Dios y la muerte de los primogénitos

Respuesta 4 y última. Seguimos, mi querido “amigo lector muy católico” sin olvidar que las citas son textuales de “La nueva Biblia de Jerusalem, edición de Desclée de Brouwer”. Después de la plaga de las ranas nuevamente Faraón “endureció su corazón”, según lo predicho por Dios ya que Él mismo lo endurecería (Éxodo 7:3); y lo mismo sucedió después de los mosquitos, de los tábanos, del granizo, de la increíble matanza del ganado, que nada tenía que ver en el asunto. Este juego divino deja a Faraón fuera de toda responsabilidad, pues él no endurece su corazón, sino se lo endurece Dios: así dice el texto sagrado, nadie más.

La última plaga merece una mención aparte: en Éxodo 11:10 se especifica una vez más que “Yahveh endureció el corazón de Faraón” para que no escuchara a Moisés ni dejara salir a los Israelitas. Y, en consecuencia, en 12:12 anuncia Yahveh: “Yo pasaré esta noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos, desde los hombres hasta los ganados, y me tomaré justicia de todos los dioses de Egipto”. (Atención a esta última frase) “Y sucedió (12:29 y ss.) que a la media noche… Yahveh hirió en el país de Egipto a todos los primogénitos, desde el Primogénito de Faraón hasta el primogénito del preso en la cárcel, y a todo primer nacido del ganado.” Y lo hizo (12:30): “hubo grande alarido en Egipto, porque no había casa donde no hubiese un muerto”.  Es éste un texto incomprensible, por la enorme injusticia de haber sido Yahveh mismo quien matara a miles de seres humanos y animales cuya única característica fue ser primogénitos, y, por lo tanto, sin culpa ninguna.

Terminaremos con esto: en Éxodo 14:8 leemos: “Endureció Yahveh el corazón de Faraón, rey de Egipto, el cual persiguió a los Israelitas”. Nuevamente es Dios quien provoca la reacción de Faraón y los egipcios, para llevarlos ahora a una muerte semejante a la del diluvio, por agua. Leemos en 15:26 y ss que Moisés por orden de Dios extiende su mano y “al rayar el alba volvió el mar a su lecho, de modo que los egipcios, al querer huir, se vieron frente a las aguas. Así precipitó Yahveh a los egipcios en medio del mar… No escapó ni uno siquiera.” Previamente había declarado “sabrán los egipcios que yo soy Yahveh cuando me haya cubierto de gloria a costa de Faraón, de sus carros, y de sus ejércitos”. ¿Comentarios? ¿Para qué?

En otro orden de ideas, mi querido “amigo lector muy católico” (que es quien ha dado lugar a estos análisis), hay en este libro sagrado del Éxodo, dos frases que me han dejado admirado y francamente  muy turbado. La primera es ésta, habida cuenta de todos los sufrimientos y muertes de las doce plagas, le dijo  Yahveh a Moisés (Cap. 10: 2): “para que puedas contar a tu hijo y al hijo de tu hijo, cómo me divertí con Egipto, y las señales que realicé entre ellos…” Ah, ¿fue para Dios una diversión? ¿Estará bien esa traducción?  Y la otra frase, no menos perturbadora: “me tomaré justicia de los dioses de Egipto” (12:12): Si los dioses de Egipto son falsos, ¿cómo se puede ejercer ninguna justicia en ellos, puesto que no existen?

Déjame terminar con esta declaración, basado en el “Libro de las religiones en el mundo”, de Kenneth Shouler: yo, Fernando, “creo”, sé que existe un Principio Creador (por lo tanto no soy ateo) al que 4 mil 200 religiones en el mundo conciben de diferente modo y le llaman e invocan de diversas maneras; según entiendo, siguiendo al Dalai Lama, para todo ser humano religioso su religión verdadera es la que lo hace mejor ser humano: ama a su Dios y practica ese amor consigo mismo y con su prójimo (desde cualquier otro humano hasta cuanto contenga el Universo), y en base a ese amor sabe respetar a los demás y nunca los odiará o insultará por sus  diferentes creencias; al buscar la Verdad liberadora, jamás intentará por la fuerza imponer a otros de sus propias creencias, ni menos matarlos si no las acepta. Quien lo haga, miente si afirma ser religioso, o resultará necesario que revise en qué clase de dios cree.

Con esto doy por terminado el tema, querido “amigo lector muy católico”, y sólo volveré sobre él si tienes de tu parte algo que agregar. A ti, y a mis cuatro lectores y medio, les agradezco su atención y sus participaciones, y les anuncio que mi siguiente tema es una pequeña reflexión sobre las enseñanzas de “Cantinflas”, cuyo cumpleaños fue ayer. Hasta entonces.

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