El Guerrero del Sur

Fernando López Alanís

Por el propio autor

En un solo Acto

Enero del 2004

Personajes:

       Señora Movimiento

       Señora del Color

       Señora Adivinación

       Caminante

       Emiliano

       Guardián

Nota: Hay Directores teatrales a quienes no gustan las acotaciones del autor, porque las sienten como una limitación para su creatividad, y tienen razón. Sin embargo, en mi caso, las mantengo con el fin de que tanto el Director, como los Actores y todos quienes forman parte del equipo para poner una obra en escena, tengan datos suficientes para conocer a los personajes, así como mis intenciones o los fines de la obra. Muchas gracias por atenderme. 

ACTO  ÚNICO

Escena  1:

(Salen las señoras conforme hablan. Tras ellas aparece Caminante, con un bracerillo que quema copal. Coinciden en el centro del escenario en actitud de oración deprecatoria. Los cuatro visten atuendos prehispánicos de la cultura Náhuatl)

SEÑORA MOVIMIENTO: Tendrá la belleza del venado, cuyos cuernos se comunican con el aire y con el mundo espiritual.

SEÑORA DEL COLOR: Tendrá la belleza del venado, cuyo diseño es la perfección con el monte y con el valle, con el bosque y con el agua.

SEÑORA ADIVINACIÓN: Tendrá la belleza del venado, de hermosos ojos que miran entre la espesura, de orejas que no descuidan un ruidito, de olfato que distingue en el viento el alimento y el peligro.

CAMINANTE. Tendrá la belleza del venado, cuyos cascos ligeros reciben fuerza y enseñanza de la Madre Tierra, cuyas piernas perfectas encuentran el camino del ataque o de la salvación. (Deja el bracerillo en el suelo)

SEÑORA MOVIMIENTO: Venado y tortuga: para que cuide a los suyos, que son los de su raza explotada.

SEÑORA DEL COLOR: Venado y armadillo, para que sepa contenerse dentro de los límites que guardan las tierras y  las tradiciones.

SEÑORA ADIVINACIÓN: Venado y delfines, para que la sabiduría del agua le alimente más de lo que pueda aliviar la sed.

SEÑORA MOVIMIENTO: Hermanita agua, dale tu fuerza y tu sabiduría, que cuente siempre contigo, y tú no olvides que es tu defensor.

SEÑORA DEL COLOR: Venado y puma, pareja de dones excelente para quien habrá de moverse en la espesura de la floresta y de los humanos.

CAMINANTE: Venado y águila, pareja de dones excelente para quien habrá de mirar las señales y atacar en el momento exacto, o no atacar; permanecer en el vuelo o en los matorrales.

       (Conforme hablan casi gritando, vuelven al lugar por donde entraron)

SEÑORA MOVIMIENTO: Dones perfectos para la misión del guerrero.

SEÑORA DEL COLOR: Dones perfectos para la misión del guerrero.

SEÑORA ADIVINACIÓN: Dones perfectos para la misión del guerrero.

CAMINANTE. (Lleva el bracerillo al proscenio) Ya lo aman el fuego, la tierra, el agua y el viento, ya lo aman los guerreros de la antigüedad y los dioses ancestrales, ya lo amamos quienes lo esperamos: eso significa que morirá joven, ¿por qué ha de ser siempre así?

SEÑORA MOVIMIENTO: Capa de quetzales verdes y resplandecientes.

SEÑORA DEL COLOR: Capa de plumas azules y resplandecientes

SEÑORA ADIVINACIÓN: Capa de plumas amarillas y resplandecientes

SEÑORA DEL COLOR: Capa resplandeciente hecha de plumas de zinzones

CAMINANTE: Capas que ponemos delante de ti, padre sol, para que las asolees, les des tu poder, y así podremos vestir a este niño que nos nacerá.

MOVIMIENTO: Recibe, hijito nuestro, débil ahora y fuerte después por voluntad de los dioses del amor y de la justicia, recibe las flores de todos los colores y de suaves olores, como una muestra de los dones divinos de la Madre Tierra.

CAMINANTE: Y estas espinas del maguey, para que agujeres tus orejas, agujeres tus narices, y aprendas a soportar el dolor.

ADIVINACIÓN: Nadie se atreva a sacar el fuego de la casa de adobe y palma donde ha nacido el guerrero. El fuego de su casa le cubrirá y le llevará donde debe ir, aunque algunas veces se resista, y finalmente será un fuego lento y blanco que iluminará al pueblo que nacerá del sufrimiento y de la sangre.

COLOR: Hijo mío, has venido al mundo donde has de padecer muchos trabajos y fatigas, porque estas cosas hay en el mundo, pero serán para ti mayores. A eso has venido por tu propia voluntad.

