El Dios bíblico genocida.

Respuesta 2. Mi querido “amigo lector muy católico”, resulta que antes de llegar al Éxodo, entre otros muchos encontré dos acontecimientos donde la intervención de Dios es decisiva para la muerte de millones de millones de personas, niños inocentes, animales y plantas, hasta el exterminio total.

Veamos: El primer auténtico genocidio, de acuerdo con el libro sagrado Génesis (Cap. 6, 7 y 8) de la Biblia, fue, por confesión propia, cometido por el mismo Dios: acabó con todo, no sólo con los hombres y mujeres. “Dijo Yahveh: voy a exterminar de sobre la faz del suelo al hombre que he creado, desde el hombre hasta los ganados, las sierpes y hasta las aves del cielo, porque me pesa haberlo creado”, y le confió su decisión a Noé: “He decidido acabar con toda carne, porque la tierra está llena de violencia… voy a traer el diluvio para exterminar toda carne que tiene hálito de vida”. Tuvo en su criterio un motivo: “la maldad del hombre cundía en la tierra”, tuvo la ocasión, tuvo el arma contra la cual nadie podía hacer nada y la utilizó con efectividad durante 40 días, y sólo permitió que se salvaran 8 humanos y algunos animales que cupieron en el arca famosa. Los millones de humanos que entonces habitaban el planeta, los miles de millones de especies animales y de bosques, que debajo, sobre y arriba de la tierra vivían, tan inocentes como los niños y niñas humanos, fueron exterminados sin misericordia y sin derecho a defenderse. Palabra de Dios, según el Catecismo Católico citado antes.

Vamos a establecer aquí un criterio general: las enseñanzas morales que de estos hechos se desprendan son eso, enseñanzas según la interpretación de quien las haga, pero para nada niegan el hecho en sí ni todas sus consecuencias de autoría, de destrucción y muerte; por el contrario, las confirman, o no fueran utilizados. Este mismo criterio ha de utilizrse en el caso de Sodoma y Gomorra (Génesis 18, 16-33; 19 1-29). Dice Dios así a Abraham:

“El clamor de Sodoma y Gomorra es grande, y su pecado gravísimo. Voy a bajar personalmente, a ver si lo que (me) han dicho responde en todo al clamor que ha llegado hasta mí, y si no, he de saberlo”. Viene en seguida la famosa negociación entre Abraham y Dios, por la que sabemos que no había por allí ni diez justos; únicamente Lot y sus tres mujeres eran dignos de salvarse (evidentemente no había sucedido todavía el incesto entre padre e hijas). La destrucción de las ciudades se describe así: “Yahveh hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego de parte de Yahveh. Y arrasó aquellas ciudades, y toda la redonda  con los habitantes de las ciudades y la vegetación del suelo”. Hizo Dios lo mismo que cuando el diluvio: tuvo un motivo que incluso constató personalmente, buscó y encontró la oportunidad, dispuso de armas contra las cuales no había defensa, y sin previo aviso ¡Pum! Nomás el humo quedó. Pero si atendemos al texto no fueron sólo Sodoma y Gomorra, también “toda la redonda”; es decir, los muertos por azufre y fuego utilizados por  Dios fueron muchos más que sólo los miles de las dos ciudades, con todo y animales y plantas que nada debían, y etcétera.

Esto no fue un genocidio, como el anterior, ni tan universal, pero el acto es el mismo: Dios por propia voluntad causa muerte y destrucción, con pleno conocimiento, pleno consentimiento y materia penal por asesinato: simplemente.

Mi querido “amigo lector muy católico”, como ha quedado establecido no puedes negar nada de los anteriror: la doctrina de la Santa Iglesia te obliga a aceptar ambas narraciones como verdaderas, y además dictadas por Dios mismo. Punto.

Nota: las citas bíblicas están tomadas de la “Nueva Biblia de Jerusalem, revisada y aumentada, edición de Descleé de Brouwer”, donde puedes revisarlas. Y ahora sí: a Egipto.

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