Buscando al Prójimo (4) La Misericordia

La enseñanza del Gran Maestro Jesús sobre esta inclinación humana dice simplemente: “bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”. Debemos primero aclarar que, en nuestro concepto, no es lo mismo la misericordia que la lástima o la compasión (ésta será uno de nuestros temas posteriores). Para tratar de entender mejor la idea, recordemos que “míser” en latín significa mísero, desdichado, infeliz, relacionado, por tanto, con un padecimiento físico o espiritual, pero que afecta tanto que convierte a quien lo padece en un miserable, carente de toda dicha o felicidad. El otro componente de la palabra es “cor”, que significa corazón. Entonces, cuando un ser humano se siente inclinado por un fuerte sentimiento (nacido del corazón, del Amor pues) a remediar en su prójimo ese mal y lo que le ocasiona ser miserable, desdichado o infeliz, y lo hace, o al menos lo intenta, está siendo misericordioso. Cuando un ser humano no se interesa de ninguna manera por los males del prójimo, como lo hemos definido, está muy lejos de ser misericordioso, o simplemente no lo es, y entonces por ningún lado podrá decir que cumple con el segundo mandamiento: “ama a su prójimo”.

Durante siglos el Cristianismo ha estudiado este aspecto de las llamadas “relaciones humanas”, conocidas también como prácticas de la Caridad, hasta llegar a identificarlas con ciertas acciones concretas. Vamos a recordarlas, dejando de lado “dar posada al peregrino y dar sepultura a los muertos”, que no tienen vigencia actual en nuestro medio, pero atención con las otras: “dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, visitar a los enfermos, dar consejo a quien lo necesite, enseñar al que no sabe, corregir al que se equívoca, consolar al afligido, perdonar las ofensas, sufrir con paciencia las impertinencias del prójimo, rezar por los muertos.” Si bien cada una es digna de un estudio aparte, nosotros no podemos ir más allá de enumerarlas e invitar a los Amigos y Hermanos lectores a que hagan una pequeña reflexión sobre ¿qué tanto es mi práctica de la misericordia, como para esperar alcanzar misericordia de otros cuando yo la necesite? De otros, incluida la divinidad en la que crees, comoquiera la nombres; y si no crees en ninguna: de tus hermanos los hombres.

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