MOVIMIENTO: Eres imagen de tu padre y de tu madre. Estarás con nosotros mucho tiempo, poco tiempo, y te gozaremos cuanto estés con nosotros.

CAMINANTE: Hemos conocido a tus abuelos, porque vivieron en este mundo, y tú eres su descendiente. Ahora te toca a ti, y yo te acompañaré. (Sale)

(Hacen ademanes las Señoras como si acariciaran la cabeza del niño, sin tocarlo)

MOVIMIENTO: Hija mía, oh señora mía, has sufrido trabajo para parir a tu hijo, que es amable y rico como una pluma preciosa. Hasta ahora eran uno tú y tu criatura, ahora son dos distintos. Cada uno ha de vivir por sí y cada uno ha de morir por sí.

COLOR: Gozaremos a tu hijo, y lo tendremos como un collar de piedras preciosas, desde ahora que ha nacido, y hasta que los siglos se acaben en esta tierra sureña.

ADIVINACIÓN: Oh, hija mía, en adelante todos preguntarán por ti, por tu nombre y apellidos, pues en tu vientre se gestó un guerrero, que será para muchos salvación y para otros motivo de enojo y de rencores.

Escena  2:

(Señora del Color y Adivinación sentadas cerca del río, en la playita, entre ambas el bracerillo quema copal. Emiliano está atrás, sentado en cuclillas, observando.)

MOVIMIENTO: (Sale caminando lentamente de la casa. Trae en la mano izquierda un bulto, que se supone es la placenta, teñido apenas de sangre) Ha nacido, pero nadie se atreva a decir que su madre es mujer. Ha nacido porque la tierra ha parido un hijo que la redima. Llora de placer la tierra y quiere que su hijo la recuerde siempre. Ellos son uno. Los siglos pronunciarán sus nombres siempre unidos.

SEÑORA DEL COLOR: Del cielo llueven leves y frescas gotas de rocío, que mojan nuestro pelo y empapan la negra tierra. No hay nubes. No amenaza tormenta a los lejos. Y el rocío lentamente humedece las hojas y las flores, el pasto y las piedras. Un suave rocío vespertino que canta en silencio el nacimiento de este niño. El agua lo bendice.

ADIVINACIÓN: Devolvamos a la tierra lo que la tierra dio. Vengan, hermanas, enterremos el vehículo sagrado en que llegó el guerrero. Acá, cerca del agua. En esta playa del río que culebrea como la sabia serpiente. Río Anenecuilco, ahora tu nombre será sagrado y cuidarás del pueblo hasta que el agua deje de humedecer tu cauce: entonces la gente llorará queriendo con sus lágrimas suplir la falta de agua, pero será en vano, porque se habrán ido en la maldad las enseñanzas que ahora por última vez la tierra y el agua dan a los hombres ignorantes. Hermanas, vengan conmigo a esta playa. Aquí, donde se unen la húmeda arena y la tierra húmeda. (Señala un círculo del tamaño del bulto) Vengan a cavar. Haremos un hoyo que todos querrán conocer, pero que nadie encontrará jamás. 

SEÑORA MOVIMIENTO: (Coloca el bulto donde ha señalado la Señora Adivinación. Señala tres círculos con el copal y lo deja a un lado)

       (Las tres toman lugares de manera que evidentemente forman un triángulo que cubre al bulto, y se balancean lentamente, al mismo ritmo)

SEÑORA MOVIMIENTO: Recibe, madre tierra, la ofrenda que hacemos de tu hijo.

SEÑORA DEL COLOR: Agua del cielo, agua del río, riega, cubre al hijo nuestro. Que crezca con tu alimento.

SEÑORA MOVIMIENTO: Aire, viento, dale tu aliento. Dale quietud, dale tormenta.

CAMINANTE: (Aparece)

ADIVINACIÓN: La tierra ha parido un guerrero, ¿cómo puede ser? Las aguas bendicen a quien la muerte seguirá pegada a sus talones, ¿cómo puede ser? ¿De dónde viene el niño que llora en esa casa, desamparado como otro niño cualquiera?

CAMINANTE: Es hijo del sol.

SEÑORA MOVIMIENTO: Unión santa.

SEÑORA DEL COLOR: Maridaje noble en verdad. 

ADIVINACIÓN: Los siglos midieron esta gestación.

CAMINANTE: Bendigan al hijo del sol, mujeres que asistieron a su nacimiento. Más allá de nuestra muerte, y de la muerte que en círculos de sangre acompañará su vida de guerrero, brillará en el sur como otro lucero que se mira de noche y de día. Brillará de blanco, brillará de rojo, brillará de azul, brillará dorado. Brillará y su nombre no perecerá mientras estos valles y montañas, estos vientos y rocíos permanezcan.

