EDUCACION DEFECTUOSA

Mis queridos Amigos y Hermanos, mis pacientes cuatro lectores y medio, hoy he recordado que la Antigua Filosofía enumera como la primera causa de las “miserias del pueblo: la educación defectuosa”. Lo recordé porque en esta fecha de 1993 se reformó (por enésima vez) la Constitución Política Mexicana en relación a los principios de la educación, quedando así:

“Artículo 3o.- Todo individuo tiene derecho a recibir educación. El Estado -Federación, Estados y Municipios- impartirá educación preescolar, primaria y secundaria. La educación primaria y la secundaria son obligatorias”.

Sin embargo, de entonces acá se hicieron otras tres modificacion (2002, 2012, 2016), para finalmente quedar el texto vigente como sigue: “Artículo 3o. Toda persona tiene derecho a recibir educación. El Estado -Federación, Estados, Ciudad de México y Municipios-, impartirá educación preescolar, primaria, secundaria y media superior. La educación preescolar, primaria y secundaria conforman la educación básica; ésta y la media superior serán obligatorias”.

Muy bien, lo que los señores Legisladores pretendían era adecuar la educación escolar de esos niveles a las necesidades sociales y económicas de un México en constante y rápida evolución: lo lograron en el papel, no en la realidad.

Lo que verdaderamente  estamos viviendo, generalizando, es la formación de tres tipos de mexicanos: una muy importante con estudios terminados, con posgrados, un amplísimo campo ocupacional de alto nivel, y dispuestos al trabajo. Otra con estudios trminados en los niveles de licenciatura y media superior, particularmente de la modalidad tecnológica, con muchos campos de trabajo pero límitados a la baja preparación escolar: la mayoría no saben expresarse, cometen faltas de ortografía y de redacción, y por lo tanto, por ejemplo, no saben interpretar los libros de texto, los instructivos y los manuales de su profesión, y cometen errores; son como las olas marinas, se mueven a conveniencia y tienen una grande movilidad ocupacional. Y la tercera: abandona la escuela y se lanza a la ventura desde edades muy tempranas; son los clásicos busca chambas que abandonan al primer obstáculo, y su incoformidad social y económica es manifestación de su frustración de vida. Según tengo entendido esta situación no es privativa de México, sino, lamentablemente, de muchos “países emergentes” (por decirlo así).

Esos tres Méxicos alguna vez llegarán a chocar, y las consecuencias no serán agradables. Desde mi particular punto de vista, que me permiten compartir, la solución esencial y principalmente está en el magisterio. “La educación defectuosa” no es producto de los libros de texto o del bajo nivel de los sueldos de los maestros de la Educación Básica; es consecuencia de la “educación defectuosa” de los mismos maestros. No pueden educar en la cultura de los libros y la disciplina del estudio, maestros que no leen, que no saben redactar, que no preparan sus clases, o que prefieren enseñar valores y dignidad mediante marchas, plantones e insultos. La esperanza de que esto se corrija son los maestros (ciertamente los hay) que aman su profesión, que se preocupan por sus alumnos, y que antes de gritar insultos prefieren el silencio para mantenerse actualizados en la Pedagogía y la Didáctica. Los gobiernos en nuestros tiempos no son la solución; aveces más bien resultan un estorbo por sus pésimas decisiones, como no aplicar las leyes sino las conveniencias; resultado, mayor corrupción.

Esto fue lo que pretendieron quienes reformaron 4 veces la Constitución en 23 años; pero facasaron en su intento, según las mediciones que todos podemos conocer en las tablas del INEGI, o de los organismos internacionales que de este asunto se ocupan. Mientras esto se corrige, seguiremos padeciendo “la miseria popular de una educación defectuosa”. En gran parte corregir este mal social está en las familias y en las organizaciones civiles, pero éste es otro asunto que laguna vez trataremos, mientras tanto hágamos lo que nos sea posible individualmente o dentro de organizaciones ciudadanas para pasar de la miseria a la excelencia educativa, porque bien lo merecen nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. Ojalá que así sea.

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