana: Pus yo no sé a usté, pero a mí no se me olvida la pena que m´hizo pasar mi apá, y…

Promotor: No tiene importancia.

Juana: Además, le debo sus semillas y sus papeles.

Promotor: ¡Es verdad! Usted se quedó con mis papeles y mis calendarios. ¿Ésas son mis semillas?

Juana: Pues sí…

Promotor: Estoy más que bien pagado entonces. Supe que había estado llevando al pueblo sus verduras… Si consigo que venga una camioneta más cerca, ¿se las venderán a los de la camioneta?

Juana: Claro que sí.

Micaela: Pero que se dé prisa, porque ya se nos viene la otra cosecha.

Promotor Sí, ¿verdad? ¿Me dan permiso de que les ayude?

Micaela: No se moleste usté.

Promotor: Ninguna molestia. A ver…

(Los tres se inclinan a levantar plantitas de los almácigos. Nuevamente entra Pedris, los ve, se molesta por la presencia del Promotor y se va moviendo la cabeza sin decir nada).

Micaela: (Levantándose de pronto) ¡Voy a cocer las verduras! (Entra a la casa)

Juana: Voy a ver si ya pusieron la´gua. No me tardo. (Sale por el rumbo del huerto).

Promotor: (Trabaja un poco más, se endereza, mira para todas partes como si reconociera el lugar y después sale lentamente por el rumbo que se fue Juana).

Pedris: (Entra triste, mira los almácigos y la plantada del huerto, siente una furia enorme y toma el azadón para destruir el plantío, pero ve la casa y se detiene. En eso entran el Promotor y Juana riendo a carcajadas y cantando, Juana trae un vestido y huaraches nuevos).

Juana: ¡Vivan las lechugas!

Promotor: ¡Y los rábanos, zanahorias y coliflores!

Micaela: (Entrando tras ellos, también con vestidos y huaraches nuevos, y un bulto en la mano). ¡Vivan los huertos de todas las verduras, digo, las verduras de todos los huertos!

Promotor y Juana: (De pronto miran a Pedris que los observa desde su inmensa tristeza, que empieza a convertirse en enojo y se quedan estáticos, casi mudos).

Micaela: (Reaccionando). ¿Qué tienes, hijo?

Pedris: (Le da la espalda con brusquedad e inicia el mutis).

Juana: (Alcanzándolo). ¡Pedris! Pedris, ¿qué pasó?

Pedris: (Después de una pausa). La vaca. Se desbarrancó la vaca…

Micaela: Dios mío…

Juana: ¿Y el becerro?

Pedris: Le voy a hacer un corral.

(Pausa)

Juana: Pedris, todavía queda mucha tierra, podemos hacer más grande el huerto. Mira, todos los días comemos y ya tenemos muchas cosas que nos hacían falta; todo del huerto, y hasta unos ahorritos. Vamos a hacer el huerto más grande, ganaremos más y compraremos otra vaca.

Pedris: (Baja la cabeza, su vergüenza es muy grande). ¿Qué dirá mi apá? Que no soy güeno pa´cuidar lo que me encarga.

Micaela: Tu papá ya ni se ha d´acordar de nosotros, en tanto tiempo ni un recado ni nada.

Juana: ¿Qué tal si ya tenemos otra vaca cuando él venga?

Pedris: (Esto abre la perspectiva de solución; asiente). Tá güeno. Yo tamién trabajo, qué caray, y dende ´orita.

Micaela: No, ´orita no, venimos de vender otra cosecha y nos vamos banquetear con verduras, retiartas verduras, y a darles a tus hermanitos estas ropas. Vente, vamos a comer.

(Salen sonrientes Micaela, Pedris y el Promotor).

Juana: (Observa su huerto satisfecha. Acaricia las plantas del almácigo con gusto. Se pasea orgullosa, sonriente).

Micaela: (Desde afuera). ¡Juana, hija, vente a comer!

Juana: (Da un salto de gusto y corre a la casa).

         (Transición)

Pedro y Chano: (Entrando, medio borrachos, visten como todos los braceros que han logrado trabajar un tiempo en el norte).

“Ya vine de donde andaba

Se me concedió volver;

A mí se me afiguraba

Que no te volvería a ver,

Pareces amapolita cortada al amanecer…”

Chano: ¡Ah, carajo, tá bonito!

Pedro: Era cierto. Sí era cierto, compadre.

Chano: No se me acelere, compadre.