LAS 3 SEÑORAS: (Sin romper el ritmo, caminan lentas y solemnes alrededor del bulto blanco. Dan tres vueltas. Murmuran una tonada, suave, linda y monótona. Callan y se detienen)

EMILIANO: (De pie)

CAMINANTE: Recibe la tierra esa ofrenda primera, y se levanta el ángel tutelar de Anenecuilco, Miguel, el Guerrero de Dios. San Miguel Anenecuilco aceptará o no el destino que en el viento se dibuja, ya se verá. Y todo habrá de cumplirse.

LAS 3 SEÑORAS: ¡Así sea!

(Por diferentes salidas salen Caminante y Emiliano. Con mucho cuidado y amor las Señoras escarban y entierran el bulto. Adivinación con el bracerillo señala sobre el entierro, en el aire, una cruz encerrada en un círculo. Es un momento solemne)

              (Oscuridad paulatina. Permanece la penumbra)

Escena   3:

(Entran la Señora del Color y la Señora Adivinación. Ésta prepara a Caminante, y la otra a Emiliano, vistiéndolos y entregándoles lo que necesitarán para la escena. Después de colocarlos en sus respectivos lugares se juntan en el centro del escenario y se colocan juntas en algún lugar, donde permanecerán como testigos, Se le une Señora Movimiento con un sahumerio. En un extremo del escenario Caminante; en el otro extremo Emiliano, vendado de los ojos, sin camisa, con una rodilla descubierta, y un lazo corriente que le ata la mano derecha al cuello. Escena en penumbra)

CAMINANTE: ¿Cuál es tu nombre, y dos apellidos?

EMILIANO: Emiliano Zapata Salazar.

CAMINANTE: ¿Qué quieres de nosotros?

EMILIANO: La Luz.

CAMINANTE: Antes de recibir la luz, demuestra que ya estás listo para poseerla.

EMILIANO: (Dando vueltas en el mismo lugar, con las manos tanteando en la oscuridad) Estoy perdido y soy débil.

CAMINANTE: Purifícate de los ruidos, truenos y desórdenes de tu ignorancia. Purifícate de tus pasiones: que la tierra como madre amorosa las convierta en fuerzas de amor y belleza. El agua te purifique de tus deseos de ser juez y verdugo, y te enseñe la moral y la razón, y que el fuego te purifique totalmente para que en tu corazón sólo viva el amor a los demás.

EMILIANO: Para saber y practicar todo eso pido la luz.

CAMINANTE: ¿Con qué derecho la pides?

EMILIANO: Con el derecho de los hombres libres y de honor.(Se adelanta un poco hacia Caminante)

CAMINANTE: ¿Cómo sabes que eres hombre libre y de honor si vives en la oscuridad?

EMILIANO: Porque me acerco sin ambiciones malsanas ni pensamientos maliciosos.

CAMINANTE: Sólo hay una forma de vivir la luz, que es vencer a los vicios y los más grandes enemigos que tenemos, las pasiones, y a sus terribles aliados: la hipocresía, la mentira, la ambición, la ignorancia y la tiranía. La lucha no es sencilla ni fácil, pero el triunfo te dará la luz de la Verdad que buscas. ¿Estás dispuesto a luchar con todas tus fuerzas, por la virtud y la instrucción?

EMILIANO: Estoy dispuesto. (Avanza otro poco hacia Caminante)

CAMINANTE: La luz que vas a recibir te enseñará lo que el hombre debe a Dios, lo que debe a sí mismo y lo que debe a sus semejantes. ¿Estás dispuesto a recibir esa enseñanza y esforzarte por cumplirla?

EMILIANO: Estoy dispuesto. (Avanza otro poco)

CAMINANTE: Dictar leyes y hacerlas efectivas es la soberanía, palabra que viene de las latinas «super omnia», soberanía, que significa algo que está sobre todas las cosas; es decir, la ley. La Soberanía y la Verdad son patrimonio de todos y cada uno de los hombres, y de los pueblos libres. ¿Aceptas jurar tu compromiso por la soberanía del pueblo?

EMILIANO: Acepto. (Se colocan el uno frente al otro)

CAMINANTE: Extiende el brazo y la mano derecha. Ahora repite conmigo: «juro enseñar a todos a conocer y apreciar sus derechos y deberes, a legislar y administrar justicia con imparcialidad y equidad. Juro defender al débil contra el fuerte, velar por la salud pública, y proteger el presente, sin comprometer el porvenir».(Le entrega una llave dorada) Toma esta espada. Adquiere con ella el compromiso de defender los derechos de los hombres, fundados en los principios eternos de la justicia. (Le entrega un machete ricamente labrado) Repite: ¡Qué jamás se manche con la sangre de los débiles, ni sostenga a los tiranos!

EMILIANO: ¡Que jamás se manche con la sangre de los débiles, ni sostenga a los tiranos!

CAMINANTE: ¡Que así sea!

EMILIANO: ¡Así será!

