Dios y la primera plaga de Egipto

Respuesta 3. Mi querido “amigo lector muy católico”, como tu postura es que la Biblia es la Palabra de Dios con verdades por Él reveladas, comienzo por darte la fuente de este mini artículo: “Nueva Biblia de Jerusalem, revisada y aumentada, edición de Descleé de Brouwer”; pero desde luego puedes consultar otras traducciones manteniendo las citas concretas del Éxodo, Capítulos del 7 al 14. Se trata, pues, de examinar, aunque someramente, las palabras y acciones de Dios durante las famosas Plagas de Egipto. ¡Uf!

Comenzamos por enterarnos de que Dios tiene un propósito: sacar de la esclavitud egipcia a “su pueblo”, y le dice a Moisés (Dios “habla” directamente y Moisés lo escucha y entiende): “di a Faraón”, pero Moisés le objeta (Dios escucha a Moisés): “soy torpe de palabra”. ¡Ah, eso no importa! Dios tiene todo planeado y nos revela un propósito secundario, que no debemos olvidar: “los egipcios reconocerán que yo soy Yahveh cuando extienda mi mano sobre Egipto”.

En los versículos 3 y ss, del Cap. 7, hay un anuncio incomprensible. Dice Dios: “Yo, por mi parte, endureceré el corazón de Faraón”, y precisamente porque va a hacer eso  “Faraón no escuchará”. De acuerdo con esto, el Faraón queda excento de toda culpa: la dureza de su corazón en todo este procesono es decisión suya, sino de Dios.

Y agrega Dios la amenaza que los egipcios ni se imaginan: “multiplacaré mis señales en el país de Egipto… sacaré de la tierra de Egipto a mi ejército, mi pueblo, los Israelitas, a fuerza de duros castigos”. Aquí no puedo menos que recordar que este mismo Dios salvó a los egipcios de 7 años de hambruna mediante el don de interpretar los sueños que concedió a José, hijo de Jacob y de Raquel, precisamente para eso, salvar de la hambruna a los Egipcios. ¿Salvó a los egipcios y llevó a su pueblo entonces a ese territorio, para sacarlos ahora “a fuerza de duros castigos”? Veamos.

Primera plaga. Dios ordena a Aarón por medio de Moisés “extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus canales, sobre sus ríos, sobre sus lagunas y sobre sus depositos de agua… (el agua se convierte en sangre y) habrá sangre hasta en los árboles y las piedras”. Y así fue. Ahora bien, ¿por qué hacer sufrir a los inocentes peces hasta matarlos, a los inocentes árboles y hasta a las piedras inocentes? Incomprensible, al menos para mí. He leido inumerables explicaciones sobre “las plagas de Egipto”, mi querido “amigo lector muy católico”, y por más que me esfuerzo no logró comprender los sufrimientos y las muertes cauadas por Dios, según este relato en todo el territorio de ese pueblo.

Seguimos: Después de la competencia de las varas convertidas en serpientes, Dios escribe (pues Él es  el autor) que “el corazón de Faraón se endureció”. ¡Ah! ¿Por qué Faraón no aceptó el prodigio y cedió, en lugar de endurecer su corazón? ¡Pues porque se lo “endureció Dios”, como anunció que lo haría!, y aquí lo hizo por primera vez. Yo no sé qué realmente pienses tú de todo esto, “amigo lector muy católico”, pero a mí me parece que son por lo menos muertes injustas las de las aguas, los peces, los árboles, y hasta de las piedras.

En la siguiente entrega analizaremos, siempre apegados al texto, las palabras y acciones de Dios durante las plagas restantes. Hasta entonces; mientras reciban tú y mis cuatro lectores y medio un saludo cordial.

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