Pedro: Ái ´stá. ¿No? Ese desgraciado de la ciudá siguió viniendo. Era cierto. Ái ´stá.  ¡En mi propia casa, compadre, en mi propia casa!

Chano: Cálmese, compadre.

Pedro: ¡Qué cálmese, ni que nada! Si he sabido no regreso; pa´ encontrarme con esto, no regreso, compadre, no regreso! ¡En mi propia casa! Y la alcahueta de Micaela, ¿Ónde anda? (Entra Pedris, cuyo gusto se desvanece ante el reproche). Hijo, ¿Qué hiciste en mi ausencia, a ver? Permitiste que tu hermana… ah, caray, si traes ropa nueva…

Pedris: Hemos trabajado muy duro apá.

Pedro: ¿Trabajado? (Entra Micaela). Yo sí he trabajado, y duro; nunca en mi vida había trabajado tanto ni ganado el montón de dólares que gané. ¿Me oyes, vieja alcahueta? El montón de dólares.

Micaela: A verlos.

Pedro: Me los quitaron, me los quitaron esos desgraciados… Pero no sólo a mí, a todos, tamién a mi compadre.

Chano: Es verdá, comadrita, alguien nos denunció y nos quitaron todo… bueno, no todo, aquí mi compadre y yo somos muy listos, ¿verdá, compadre?

Pedro: Claro que sí, ¿o qué?

Chano: Y cuando nos echaron pa´cá, pus tamién a los mexicanos de la frontera, que, con perdón de la comadre, son igualmente unos perros, tamién los engañamos y salvamos unos centavitos.

Pedro: ¡Unos buenos centavitos, qué caray!

Micaela: A verlos…

Pedro: Es que venía muy triste, ¿o es que no puedo…? Y nos echamos un trago, aquí mi compadre y los amigos… ¡Y al llegar me entero, me lleva el carajo! ¿Ónde ´stá esa Juana, mal´hija?

Juana: (Entrando). Aquí, apá.

Pedro: ¡Perdida! ¡Escuchona y perdida! ¡Lárgate de esta casa! (Entra el Promotor). ¡Vete con ese desgraciado, antes de que los mate a los dos!

Micaela, Juana, Pedris, Promotor: (Se quedan estáticos, mirando fijamente y con desaprobación a Pedro. El mismo Chano se descontrola).

Pedro: ¿Qué pasa? ¿Qué pasa?, pregunto… Es que queren que los corra a todos de mi casa… ¿O queren que los mate? ¿Eh? Que los mate, ¿Eso queren?

Juana: (Saca de entre los pechos un fajo de billetes y los arroja a los pies de Pedro).

Pedro: (Sorprendido). ¿Y eso?

Juana: Tus hijos y yo ya no tenemos hambre.

Pedris: Ni frío; hemos comprado ropa y gabanes.

Micaela: El señor ingeniero nos ayudó con sus consejos y sus conocimientos, igual que a otros que tienen también un huerto por el rumbo. Debías informarte bien.

Promotor: En realidad soy técnico en horticultura, señor; y uno de los mejores huertos de la región es éste; ha dejado muchas ganancias.

(Pausa).

Pedro: Así que todos mis… Tá güeno; ya entiendo; yo sobro, ¿no? Ni falta que hice, ni falta que hago. El huerto, ¿Éh? El huerto. Ya no tienen hambre, ni frío, y sí mucho dinero. Yo sobro. Tá güeno. Ámonos, compadre, todavía me queda un poco pa´ echármelo de alcohol. Ámonos, aquí nada tenemos que hacer.

(Inician el mutis y se detienen antes de salir. Los demás los miran irse, inclinan la cabeza apenados, lentamente se dan la vuelta y cierran).

Pedro: (Saca lentamente una botella de tequila. Está muy pensativo. Bebe un poquito y automáticamente le pasa la botella a Chano). 

Chano: (Que no ha dejado de observarlo, recibe la botella y apenas bebe). ¿Qué le pasa, compadre Pedro?

Pedro: ¿Cómo nos fajamos en las pizcas, compadre?

Chano: ¡Cómo los mejores machos!

Pedro: ¿Y pa´qué?

Chano: ¿Cómo que pa´qué?

Pedro: Sí, ¿pa´qué? Deme la botella. (La recibe y sólo juega con ella). Micaila tiene razón, ¿On’tá el dinero que ganamos…? ¿’Onde?