CAMINANTE: Mantén cerrados los ojos. (Le quita la venda y lo libera del lazo. Después:) ¡Recibe la luz que pediste!

(Iluminación total. Emiliano extiende los brazos en cruz: en la izquierda tiene la llave dorada, en la derecha empuña el machete. Nuevamente oscurecimiento paulatino, hasta el término de la escena) 

SEÑORA DEL COLOR: (Quitándole la llave) Te han purificado simbólicamente el agua, el fuego, la tierra y el aire.

SEÑORA ADIVINACIÓN: (Quitándole el machete) Ellos te han visto nacer dos veces.

SEÑORA DEL COLOR: Ahora comprenderás mejor el mundo que has recibido.

SEÑORA ADIVINACIÓN: Caminas muy deprisa, guerrero.

SEÑORA DEL COLOR: Pronto los símbolos que recibiste cubrirán tu vida de belleza.

SEÑORA ADIVINACIÓN: Recibe el dolor que purifica, el sufrimiento que enaltece, y de nuevo el amor que santifica. 

LAS DOS SEÑORAS: Muéstrales a los demás el camino.

       (Oscuro total. Salen todos)

       Escena  4:

CAMINANTE: (Entrando) Esa familia Zapata de Anenecuilco tiene mucho cariño de todos, mucho respeto; pero por lo mismo, otros tantos no la quieren, y mucho menos los quieren los enemigos de la tierra y del agua.

EMILIANO: (Entra y sigue las palabras de Caminante y de la Señora Movimiento)

SEÑORA MOVIMIENTO: (Entrando) Los enemigos del viento y del fuego.

CAMINANTE: Anda el guerrero por las calles y los caminos, anda paseando a caballo por los pueblos de barro, que mira como suyos. 

SEÑORA MOVIMIENTO: Anda paseando por los cerros con un gallo de pelea en los brazos, o con una carga de los frutos que recién cosechó.

CAMINANTE: En las ferias del Santo Patrono el guerrero, hombre todavía, respira contento el sol, el aire polvoriento, el sexo húmedo y la música y el color de los juegos, las enaguas y las espuelas. 

SEÑORA MOVIMIENTO: Pero no es feliz el hombre, le falta la justicia, extraña el amor total de Dioses que no conoce, y en su recuerdo ancestral se amontonan las historias de sufrimientos y de trabajos sin otra compensación que el sudor de los hombres, y una lágrima de fuego en las mejilla de las mujeres. 

CAMINANTE: Ha llegado el momento de tender los ojos al futuro, y  hoy sucederá lo que revolverá su estómago y su corazón.

SEÑORA MOVIMIENTO: Anda, Emiliano, recibe la lección de tu pueblo.

CAMINANTE: Ya lo vigilan por donde quiera que anda. 

SEÑORA MOVIMIENTO: No le quitarán los ojos de encima.

       (Sale la Señora Movimiento. Emiliano se aparta un poco)

Escena    5:

       (Un camino de Milpa Alta. Caminante se transforma en El Guardián y se sube para sentarse sobre una cerca de piedra, en la parte más alta de la población. Llega a pie Emiliano)

GUARDIÁN: ¿Quién eres?

EMILIANO: Emiliano Zapata, de San Miguel Anenecuilco.

GUARDIÁN: ¿Qué buscas? ¿A quién quieres ver?

EMILIANO: Me dijeron los ancianos del pueblo que viniera a Milpa Alta, así nomás, y yo estoy obedeciendo.

GUARDIÁN: ¿Por qué no hablas la lengua? ¿Hablas náhuatl?

EMILIANO: No.

GUARDIÁN: ¿Entonces como sé que eres el Calpuleque que espero?

EMILIANO: Ahora sé que eres tú quien me mandó llamar. Tú sabías que me eligieron Calpuleque y que decidí quitar las cercas injustas, por eso me mandaste llamar. Ya estoy aquí. Me dijeron que eres el Guardián y que eres hombre sabio. Ya estoy aquí.

GUARDIÁN: ¿Qué ves allá, Emiliano?

EMILIANO: Los Volcanes, señor.

GUARDIÁN: Mira bien, Calpuleque.

EMILIANO: Enojo. Hay mucha rabia en los volcanes.

GUARDIÁN: Y allá, ¿qué ves de este lado, Emiliano?

EMILIANO: La ciudad, señor.

GUARDIÁN: Mira bien, Calpuleque

EMILIANO: La injusticia, señor.

GUARDIÁN: Yo quiero pasar los cerros, pero no sé que hay atrás de los cerros.

EMILIANO: No pases los cerros, Guardián, porque encontrarás la tristeza.

GUARDIÁN: Entonces las cosas no están bien.

EMILIANO: No están bien. Los enojados debiéramos ser nosotros, y estar tristes los volcanes. Dime cómo, Guardián, si para eso me llamaste.

