Buscando al Prójimo (3) El Buen Samaritano

La siguiente pregunta, “¿y quién es mi prójimo?, la hace un judío “legista” de Judea al Maestro Jesús, judío de Galilea, quien responde con la famosa parábola del Buen Samaritano.

Pero el asunto no es tan sencillo: Samaria era una región entre Galilea y Judea, habitada por un pueblo muy contaminado religiosamente por religiones de Siria, Babilonia, Fenicia y otras más, y también los consideraban genéticamente impuros, por la corrupción de uniones con ésos y otros pueblos; además, políticamente, los samaritanos desde siglos atrás estaban acostumbrados a aceptar a los poderosos pueblos que los conquistaban, lo que era imposible para los judíos de Judea: esto daba como resultado un desprecio absoluto de éstos, tan grande y excluyente que, para desplazarse a Galilea o a cualquier región al norte, rodeaban Samaria cruzando dos veces el Jordán por Perea. Y para entender la visión de un judío de Judea sobre los judíos de Galilea, que hasta hablaban diferente, baste recordar el reclamo a Nicodemo: “de Galilea no sale ningún profeta”, punto. Y a fin de comprender totalmente, y universalizar esta enseñanza de Jesús, saber que para los judíos de la antigüedad se entendía por prójimo a los otros judíos, y que además fueran de la misma religión (ortodoxia en cada caso), lo cual, por lo que acabamos de apuntar, un Samaritano no podría ser prójimo, como ningún otro ser humano de otra raza ni de otra religión.

Obligar a un judío de Judea, “legista” además, a reconocer como prójimo a un samaritano, es un triunfo moral que va más allá de la anécdota, pues lo hace pasar sobre consideraciones racistas, de discriminación sociales, de rechazo religioso, de confrontaciones políticas; y Jesús el Galileo no se queda con el triunfo moral solamente, avienta el reto que ha cruzado los siglos: “haz lo mismo”.

Quedamos en la entrega anterior que actualmente para nosotros nuestro prójimo es toda la Humanidad y todo el resto de la creación: planetas, galaxias, todo ser vivo en el universo, plantas y animales sin distinciones… Así, hermanos todos y hermanos muy queridos, creo que tenemos una enseñanza suficiente para comprender qué o quién sea nuestro prójimo, y un camino de conducta con él, aunque no la tenga con nosotros. Sólo agrego dos conceptos básicos de la antigua Filosofía que a veces culpablemente ignoramos: “Todo ser humano tiene derecho a nuestros buenos oficios” y “Haz el bien por sólo placer de hacerlo”.

(En el siguiente mini artículo trataremos de la Misericordia. Hasta entonces)

 

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