CUAUHTÉMOC

CUAUHTÉMOC. Hernán Cortés, al que admiran algunos, inventó que Cuauhtémoc y el señor de Texcoco, Tatlepanquetzal, organizaban un levantamiento armados contra él para matarlo: así lo informó al rey español, y de esta manera justificó un año y medio después el haber ahorcado a los dos; pero Bernal Díaz del Castillo dejó este testimonio: “fue muerte muy injusta, y pareció mal a todos los que íbamos”. Eso sucedió el 28 de Febrero de 1525. La figura de Cuauhtémoc creció enormemente, y ha sido uno de los héroes de los mexicanos más admirados y queridos. Un corrido popular canta: “Y hasta el fuego lento / te admiraba, / confundiste las rosas / con tu dolor”, lo mismo que un poeta de gran valía, Ramón López Velarde: “Cuauhtémoc, Joven abuelo: escúchame loarte, / único héroe a la altura del arte.”

Para honrar su memoria, y recordar con desagrado su asesinato, nosotros vamos a recordar el texto de un discurso que es fama pronunció ante el Consejo de Gobierno de Tlatelolco – Tenochtitlan, en una fecha que se estima en el mes de agosto de 1521, ante los desastres de la guerra en defensa de su pueblo:

 

Nuestro Sol se ocultó,

Nuestro Sol desapareció su rostro

Y en completa obscuridad nos ha dejado;

Pero sabemos que otra vez volverá,

Que otra vez saldrá,

Y nuevamente nos alumbrará;

Pero mientras allá esté 

y en la mansión del silencio permanezca, 

Muy prontamente reunámonos y estrechémonos,

Y en el centro de nuestro ser ocultemos

Todo lo que nuestro corazón ama,

Y que sabemos que es gran tesoro.

 

Destruyamos nuestros recintos al Principio Creador,

Nuestras escuelas, nuestros campos de pelota,

Nuestros recintos para la juventud,

Nuestras casas para el canto y el juego.

Que nuestro nuestros caminos queden abandonados,

Y que nuestros hogares nos resguarden

hasta cuando salga nuestro nuevo sol.

 

Los abuelos y las abuelas

Que nunca olviden guiar a sus jóvenes,

Y hacer saber a sus hijos mientras vivan

Cuán buena ha sido

Hasta ahora nuestra amada madre tierra Anahuac,

Al amparo y protección de nuestro destino

Y por nuestro gran respeto y buen comportamiento,

Confirmados por nuestros antepasados

Y que nuestros abuelos muy animaosamente

Sembraron en nuestro ser.

 

Ahora nosotros les encargaremos a nuestros hijos

Que no olviden informar a sus hijos

Cuán buena será, cómo se lenvatará

Y alcanzará fuerza

Y cuán bien realizará su gran destino

Esta nuestra amada madre tierra Anáhuac.

 

Que así sea.

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