GUARDIÁN: Meshico tiene que cambiar, pero no saben cómo. Andan errantes en los desiertos, sin detenerse a mirar las estrellas, y en las ciudades sólo ven el suelo y paredes, escuchándose ellos solos: por eso quieren cambiarlo por fuera. Pero tú, Calpuleque de Anenecuilco, tendrás que cambiar a Meshico por dentro. De aquí, de la cabeza, y de aquí, del corazón. ¿Me entiendes, guerrero del sur?

EMILIANO: Te entiendo, Guardián. Te agradezco que me lo digas, pero no veo cómo, no veo por dónde. Yo soy pequeño, apenas me conocen en mi tierra, y México es muy grande, y su gente muy variada, con muchos letrados, ¿quién soy yo? ¿Quién me escuchará? Y además, ¿qué les voy a decir?

GUARDIÁN: Bien lo sabes, guerrero del Río Serpiente.

EMILIANO: Despeja mi ignorancia, hombre sabio. Ya veo que he venido para eso, para dejar esta ignorancia.

GUARDIÁN: ¿Qué hay del otro lado del valle que contemplas?

EMILIANO: Tepeyac, Señor, la Madre Nuestra de Guadalupe. 

GUARDIÁN: ¿Has estado allí?

EMILIANO: Un domingo, Guardián, hombre sabio. Cuando me trajeron a ver los caballos de don Ignacio de la Torre y Mier, me di tiempo y un domingo fui. Caminé por el cerro, y una sensación muy extraña recorría mi cuerpo.

GUARDIÁN: Tepeyacac, Guadalupe, Nana Tonantzin.

EMILIANO: ¿La madre Tonantzin? ¿La virgen de Guadalupe es la Madre?

GUARDIÁN: No te dijeron la enseñanza completa, guerrero. Ahora tendrás que aprenderla montado en un caballo,  cabalgando para allá, y para allá, y para allá. Atravesado adentro de la cabeza, así; abriendo el corazón, así. Tú cabeza, Emiliano, y tu corazón.

EMILIANO: Si así está dispuesto, así se cumplirá. ¿Qué tengo que hacer?

GUARDIÁN: Calpuleque de San Miguel Anenecuilco, acepta que morirás con violencia, porque así conviene a tus hermanos y al cambio interior de Meshico.

EMILIANO: ¿No dices que soy un guerrero? ¿No cuentan que cuando nací estuvieron conmigo dioses y diosas del agua y del viento, de la madre tierra y del padre sol? ¿De dónde voy a tener miedo? ¿Acaso dudas de mí, hombre sabio?

GUARDIÁN: Acepta o retírate.

EMILIANO: ¡Acepto!

GUARDIÁN: (De una caja ricamente labrada y pintada, extrae un bastón de madera muy fina. Es sólo una vara recta con una bola del tamaño para ser empuñada, y no mide más de un metro. Se para frente a Emiliano) Tu aceptación fue recibida con amor por el Señor Ometéotl, Padre Madre Divinos, quienes mandan que cuando hayas cumplido tu misión, tu nombre despierte inquietudes más allá de los límites naturales de Meshico. Extiende los brazos, Calpuleque, y recibe el peso de ser un Conductor de Hombres, y vive para la gloria del cielo estrellado, para la satisfacción del deber cumplido, y para que con beneplácito en el fondo te reciba la tierra que los parió con extraños y grandes dolores. Recibe el bastón, símbolo de tu mando, Guerrero del Sur. 

EMILIANO: (Profundamente conmovido recibe con mucho respeto el bastón. Lo contempla. Mira al cielo y baja después la cabeza con mucho respeto. Entonces toca con la empuñadura su frente, su corazón y su vientre. Lo empuña.) Vamos a morir. Padre sabio, cumpliremos. (Se pega el bastón al corazón, y así lo mantendrá hasta el final de la escena)

GUARDIÁN: Te has ganado tener un rostro, y pronto tendrás un corazón. A muchos, tantos que no podrán contar sobre la tierra, les llevarás esta enseñanza. Esta enseñanza y las acciones de nuestro pueblo cambiarán a los mexicanos. Y nunca se perderá la memoria de tan grandes hechos que vendrán, para ser llevados ante el mundo todo, como mensaje de preparación para su propio cambio. Así será entendido y hecho por quienes tengan capacidad para creer y confiar.

       (Salen. Oscuro)

Escena  6:

(Lugares indeterminados. Las Señoras y Caminante entran conforme hablan. Con todos sus arreos de campaña. Entra por el lado opuesto a Emiliano, y se queda a lo lejos)

SEÑORA MOVIMIENTO: Y llegó el momento señalado por la injusticia de los hombres. 

CAMINANTE: En todo el mundo comenzaron los hombres a volver la mirada a las montañas y a los desiertos, al mar y a las estrellas: buscaban en el viento la libertad y el amor.

