COLUMNA LIBÉRRIMA: MI GENERAL MÚGICA

 

Francisco J. Múgica V.

Para el Centenario (1984) del nacimiento de mi general Francisco José Múgica escribí una Obra para Teatro con el título de “La Sucesión del 39” (1939), de la cual extraigo el siguiente monólogo y el poema que lo acompaña (escrito por el mismo Múgica), y que comparto para dar a mis cuatro lectores y medio una idea de la personalidad de este Gran Hombre, ahora ya casi olvidado. Con su permiso, dice así:

MÚGICA: Soy único que ahora puede salvar a la Revolución. ¿Y qué hacen? Me vienen a demostrar que soy el único que puede hundir al país. ¿Quién ama a México que yo? ¿Quién? Desde joven me expuse a la persecución y a la cárcel de la dictadura, a las balas de los federales, a la sentencia de muerte del poderoso Álvaro Obregón, a la maldición de los fanáticos, al combate traicionero de los ricos y poderosos, y todo por mi pueblo y lo que significa México. ¿Cómo se les ocurre ahora que deseo destruirlo? ¿Por qué me condenan una vez más sin atender a ese amor? ¿Por haber peleado contra la dictadura y la usurpación? ¿Por haber firmado el Plan de Guadalupe y la Constitución de 1917? ¿Por haber dado tierra a los campesinos? ¿Por el Estatuto Jurídico de los Trabajadores del Estado? ¿Por las vías de comunicación que abrí en todo el territorio nacional, amparadas por la más aventajada de las leyes, y con las más adelantadas técnicas? ¿Por cuál beneficio me condena o me temen? Sí, que me teman los traidores y los malos mexicanos, y que me teman también las potencias extranjeras que les obligo a cumplir las leyes mexicanas y respetar nuestro territorio: que me teman. ¡Cualquiera, menos Francisco José Múgica Velásquez en la presidencia de México! ¡No soy tan poderoso, imperialistas del norte, pero tienen razón al temerme, porque si mi presidente les arrebató las tierras y el petróleo, yo les expulsaré definitivamente de mi patria, y me volveré al sur, donde está mi sangre, mi rostro, mi color! Ya no, ahora ya no: nuevamente penderemos del imperialismo del dólar, y ojalá no nos haga caer tan bajo que nos avergoncemos ante el mundo. Una “nueva guerra cristera”, eso significo también. No lo había visto de esa manera, pero sí los demás. No vacilarían en levantarse contra mí los fanáticos. Tampoco se detendrán otros para dividir al ejército y llevar nuevamente al país al caos, en su beneficio y de los extranjeros. ¡No! ¿Quieren mi sangre? Pues aquí la tienen, pero no claudicaré, ¡no! Después de lo sucedido durante estos días sólo me resta para morir el cuchillo de pedernal. Y tendrá que venir: ya está listala piedra del sacrificio para que me saquen el corazón.

“El engaño, maldito, se ha empeñado en seguirme,/y vendrá tras mis huellas cuando baje a la tumba./Pero nunca mis ojos llorarán: he de erguirme/ aunque mire que el cielo sobre mí se derrumba./ ¿Qué importa que me digan que soy paria maldito,/que soy pobre mendigo, que camino muy solo,/si mi techo es la comba del azul infinito/y el lecho en que yazgo la llanura del polo?/Lucharé hasta que muera. Nada importa la vida/si se deja entre cardos, pero no entre miseria;/nada importa morirme, pero no por la envidia/ de una pobre y estulta sociedad embustera…”

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