Chano: Nos lo robaron, ¿qué ya no se acuerda?

Pedro: ¡Qué va! Nos denunciaron a la migra, nos encarcelaron, no nos pagaron la última trabajada…

Chano: ¡Pinches güeyes!

Pedro: No, compadre Chano, no. Se mi hace que los güeyes somos nosotros… A lo mero macho, no ganamos nada. (Le da un trago al tequila, mira la botella, suspira). Tenga, ya no quero.

Chano: ¡¿Qué?!  ¡¿Ya no va a tomar?!

Pedro. Ora no, ai será mañana.

Chano: Güeno. (Guarda la botella).

Pedro: Además, si la Juana se va a casar, porque se tendrá que casar, ni modo, ni modo, aunque toavía se me hace muy chiquilla, y se casa con un tipo trabajador y preparado como ése, pues yo digo que está bien, ¿o no?

Chano: ¡Ah carajo!

(Pausa. Se abren Juana y Micaela y trabajan pesadamente, agobiadas por una jornada llena de sol).

Pedro: ¿Cuáles viejas güenototas? Pirujas pintadas de güero pa´quitarnos el dinero y tenernos tranquilos, no más…

Chano: Pus sí…

Pedro: ¿O qué?

Chano: Nada. Ya lo decía yo tamién.

(Pausa. Se abren Pedris y el promotor y se unen al cansado trabajo de las dos mujeres).

Pedro: Yo le juro que ellos no trabajaron ni la mitad de lo que nosotros y mire todo lo que tienen. En cambio nosotros…

Chano: Ya se ve: pior de jodidos…

Pedro: Eso no´stá bien. No.

Chano: ¿Qué me quere decir pues, compadre?

Pedro: Que traigo ese huerto metido aquí (se pone el puño en el pecho, con rabia), y no me lo puedo sacar.

(Pausa. Los otros cuatro dejan de trabajar, miran orgullosos la plantada, se sonríen y se dan la mano, triunfantes, y se congelan).

Chano: ¿Sabe qué, compadre? A lo mejor tiene usté razón.

Pedro: Si la mitad del trabajo que les fuimos a dar a los gringos, lo hubiéramos metido aquí..

Chano: Y sería de usté, de su propiedá.

Pedro: O de usté. ¿O no puede usté tener su propio huerto?

Chano: A lo mejor sí… en las tierritas de atrás de la casa.

Pedro: Ai tá…

(Pausa. Los otros cuatro se cierran).

Pedro: ¿Sabe qué, compadre? Yo aquí me corto.

Chano: ¿Y pa´onde va? Si se puede saber…

Pedro: Pa´mi casa, qué caray.

Chano: Tendrá usté mucha condición, compadre.

Pedro: ¿Pus a poco no?

Chano: ´Tá güeno.  Yo tamién tengo casa, y unas tierritas que atender. A lo mejor no un huerto, otra cosa, Dios dirá, pero yo crio que tamién les puedo sacar provecho.

Pedro: ´Tá güeno. Quede con Dios, compadre.

Chano: Adiós, compadre.

(Sale Chano. Los otros se abren paulatinamente, mientras Pedro se dirige a ellos lentamente, con la cabeza gacha. Ve los billetes y los levanta. Los demás no comprenden. Se acerca después a Micaela, examina la ropa nueva de ésta; sonríe y le devuelve el dinero. Los otros están descontrolados. Pedro mira la casa, camina admirando el huerto y los almácigos. Hace un gran esfuerzo y se planta ante ellos).

Pedro: Cuesta mucho trabajo, pero, ¡qué caray!, sí es cierto: me rajo. Me rajo como los meros machos… y ya ´stuvo bien… Ustedes me acaban de enseñar muchas cosas en un ratito, y pus de plano se necesita estar loco o ser pendejo… no hablemos más. ¿´On tá el azadón? (Juana se lo da rápidamente). Gracias, hija…

(Todos sonríen admirados, contentos y tensos. De pronto Juana toma los botes para acarrear agua y Micaela los abonos, Pedris una cosa y el promotor otra…)

Pedro: No, hija. (Todos se detienen). A ver, Pedris, tú acarreas el agua; tú, Juana, los almácigos. Micaela, ten el azadón. (Al promotor). ¿Me acompaña a abonar, amigo?

(Después de la sorpresa, todos se mueven alegremente en sus labores, y en seguida todos se congelan).

Fin de la obra.

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