SEÑORA DEL COLOR: Pero ni el horizonte ni el viento respondieron.

SEÑORA MOVIMIENTO: Fueron veinte años de sufrimientos muy grandes para la Humanidad.

SEÑORA DEL COLOR: ¡Oh, cuánto sufrimiento!

SEÑORA ADIVINACIÓN: ¡Ah, cuanta sangre! 

SEÑORA MOVIMIENTO: Mujeres, niños y niñas, ofrecieron su debilidad y su inocencia.

CAMINANTE: Y los hombres se sacrificaron unos a otros, sin recuperar la hermandad perdida. 

SEÑORA ADIVINACIÓN: México celebró el centenario de su Independencia en el ambiente terrible de la miseria espiritual y moral, de la injusticia y del odio entre los hermanos. 

CAMINANTE: Y entonces el pueblo recordó a sus héroes.

SEÑORA MOVIMIENTO: El pueblo recordó los sacrificios de sus padres ante los tiranos y ante las bayonetas y cañones de los ejércitos extranjeros: gringos, españoles y franceses.  

CAMINANTE: Y revivieron sus anhelos por ser un pueblo autónomo, soberano y libre. 

SEÑORA DEL COLOR: Al mismo tiempo apareció la más terrible sequía. 

CAMINANTE: La Madre Tierra sufría. 

LAS 3 SEÑORAS: ¡Ah!

CAMINANTE: El aire sucio. Los hombres y la Madre Tierra respiraban suciedad, y los árboles caían dejándola sin oxigeno.

LAS 3 SEÑORAS: ¡Ah!

CAMINANTE: El agua de sus venas estaba envenenada.

LAS 3 SEÑORAS: ¡Ah!

CAMINANTE: Y la herían y la quemaban, y en lugar de amor la cubrían de sangre y de maldad.

LAS 3 SEÑORAS: ¡Ah!

SEÑORA MOVIMIENTO: La Madre Tierra se negó a alimentar más la injusticia y se volvió contra sus hijos, y la sequía les advirtió el desastre, pero no quisieron entender.

SEÑORA ADIVINACIÓN: Surgieron las guerras y las revoluciones.

EMILIANO: (Entra, camina atravesando el escenario y sale)

SEÑORA DEL COLOR: Entonces los ángeles enviaron inspiraciones a los hombres.

SEÑORA MOVIMIENTO: Y Emiliano caminó al encuentro de su destino.

SEÑORA ADIVINACIÓN: El pueblo siguió al Guerrero.

SEÑORA DEL COLOR: Surgió en el sur, en San Miguel Anenecuilco, y despertó la conciencia de México.  

CAMINANTE: Y la violencia tuvo como respuesta la violencia.

       (Cambio de iluminación.)

Escena   7:

SEÑORA DEL COLOR: El presidente Francisco Indalecio Madero no tiene visión para gobernar en paz y realizar sus propósitos. Caerá, y vendrán otros que tampoco podrán sostenerse. Así es una revolución.

SEÑORA MOVIMIENTO: Y nosotros hemos padecido la guerra cruel de Victoriano Huerta, la de Pablo González, de Felipe Ángeles, y de sus presidentes y de sus subordinados.

SEÑORA ADIVINACIÓN: Emiliano Zapata se ha vuelto inflexible en el sur, y sigue con las armas reclamando justicia, sólo eso: justicia.

SEÑORA MOVIMIENTO: Nada de eso es bueno para el pueblo ni para la nación mexicana. 

LAS TRES SEÑORAS: (Retirándose al fondo del escenario) Hambre, sed, sangre; la mirada de los niños se abre más cada día.

(Desde el fondo se vuelven y caminan de prisa, como si volaran por todo el escenario. Aparece Emiliano)

SEÑORA MOVIMIENTO: Mi casa es mi casa. 

SEÑORA DEL COLOR: Mi madre es la tierra. 

SEÑORA ADIVINACIÓN: Es cosa de ombligo. 

SEÑORA MOVIMIENTO: Tierra abierta a fuerzas, con fierro y sudor. 

SEÑORA DEL COLOR: Ella sufre con amor, porque pare hombres y alimentos para sus hijos.

SEÑORA ADIVINACIÓN: Es tiempo de sembrar. Es tiempo de cosechar.

EMILIANO: Yo no tengo tiempo, porque no soy de ningún tiempo.

SEÑORA ADIVINACIÓN: Si no eres del tiempo, estás vivo o estás muerto.

EMILIANO: Si estoy vivo, ahora estoy dispuesto a morir a la hora que sea.

GUARDIÁN: (Entrando) ¿Acaso cumpliste la misión?

EMILIANO: Y si no, por mi honor y por mi dignidad, ¿qué me falta? 

LAS TRES SEÑORAS: ¡Ah! (Y se detienen, estáticas con las manos en alto)

GUARDIÁN: Difundir y cumplir el sacrosanto deber del honrado pueblo mexicano

EMILIANO: Llevo la pureza del sentimiento en el corazón. Trigo aquí la  tranquilidad de la conciencia. Nunca he pedido clemencia más que a dios, ni la necesito de nadie más, porque todavía hay hombres que tenemos vergüenza.

LAS TRES SEÑORAS: ¡Ah! (Revolotean una vez más)

EMILIANO: Y Naná Tonantzin Guadalupe vive y muere conmigo y con los hombres y mujeres del Ejército del Sur. Pensamos con ella, sentimos con ella y morimos con ella.

LAS TRES SEÑORAS: ¡Ah! (Y se detienen)

GUARDIÁN: ¿Ya miras ese final, Guerrero Sureño, Guerrero de Mano Izquierda?

EMILIANO: Yo y los hombres y mujeres que me siguen anhelamos la paz, pero sólo la aceptaremos al triunfo del Plan de Ayala, y a condición de que esa paz se nos dé de acuerdo a los principios que sustentamos. Seguiremos luchando hasta vencer, o sucumbiremos en nuestras demandas.

GUARDIÁN: Así será.

LAS TRES SEÑORAS: (Salen como si volaran en medio de un largo lamento)

       Escena  8:

       (Cambio de iluminación. El Guardián se transforma en Caminante) 

CAMINANTE: Los centauros son un hombre y un caballo que se juntan para hacerse uno solo.

EMILIANO: El hombre se hace caballo y el caballo se hace hombre, entonces el hombre es dos veces hombre y el caballo dos veces caballo, ¿o no es así?

CAMINANTE: Por eso el caballo vibra y transmite coraje a la entrepierna del hombre que lo monta. Hay que entenderlo y amarlo.

EMILIANO: El caballo también sabe mandar, por eso si lo tienes, hay que dominarlo con mucho cuidado y respeto.

CAMINANTE: ¿Y por qué estás a pie, Emiliano?

EMILIANO: Porque es necesario que mis pies no dejen de sentir la tierra y el agua. A caballo voy con el viento y somos todo fuego, pero no basta.

CAMINANTE: Eso no lo comprenden los hacendados ni los citadinos; para ellos el caballo es un lujo o un estorbo.

EMILIANO: Por eso tampoco entienden nada de nosotros, nada.

CAMINANTE: Ni saben lo que es cuidar una milpa.

EMILIANO: Peor aún: ellos no saben lo malo que es no tener una milpa que cuidar.

CAMINANTE: Ya tienes nueve años guerreando, y siguen sin hacerte caso. Si lo entendieran, no le harían a tu pueblo una guerra tan cruel, ni te perseguirían para destruirte.  

EMILIANO: Ni tuviéramos tantos ignorados y oscuros luchadores que enterrar. De ellos y de nosotros.

CAMINANTE: Emiliano, tu pueblo te ha confiado la inteligencia que Dios le dio, y los brazos y el pecho al servicio de la causa, y muere con gusto para bien de sí mismos de sus hermanos, de sus mujeres y de sus hijos; pero déjame decirte que el valor de las mujeres es lo que más admira a todos.

EMILIANO: A veces me parece que yo solo sirvo para que «esto» dure hasta que tenga que acabarse.

CAMINANTE: Mientras tu vivas, el pueblo nunca tendrá la debilidad de callar lo que es un deber decir con honradez. Ahora ya ni aunque tú mueras.

EMILIANO: Así tiene que ser.

CAMINANTE: Y hablando de morir, ¿ya te informaron que el maestro Burgos fue sacrificado con sus hijos chiquitos en Pueblo Viejo, y que sus cabezas están expuestas en la plaza de Cuautla. 

EMILIANO: ¿De dónde saldrá tanta crueldad?

CAMINANTE: ¿Y que tu compadre Montaño fue encontrado traidor a ti mismo y a la causa, y por eso lo acaban de fusilar?

EMILIANO: A veces hay que perdonar a los que matan o roban, porque quizás lo hacen por necesidad, pero los traidores nunca merecen ningún perdón.

CAMINANTE: (Iniciando el mutis) Te espero en las montañas, Emiliano, te espero en los valles. Camina por el agua del río, camina por el viento. Yo voy a mirar el futuro, para comprender el pasado. 

EMILIANO: Luego te alcanzo, cuando me haya cansado de caminar, o cuando alguien logre bajarme del caballo para que se acabe la magia de ser uno con él.

       (Sale Caminante)

Escena   9:

EMILIANO: Eres un engaño a los ojos y una mentira a nuestros corazones. En el valle se miran los verdes cañaverales de las haciendas, como si fueran una riqueza  para quienes allí vivimos. Nada es cierto, por eso duele en el alma verte desde estas alturas, hacienda extraña a nosotros. Quienes gozan de la riqueza que aquí producimos viven en palacios de la ciudad de México o en el extranjero, mientras nosotros morimos de hambre y ya casi no tenemos tierra para enterrar a nuestros muertos. Y ahora nos hemos visto precisados a tomar las armas para tener derecho a vivir y a morir. Por eso yo te maldigo, hacienda, pues no te has contentado con robar nuestra tierra, destruyes también los bosques para quemarlos en las calderas de trapiches; y en los surcos y lavaderos envenenas el agua que baja pura y cristalina del cielo y de la sierra. De tus chacuacos y chimeneas sale el humo que simboliza tu existencia: negro y contaminador del aire que respiramos. Yo te maldigo, hacienda traída del extranjero, porque nos hiciste pelear entre hermanos, después de convertirnos en esclavos en nuestra propia tierra. Ahora, por tu causa, vamos a morir nosotros, todos nosotros; pero tú estás condenada a desaparecer bajo el peso de un recuerdo de odios, y mis palabras acompañarán tu agonía hasta el momento en que secos los cauces del Anenecuilco hayas colaborado a tu propio fin, y entonces ningún llanto podrá revivirte. Sin embargo, recibe el más grande agravio que puedo hacerte, porque desde el fondo de mi corazón yo te perdono, hacienda opresora. Mírame las manos ensangrentadas y el pecho destrozado, y mírame caminar hacia cualquier cadalso que me espera; pero no quiero irme con odios ni rencores, sino amando la lucha y sabiendo que he triunfado de mí mismo. Cómo duele, pero no hay otra manera para el Guerrero: ¡yo te perdono, hacienda española y porfirista!

Escena  10:

(Estamos en el mismo lugar de la escena 1. Las Señoras entran con solemnidad, con las manos levantadas y el rostro radiante. Dan vueltas alrededor del hoyo donde enterraron la placenta. Se sientan sobre sus talones, en triángulo, con sus manos en las rodillas.) 

SEÑORA DE COLOR: Hoy la sangre de Emiliano saldrá de su corazón. El coronel Jesús Guajardo le jugará una traición.

ADIVINACIÓN: Cada gota de la sangre de Emiliano será un resplandor y será una semilla.

MOVIMIENTO: Caerá en la tierra negra, en la tierra roja, en la tierra café, en las piedras y en los ríos.

ADIVINACIÓN: Hará plenos los corazones y las mentes de muchos hombres que aman la Verdad y la Justicia.

SEÑORA DEL COLOR: El Amor y la Belleza.

       (Se levantan. Sin moverse de su lugar, pareciera que danzaran con las manos en alto, con gusto.)

SEÑORA DEL COLOR: Ya brilla la luz que crecerá y crecerá.

ADIVINACIÓN: Debemos agradecer al Gran Espíritu el Bien que nos ha otorgado.

MOVIMIENTO: Debemos danzar, debemos cantar. 

ADIVINACIÓN: Una nueva Luz inunda la tierra mexicana. 

LAS 3 SEÑORAS: ¡Vamos! 

       (Se inclinan y amorosamente desentierran el bulto que ahora es todo rojo. Lo examinan con grande veneración y gusto, se miran entre sí muy contentas, y salen de prisa.)

       Escena  11: 

       (Entra Caminante con una carabina 30-30 en la mano)

CAMINANTE: Se ha cumplido. Una vez más el destino del Guerrero del Sur, de San Miguel Arcángel de Anenecuilco, el río que serpentea, se ha cumplido. Y la historia comienza de nuevo. Sucedió en Chinameca, donde fue tumbado del caballo alazán tostado por una descarga de fusilería. 

EMILIANO: (Entra con el torso desnudo. Camina solemne hasta el proscenio)

CAMINANTE: Fue muerto de la única de la manera que podía ser: con engaños y a traición. Emiliano lo sabía, y fue al sacrificio como corresponde a quien a jurado por la Verdad, la Justicia y la Belleza.

LAS 3 SEÑORAS: (Entra jubilosas y desenvuelven el bulto, que es ahora la bandera mexicana, la cual ponen sobre los hombros de Emiliano, como capa que lo medio cubre. Y se quedan a su izquierda, muy orgullosas)

CAMINANTE: (Le entrega el rifle. Se coloca a la derecha de Emiliano, y dice con voz profunda, sin gritar:) ¡Meshico, despierta!

EMILIANO: (Con la mano izquierda sujeta la bandera sobre el pecho, y mirando al público, levanta poco a poco el rifle hasta por encima de su cabeza)

CAMINANTE Y LAS 3 SEÑORAS: (Gritando) ¡Despierta, Meshico!

       (Oscuro y)

Baja el telón.

(Fin de la Variación Uno sobre el Texto de El Guerrero del Sur.)

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